ANDRES MARCELINO PEREZ DE ARROYO Y VALENCIA: II
Viernes 4 de junio, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Pedro Agustín Roa Arboleda ha tenido la
amabilidad de ampliar la biografía del Obispo Pérez de Arroyo
haciéndonos conocer las notables obras arquitectónicas del
Obispo. Nuestros agradecimientos para Pedro Agustín.
Cordial saludo,
***
Andrés Marcelino, el arquitecto
Por Pedro Agustín Roa Arboleda.
Merecido reconocimiento a la memoria de un ilustre payanés
constituye la nota circulada en el día de hoy por la Red, acerca
del presbítero Don Andrés Marcelino Pérez de Arroyo y
Valencia, en un aniversario más de su muerte.
Cabría agregar que, además de los logros destacados en la
mencionada nota, existe también otra faceta no menos importante
del biografiado, cual fue la de arquitecto. Dos edificaciones de
su autoría han sobrevivido a los embates del tiempo y a la furia
de la naturaleza para legarnos hasta nuestros días el juicio
racional y el aporte estético de Don Andrés Marcelino a la
arquitectura neogranadina: una, la hermosa casa de la familia
Arboleda en Popayán (Calle 4 No. 4-56), construida a finales del
siglo XVIII y maravillosamente restaurada tras el terremoto de
1983. Adquirida en la segunda mitad del siglo XX por el Estado
colombiano, funciona en ella desde 1972 el Museo Arquidiocesano
de Arte Religioso, el cual ocupa las 9 salas de la casona, así
como una bóveda especial acondicionada para exhibir las
reliquias y custodias que evocan el pasado glorioso de la Iglesia
en Popayán. Esta construcción ha merecido interesantes
análisis por parte de algunos de los más destacados
historiadores de la arquitectura, entre los que sobresale el
maestro Germán Téllez, quien califica en su "Guía de
Popayán" (Colcultura, 1994) como un auténtico
"dilettante" a Don Andrés Marcelino, por el empleo
juicioso de recursos estilísticos sobrios pero de innegable
sabor clásico, en una época en que imperaban otras tendencias
en la arquitectura local.
Al canónigo Arroyo y Valencia también se le atribuye la
autoría del templo de San Francisco en Cali, símbolo de la
ciudad, cuya hermosa torre mudéjar se dice que contó con la
colaboración de un alarife moro de nombre Pedro Umbas. El
complejo arquitectónico comprende la iglesia de San Francisco
propiamente dicha, el convento de San Joaquín y la Capilla de la
Inmaculada. Sorprende en esta construcción el empleo de
materiales como el ladrillo en tiempos en que precisamente los
materiales de construcción no solían quedar a la vista ni mucho
menos se jugaba con formas geométricas como parte de su diseño.
Ambas construcciones se encuentran inscritas hoy por hoy en la
lista de inmuebles declarados Patrimonio Nacional de Colombia.
Ese es el mejor homenaje que se puede rendir a la obra de un
patriota que, además de buen católico, intelectual sin
pretensiones y eximio miembro de familia, fue así mismo un
discreto pero entusiasta practicante de la arquitectura.