PROCESIONES CHIQUITAS DE POPAYAN
Martes 7 de marzo, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Andrés Felipe Cosme Hurtado nos ha enviado desde Bogotá un articulo sobre
las
Procesiones Chiquitas de Popayán que apareció en el Suplemento del diario
madrileño El Mundo en marzo de 2003. Reproducimos la parte relativa a las
Procesiones Chiquitas.
La persona interesada en leer el articulo completo, lo
invitamos a abrir la
siguiente
dirección:
http://www.el-mundo.es/viajes/2003/18/1048871791.html
Nuestros agradecimientos para Andrés Felipe y nos alegra que ya esté de regreso
a Colombia.
Cordialmente,
***
La Semana Santa Chiquita
Suplemento El Mundo
Marzo 2003
España
CRÓNICAS DE ANTAÑO. Las procesiones chiquitas desde su nacimiento tuvieron gran
éxito entre los habitantes de la ciudad y cada barrio acabó organizando la suya.
El problema es que algunas veces los desfiles acababan en auténticas batallas
campales. Los cronistas de Popayán recuerdan que al principio los desfiles eran
muy informales, los pasos se adornaban como podían con musgo y flores y en su
interior se colocaban piedras y ladrillos para aumentar su peso. De esta forma
los niños, vestidos con túnicas moradas y capirotes, debían caminar más despacio
y con más solemnidad. Los conflictos comenzaban cuando los niños de un barrio
invadían otro o se tropezaban dos procesiones en una misma calle. Entonces los
chavales comenzaban a lanzarse piedras y por lo general eran las imágenes las
que salían más dañadas.
Ante esta afición de los niños por salir en procesión, un insigne ciudadano de
Popayán mandó esculpir a un artista de Quito varias imágenes de veinte
centímetros de alto idénticas a las que desfilan en la Semana Santa. Se las
regaló a sus sobrinos y al parecer éstos nunca pudieron estrenarlas en la calle.
Anécdotas aparte, con el tiempo estas pintorescas procesiones se fueron
profesionalizando y en 1935 los niños de cuatro a once años ya desfilaban en
Pascua con hermosas tallas en miniatura y lujosos pasos ante la mirada absorta
de sus padres. En realidad en estas procesiones están presentes los mismos
personajes que en la Semana Santa mayor. Los niños se visten de obispo, regidor,
curas o cargueros; las niñas de sahumadoras con el traje típico de la mujer de
Popayán.
Días antes los pequeños ensayan entre risas y nervios en el patio de las
escuelas o conventos. El día del desfile caminan serios y de forma ordenada ante
la atenta mirada de sus padres. Nada les distrae ni los flashes de las cámaras
de los turistas que cada año visitan Popayán atraídos por esta singular Semana
Santa única en toda Latinoamérica.
Cuando acaban las celebraciones y la ciudad vuelve a su ritmo habitual es el
momento de recorrer los paisajes de sus alrededores como la cordillera de Los
Coconucos y el Parque Natural de Puracé, en el corazón del Macizo Central. A un
paso de su volcán extinguido hay acogedoras cabañas donde poder disfrutar unos
días de baños termales y excursiones a sus cascadas, ríos de aguas bravas,
lagunas, cráteres inactivos y extensos páramos.
Es un paraíso para los amantes de la naturaleza, hay aquí selvas y bosques de
niebla, montañas de nieves perpetuas como el Nevado Pan de Azúcar y la
posibilidad de contemplar en medio de un silencio absoluto el vuelo majestuoso
del cóndor que habita en estas latitudes. Es la otra cara del Cauca más
tradicional.