CARLOS VICENTE TAPIA MOSQUERA
Lunes 16 de febrero, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Carlos Vicente Tapia Mosquera, poeta payanés, nacido en México (1967), e
hijo del
Dr. Tapia y Nora Mosquera, es Licenciado en Literatura y Lengua
Española por la
Universidad del Cauca, entre otras cosas, ha publicado su libro
de poemas "Prosaico y
versaico" con sus versos en el periodo de
1998-2004.
Rodrigo Valencia Quijano ha escrito un articulo Especial para El Liberal
que contiene
sus comentarios sobre el libro. Nuestros agradecimientos para
Rodrigo por facilitarnos su
interesante escrito.
Cordialmente,
***
POEMAS DE CARLOS VICENTE TAPIA
Por: Rodrigo Valencia Q
[email protected]
Especial para El Liberal
“La alegría tiene el deber de tomarse la palabra”, me anota Carlos
Vicente Tapia en el autógrafo de su libro de poemas Prosaico y versaico,
publicado el año pasado, como recopilación de poemas entre 1998 y 2004. Con esto
y el título ya se adivinan propósitos sin enmienda; y más, aún, cuando da
constancia de sus “deliciosas” fuentes, “en los queridos Maestros”
Francois Rabelais, Oliverio Girondo y Nicanor Parra, de los cuales yo sólo he
leído al genial Rabelais, en su mundo lleno de pantagruelismo.
Es decir, desde un comienzo y la primera lectura que hago, sin pretensión de
pasar a mayores significaciones, puedo decir que el nervio de la risa amenaza en
cualquier página, propósito que no es fácil sin caer en lo vulgar; pero la
escritura de Carlos Vicente Tapia, muy seria en su liberalidad, es una reflexión
espontánea a la vera de imposiciones y normas estrechas y rígidas, porque,
“para el mismo autor, representa un ejercicio de liberación de palabras y
fantasmas internos”, expedito para decirnos, en palabras de poema y pantalla
de portal internético, además, cualquier ocurrencia que concibe su imaginación,
no ajena al mundo práctico, cotidiano y corriente del devenir humano.
Cualquier evento puede ser prosaico pero convertido en “versaico”, toda
vez que el ingenio del versificador lo logre, como lo hace Carlos Vicente. “Versístico”,
corrige él mismo, si nos atenemos al término correcto. Alguna situación erótica,
algún “ejercicio intercalado de amor”, incluso la “nostalgia”,
aquí se convierten en espacios para erradicar definitivamente la ceremoniosa
“seriedad” que nos compromete con la tristeza.
Puede haber idilio virtual entre el escritor y la computadora : Ni la más
avanzada tecnología puede encubrir tu espacio / escote sideral / senos
gaLÁCTICOS. / Ni mis eróticas intenciones de entrar en tu disco duro / para
programarte un amoroso placer / como nunca se ha sentido / en el trayecto
eléctricamente emocionado / del cable que te conecta a mi energía.
Hasta el “horror” es pálpito de mofa: (…) / y Drácula entra... / y se orina /
sobre la tenebrosa página de cera / y el escritor que el castillo habita / del
puro susto se vomita / sobre la espectral presencia / que espantada se esconde a
prisa / mientras se ilumina la cinematográfica escena / y el ¡corte! Del
director / devuelve el castillo a la foto / y al escritor al guión / para volver
a filmar / sin asombro / el rito horroroso / de un vampiro que mea.
Hay allí “poesías ebrias de electricidad”, trastornos del lenguaje: tu
vello bello púdico que impúdico publica mis emociones…y, en fin, todo un mundo
para derogar incluso el pudor: En el infinito / cabría / mi sol de orgullo /
gimiendo entre tus tetas.
Sin embargo, como en todo ámbito del ser, no falta alguna queja triste: Ahora
vendrás sola a mí / y no / encontrarás sino la nada, (…), lo que nos hace
confirmar que lo humorístico no subsiste sin algún reclamo de la nostalgia, que
de algún rincón procede con su duda gris; tal vez, en este caso, del silencio
que acontece cuando se conecta la realidad con su mundo de recuerdos y la
gravedad de la existencia. Y entonces el libro deja de ser virtual en la
pantalla o real en las manos del lector, para escudriñar el espacio oscuro del
alma, de donde procede, paradójicamente, con todo su verbo montaraz, eficaz
contra las caras largas y los sellos patéticos del día.
Carlos Vicente Tapia Mosquera, poeta payanés a pesar de haber nacido en México
(1967), es Licenciado en Literatura y Lengua Española por la Universidad del
Cauca, entre otras cosas. Me cabe la pregunta, esa sí prosaica, de si su nervio
jocoso le viene de su pariente antecesor Alberto Mosquera, el de los
Disparatorios.