JOSÉ MARÍA DE MOSQUERA Y FIGUEROA
Viernes 18 de septiembre, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
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Amigos:
Concejo/pinacoteca
José María de Mosquera y Figueroa y Arboleda, padre del Gran General
Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878),
nació en Popayán el 12 de abril de 1752
y murió en la misma ciudad el 19 de junio de 1829. Era hijo de José Patricio
Mosquera Prieto (1707-1779) y María Teresa de Arboleda y Vergara (1713-1776) y
contrajo matrimonio con María Manuela de Arboleda Arrechea (1753-1824).
Se educó en el Real Colegio Seminario de Popayán, recibiendo el 3 de mayo de
1767 el grado de Maestro en Artes. Fue Sargento Mayor de las milicias reales,
alcalde ordinario, regidor perpetuo y síndico procurador de Popayán. Gobernador
de la Provincia de Popayán de enero a octubre de 1814 después de la derrota de
los realistas en Calibío.
En 1822 José María hizo en Popayán una espléndida acogida al Libertador Simón
Bolívar y puso en manos de éste la cantidad de cien mil pesos de sus propios
haberes, para ayudarlo en la campaña del Sur. Durante el banquete para celebrar
la batalla de Ayacucho en Chuquisaca, 5 de diciembre de 1825, el Libertador alzó
su copa al proponerse un brindis por "el primer ciudadano de América" y
dijo: "Si me fuera dado elegir un padre después de muerto el mío, escogería
al doctor José María Mosquera, de Popayán". Fue la familia Mosquera la
predilecta del Libertador en toda la Gran Colombia.
La necrología publicada en Bogotá en 1829 dice: " El 19 de junio ha muerto en
Popayán el señor don José María Mosquera, a la edad de setenta y siete años, dos
meses y siete días. Una vida siempre irreprensible, llena de amenidad por todos
los encantos que adornan al hombre eminentemente social. Filósofo al salir de
las manos del Criador, y consagrado en toda su vida a la práctica de la moral
evangélica, este filosofo cristiano es uno de los más bellos ejemplos que se
presentan de cuando en cuando. Animado desde su juventud del más distinguido
espíritu publico, ha servido a la Patria con tanta extensión como permitían sus
recursos, y con una generosidad superior a ellos y digna de su alma elevada.
En su país natal ha dejado recuerdos duraderos de su patriotismo en los
templos, hospitales, cárceles, colegios, caminos y mil y mil en los servicios
que prestó a sus conciudadanos de todas las clases.
Cordialmente,