MUSEO CALDAS DE BOGOTA: II
Lunes 1 de noviembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Pedro Agustin Roa Arboleda ha tenido la
deferencia de enviarnos comentarios sobre los artículos "Amalia
Grueso de Salazar Bucheli" y "El Museo Francisco José
de Caldas de Bogotá". Nuestros agradecimientos para
Pedro Agustín.
Cordial saludo,
***
Comentarios
Por Pedro Agustin Roa Arboleda
Nueva York, 29 de octubre de 2004
He registrado con particular satisfacción los dos artículos
circulados el día de hoy en la Red de Payaneses. Con respecto al
merecido elogio hecho a la figura de Amalia Grueso de Salazar
Buchelli en EL Liberal no puedo menos que unirme plenamente, pues
me considero afortunado conocedor de sus eximias calidades
humanas y profesionales, que se han hecho patentes en los
diferentes Encuentros de Payaneses en USA, y en la presidencia de
la Popayán Corporation, creada por ella y actualmente bajo su
digno cargo.
Con respecto al comentario relativo a la creación de un museo en
memoria del Sabio Caldas en Bogotá, quisiera hacer una
precisión complementaria al artículo: El Museo Francisco José
de Caldas ya existe en Bogotá. Fue fundado en la capital
colombiana el 5 de abril de 1985 por un grupo de personas
interesadas en rendir tributo a uno de los personajes más
polifacéticos que ha tenido nuestro país en su historia. En la
inauguración del museo participaron destacadas figuras de la
vida nacional y miembros de las Fuerzas Militares, así como
descendientes colaterales del Sabio (no se conocen descendientes
directos, ya que la línea masculina de Liborio Caldas Barahona,
único hijo varón del Sabio, se extinguió con su prematura
muerte).
El Museo Caldas, que desde sus inicios funcionó en la histórica
sede descrita en el artículo de la Red de Payaneses, fue
dirigido durante más de una década por doña Elisa De Mier
Riaño (q.e.p.d.), quien le imprimió el impulso y el dinamismo
necesarios para acrecentar las colecciones hasta alcanzar en el
año 1997 el número récord de 200 piezas repartidas en dos
salas dedicadas a la vida y obra del científico payanés y una
sala dedicada a la Expedición Botánica. Las dos salas restantes
fueron concebidas para mostrar el proceso de restauración de la
casa (que estaba al borde del colapso y que contó, felizmente,
con el apoyo de la hoy desaparecida Fundación para la
Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano,
del Banco de la República) y una sala adicional denominada
"Sala de Ingenieros Militares".
Es justo, por tanto, evocar la memoria de doña Elisa De Mier
Riaño, cuyo deceso registrado en Bogotá hace pocos años
significó el inicio de un lamentable declive en el museo. Cabe
destacar, igualmente, el permanente apoyo con que siempre contó
y sigue contando el Museo Caldas por parte de las Fuerzas
Militares y, muy en particular, por el Batallón Guardia
Presidencial, vecino inmediato del Museo y fuente de vigilancia y
protección de su sede física.
Dentro de la colección con que llegó a contar el Museo en su
época dorada se contaban manuscritos del Sabio (cuya lectura es
gratísima, habida cuenta de la exquisita prosa empleada por
Caldas, amén de su maravillosa caligrafía), así como algunos
objetos provenientes de su casa de habitación en Popayán (una
rama de la familia Arroyo Arboleda prestó en comodato la
cerradura original y la llave de hierro del portón original de
la Casa de Caldas de Popayán).
Ahora que se está adelantando una nueva estrategia de
reconocimiento a la figura de Don Francisco José de Caldas y
Tenorio, conviene capitalizar lo que ya se ha logrado en el
pasado y celebrar que existan iniciativas tendientes a rescatar
el legado del prócer payanés. Todo homenaje que se rinda a su
memoria es merecido.
Pedro Agustín Roa Arboleda
Nueva York, 29 de octubre de 2004