LUÍS GENARO MUÑOZ ORTEGA: II
Domingo 30 de agosto, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/
Amigos:
Carlos Zambrano Ulloa escribió la presente nota sobre el distinguido
payanés,
Luis Genaro Muñoz Ortega quien fue designado Gerente General de la
Federación Nacional de Cafeteros de Colombia.
Cordialmente,
***
Un gran gerente para la Federación de Cafeteros
Escrito por Carlos Zambrano Ulloa
[email protected]/
Domingo, 30 de agosto de 2009
El Liberal.
Ya era tiempo de que se le diera al Cauca la oportunidad de llamar al servicio
de la Nación a una figura brillante de las nuevas generaciones, como acabó de
ocurrir el jueves pasado con la elección de Luis Genaro Muñoz Ortega. La
Gerencia General de la Federación Nacional de Cafeteros es, después de la
Presidencia de Guillermo León Valencia, a mediados del siglo pasado, el cargo
más alto a que caucano alguno haya llegado en los últimos decenios.
El primero de los hijos de esta tierra que arriba en solitario a las cimas del
poder cafetero, que parecía escriturado a otras regiones. Sin deberle el favor a
nadie; por sus propios méritos, sin haber pasado por la servidumbre de tener que
cargarle ladrillo a la anacrónica clase dirigente; sin haber tenido que
implorarle recomendaciones al gamonalismo criollo; sin padrinos camuflados, ni
patrocinadores codiciosos. Por sus propios méritos; como el mayor y más justo
reconocimiento de la familia cafetera a un trabajador incansable; a un
administrador eficiente; a un hombre del café.
Lo mejor de su elección es que llega libre, sin ataduras, ni compromisos con
nadie diferente a los cafeteros colombianos.
Asumió su cargo con la sencillez y discreción que lo caracterizan. Con la
dignidad de los caucanos viejos a quienes jamás les quedó grande la grandeza. Se
colocó por encima de la pequeña tempestad que algunos viudos del poder cafetero
habían formado en forma artificial y artificiosa. Y colocó, con prudencia y
serenidad las cosas en su sitio. Habló sin desafíos; tocó a somatén a la gente
del café y dio lecciones de nobleza, sin entretenerse en recoger el guante que
alguna mano pendenciera había votado en inútil gesto pendenciero. Habló como
Gerente. Por eso sus palabras, fervorosamente aclamadas, cayeron como un bálsamo
sobre tan importante audiencia.
“Desde ya, convoco a la unidad del gremio”, dijo, para anunciar su gestión. Y
completó sus palabras con una sutil advertencia: “La gesta democrática que
concluyó con mi elección, propia y normal de cualquier entidad gremial
organizada, no puede dejar, ni heridas, ni resentimientos. Es un episodio más
dentro de la vida de los cafeteros colombianos, que no puede poner en riesgo su
unidad, ni la armonía ni, mucho menos, fragmentar la cohesión de sus cuadros
directivos”.
Y puso broche de oro con este admirable remate: “En gesto conciliatorio, propio
de mi formación y de mi temperamento, extiendo mi mano a todos y a cada uno, sin
distingos. Hoy no existen grandes ni pequeños en este gremio. Solo cafeteros y
Gobierno, en una unión mancomunada, en permanente procura por unas mejores
condiciones de vida para las familias cafeteras”.
Lo escuché con emoción, porque sentí que, con Luis Genaro Muñoz Ortega se
iniciaba una nueva época para el Cauca. La que todos esperamos. Como citados a
una audiencia, iban desfilando por mi memoria los autores de la vida de quien
escuchaba arrobado: Luis Genaro Muñoz Ayerbe, ese amigo entrañable que me
contagió su amor por Bolívar, en las inolvidables tertulias de la Farmacia
Blanca y Aída Ortega Castro, matrona que le hizo honor a la mujer caucana. Y dos
mujeres más que no pueden faltar en el entorno de la vida que ha rodeado
felizmente a Luis Genaro Muñoz, porque sin ellas no sería posible comprender la
profunda vocación cafetera de Sonia Lehmann Castrillón su incomparable esposa:
Sonia Castrillón de Lehmann, de legendaria belleza, su suegra, y Julia Cadavid
de Castrillón, la abuela de su esposa; una paisa que llegó tras el amor a darnos
lecciones de trabajo y que inicia en las goteras de Popayán; en la bucólica
campiña de El Aljibe la caficultura mejor tecnificada de entonces con la siembra
del café arábigo pajarito, que había que cosechar con escalera.
Cuando el nuevo Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros Muñoz
Ortega terminó con estas palabras emocionadas y bellas su discurso, sentí que
una nueva luz iluminaba la tierra caucana:
“Vengo del Cauca, y llevo en mi sangre el mismo compromiso sagrado que hizo a
mis antepasados entregarlo todo por la Patria. Así la memoria nacional lo haya
olvidado, y ya nadie recuerde que con su valor y con su sangre; con su
sacrificio y con su entrega a un ideal y con su desbordado patriotismo,
contribuyeron a la consolidación de una República recién nacida, a este pedazo
del corazón que se llama Colombia”.