MUERTE DEL GENERAL OBANDO
Miércoles 11 de marzo, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano:
Amigos:
Óleo: Luis Carlos Valencia G
Concejo de Popayán. (1962)
El General José María
Ramón Obando del Campo murió en una emboscada el día lunes 29 de abril de 1861 en
el Rosal, cerca de Subachoque, Cundinamarca. José María fue presidente-encargado de la
Nueva Granada en 1832 por ausencia del titular
Francisco de Paula Santander y presidente electo de 1853 a 1854. Fue un
prestigioso combatiente, guerrillero, peleó al lado de Bolívar y participó en
numerosas contiendas. Mediana estatura, ancho de hombros; lucía un gran bigote,
pelo rubio, ojos claros, piel blanca y tostada; el entrecejo fruncido con
apariencia de severidad. Nació en la hacienda de García, propiedad de la
familia Mosquera, en el año de 1795.
Más detalles biográficos del General Obando oprimiendo
aquí.
La revolución que estalló en Popayán el 8 de mayo de 1860, encabezada por el
general Tomás Cipriano de Mosquera seguía en curso ascendente. El día 25 de
abril de 1961 el ejército del General Mosquera se enfrentaba a las fuerzas del
gobierno dirigidas por el general Joaquín París, veterano de la guerra de la
Independencia, secundado por jefes valientes y decididos. El general Mosquera
fue atacado por un brillante ejército gubernamental de 5.000 hombres. Mosquera
contaba con 2.700 soldados, en su mayoría caucanos, con tenientes no inferiores
a los que le opuso el general Paris. Las tres armas de los ejércitos se pusieron
en juego en la batalla. Combatieron con rabiosa bravura desde las siete de la
mañana hasta la siete de la noche. Hubo un momento en que estuvo perdido el
general Mosquera, a quien se le atolló el caballo y sólo debió su salvación a la
heroica generosidad del coronel
Simón Arboleda Arboleda,
quien le cedió el caballo que montaba y cayó prisionero en lugar del general. El
general Ramón Espina ordenó fusilar a Simón Arboleda, pero se salvó.
El general Mosquera envió orden al general José María Obando, jefe de las pocas
fuerzas acantonadas en La Mesa, para que emprendiera marcha en dirección al
Cuartel General, establecido en Subachoque. Un individuo que se decía amigo personal
del general Obando, solicitó pasaporte del mismo para venir
de La Mesa a Bogotá y Obando le propuso que hicieran juntos el
viaje hasta la Sabana al día siguiente; el amigo aprovechó
de la imprudente confianza del general para espiarlo. El general Mosquera indicó
con precisión el camino que debía seguir Obando
para llegar al campamento de Subachoque sin tropiezos ni peligros; pero éste
modificó el itinerario, fundándose en el mal estado de los caminos, sin tener en
cuenta el posible encuentro con partidas armadas del Gobierno.
Obando avanzó imprudentemente
hasta Bojacá, donde se despidió de éste el amigo de La Mesa, quien, en vez de
seguir para Bogotá, se fue apresurado al cuartel general del Gobierno a dar
parte del modo como venía Obando y su gente y del camino que pensaba seguir. De Bojacá
salió Obando en las primeras horas de la mañana del día 29, atravesó la Sabana
hasta llegar al sitio llamado Tres Esquinas de Bermeo, y se detuvo en la venta
que allí tenía Vicente Salinas, antiguo sirviente del Libertador.
Acompañaban a Obando, entre otros, el coronel Patrocinio Cuéllar, Juan de
Dios Restrepo, Ramón Carvajal, Aníbal Mosquera, hijo del general Mosquera; el coronel
Francisco Troncoso, comandante de la compañía que llamaban La Marina, el capitán Daniel
Aldana y los restos de las ambulancias
que habían quedado atrás del ejército revolucionario y una tropa mal armada,
peor vestidas y en situación tal que, si se presentaba, no tenían nada a favor.
Tan pronto como el amigo de La Mesa llegó al cuartel general del ejército
del Gobierno e informó al general en jefe de la aproximación de la gente de
Obando, destacó al entonces coronel Heliodoro Ruiz con fuerzas de Infantería y
Caballería, bien armadas y montadas, para que saliera al encuentro de aquél. El
coronel Ruiz, militar experimentado y valeroso, situó las fuerzas de
que disponía en los puntos llamados El Rosal, Tierra Negra y Cruz Verde,
cubiertos de malezas, que favorecían el éxito del plan concebido.
Entre tanto se acercaba el general Obando a lo páramos de Cruz Verde, cuando la
guerrilla de Infantería del Gobierno rompió
los fuegos, y, casi al mismo tiempo, atacó la Caballería. La sorpresa apenas dio
tiempo a las fuerzas revolucionarias para desplegarse y contestar al fuego;
pero, después de una débil resistencia, se declararon en derrota. Consumado el
desastre de las fuerzas que mandaba el general Obando, éste
trató de huir, y, al efecto se alejó del campo de combate con probabilidades de
salvación, cuando al pasar por un puente inclinado y resbaladizo cayó el caballo
en una zanja; el capitán Aldana, que lo acompañaba, alcanzó a oír las palabras
de Obando con que invocó a la Virgen del Carmen. Mientras Aldana trataba de
recuperar el caballo de Obando, llegó un
lancero a donde estaba Obando y le dio una lanzada, sin atender a las voces de
éste, que se declaraba rendido. Aldana fue tomado prisionero, pero debido al
desorden logró escapar.
El doctor Francisco Jiménez Zamudio se encontró allí como capellán de las
fuerzas gubernamentales, y al reconocer con sorpresa al moribundo general,
alcanzó a darle la absolución antes que expirara y continuó en busca de heridos
y agonizantes para auxiliarlos.
Viendo el coronel Patrocinio Cuéllar que el general no se movía, dio frente a
los que le perseguían, mas su abnegación sólo sirvió para que lo rodearan varios
lanceros y lo acribillaran a lanzadas y garrotazos. El coronel Troncoso murió al
frente de los soldados que mandaba, al tratar de restablecer el combate. Aníbal
Mosquera quedó prisionero y herido en un brazo, y muy pocos fueron los que
lograron salvarse en aquel desastre de las fuerzas revolucionarías, en el que
casi todos los que las componían quedaron muertos, heridos o prisioneros.
Al cadáver del general Obando lo sacaron arrastrado por los pies y lo dejaron a
la vera del camino y al doctor Cuéllar moribundo, para conducirlos a Funza con
el fin de dar decorosa sepultura al primero y proporcionar auxilios al segundo.
El desgraciado coronel Cuéllar, murió en la noche del 30 de abril, después de
recibir los Sacramentos.
En el acta de reconocimiento consta que el general Obando tenía una cortada
profunda en la nariz y cinco heridas mortales de lanza, de las cuales una lo
atravesó, interesándole un pulmón y el hígado; varios raspones y contusiones, y
cortada con navaja la mitad del bigote. El doctor Cuéllar tenía ocho lanzadas y
la cabeza literalmente macerada a garrotazos, tan horriblemente desfigurado que
habría sido imposible reconocerlo sin saber antes quién era.
El miércoles primero de mayo, después de modestos funerales, depositaron los
cuerpos del general Obando y del doctor Cuéllar en sendas bóvedas, a la derecha de la
puerta de entrada del cementerio de Funza.
Ocupada Bogotá por sus fuerzas triunfantes, el general Mosquera ordenó se
ejecutara, entre otros, al prisionero coronel Ambrosio Hernández acusado por la
muerte del general José María Obando; era un día viernes 19 de julio de 1861 ...
Cordialmente,