MICHELLE ROUILLARD ESTRADA
Jueves 16 de julio, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Foto: El Tiempo
Es muy placentero reiniciar esta serie de artículos sobre
Popayán y su gente,
reproduciendo
el publicado por El
Tiempo sobre Michelle Rouillard Estrada.
La
Señorita Colombia
tiene miras en
participar con éxito
en el famoso concurso Miss Universo. ¡Éxitos!
Cordialmente,
***
Colombia 2009 espera sorprender en Miss Universo
Por Ronald Mayorga
Fotografía: Mauricio Daza
Producción: Chiqui Luna Morera
El Tiempo. Bogotá.
Sorprender. Esa es la palabra que más le gusta a Michelle Rouillard,
la reina con la difícil tarea de superar el virreinato mundial de
Taliana Vargas.
Las travesuras de una reina>
Lista, con un cuerpo de infarto, un carisma discreto que sólo saca a
flote al interactuar y un 'look' de modelo internacional, se parece
más una mítica estrella del cine... ¿y quién quita? Tal vez nos dé la
sorpresa.
Está decidido: ¡Me voy a cambiar el nombre!
-Michelle Rouillard, ¿estás segura de loo que estás diciendo?
-Sí, me quiero llamar Micaela. Micaela EEstrada.
La casa del francés Patrick Rouillard y la colombiana María del Mar
Estrada, en Popayán, quedó en silencio con la noticia. Pero solo
fueron unos segundos. Después todo volvió a la normalidad, al fin y al
cabo ya estaban acostumbrados a que, en cada llamada desde Montreal
(Canadá), la mayor de sus hijas soltara un dato sorprendente: como el
día en que llamó a contar que la habían despedido del restaurante en
el que trabajaba como mesera por haberse peleado con un cliente que se
lo tenía bien merecido. Sorprender. Esa es una de las palabras que más
le divierten.
Es como si desde pequeña hubiera tomado un curso intensivo para
ganarle el partido a la costumbre en una ciudad que, según sus propias
palabras, poco a poco se iba quedando pequeña y quieta. Fue en una de
esas, por ejemplo, cuando vio que su papá traía unas rocas inmensas
para el jardín de la casa y a ella se le ocurrió la idea de vender
piedras exóticas, importadas desde el país más absurdo y remoto que
encontró en un mapa. Lo peor del cuento es que encontró compradores,
aunque aún hoy no sabe si los clientes aceptaron medírsele al negocio
por lástima o porque, de verdad, se creían el cuento. Después de que
el comercio de las piedras fracasó optó por una opción más tropical:
Sí, la reina de los colombianos vendió mangos y también flores en el
jardín de su casa. Aunque esta historia, la de vendedora, no le guste
mucho a su mamá: ¡Los mangos se los robaba de la nevera de la casa y
las flores, del jardín de la vecina!
Lícitas o no, las primeras actividades de la soberana le mostraron el
camino: lo suyo eran los negocios, aunque por ahí se atravesó cierto
amor por otra profesión.
-¡Todavía muero por Michael Jackson! Tammbién copiaba las coreografías
y el vestuario de Britney y a veces montaba espectáculos y los
presentaba en la casa.
Aún tengo cuadernos en los que anotaba los horarios de ensayos y de
descansos. Era absolutamente disciplinada.
Una vida muy light, pensarían. Pero no. Si Britney y Michael Jackson
le llamaban la atención, no era precisamente por lo tentador que puede
resultar el mundo de la fama. Detrás de su afición, la Rouillard se
traía entre manos un nuevo negocio: el diseño. En su colegio, el
Champagnat, de Popayán, Michelle ya era la diseñadora estrella,
respaldada por una de sus tías. No había presentación cuyo vestuario
no tuviera la firma de la payanesa con apellido francés. Y fue
precisamente eso, la intención de ser diseñadora, lo que la hizo volar
hasta Canadá.
Michelle se reconoce introvertida, pero la vida está empeñada en
demostrarle lo contrario. Parece que durante años hubiera tenido
oculta la vocación para hablar sin parar.
-Aquí podría tenerte hasta la medianochee-, me dice su chaperona
mientras vigila a un par de personajes que se sentaron justo en la
mesa de al lado y cuyo tema de conversación parece ser tan poco
interesante que prefirieron concentrarse en el nuestro.
-Ya nos llegaron espías. Eso de ser Señoorita Colombia no es fácil. Ni
siquiera en el café más secreto, vestida como un ciudadano del común,
se está a salvo de los cazadores de noticias. Nos movemos. Instalados
en una de las mesas del fondo reconoce que en Canadá conoció el
fracaso. A las pocas semanas de su llegada se dio cuenta de que lo
suyo, definitivamente, no era el diseño y volvió a los negocios.
Se matriculó en la universidad, aprendió inglés y francés ('de la
calle', como ella reconoce), trabajó como secretaria y terminó como
contadora de una empresa, hasta que, nuevamente, se aburrió.
Ahora pueden imaginarse a esta escultural mujer de ojos verdes, sola,
en Canadá, sentada frente a un mapa, buscando un destino para darle un
nuevo aire a la vida. El índice pasó por Londres y por Madrid, pero
gracias a una inmensa cantidad de trámites burocráticos, terminó
desistiendo de esas posibilidades. Alguien le dijo que en el Cauca, en
su natal Colombia, buscaban reina.
-Lo primero que pensé es que no servía para ser reina. Soy demasiado
radical, manejo mi propio tiempo, vivo sola desde los 16, con mis
propias reglas.
Pero terminó de reina. Al país volvió con dos maletas, después de
vender todo lo que tenía en Montreal.
-Lo que no vendí, lo llevé a un lugar doonde rematan cosas a precios bajos.
En unos cuantos meses se convirtió en la Señorita Colombia, pese a
aquellas voces que la señalaban por no ser la más espontánea y por no
lanzarse a devorar las cámaras de TV.
-Me pedían que sonriera más, que hablaraa más. Querían que jugara al
papel de reina. Me negué. Si iba a ser reina no podía fingir un papel
durante 365 días.
La estrategia le funcionó. Con ese aire sereno y contundente, en medio
de respuestas convulsionadas (fue la misma noche del "hombre con
hombre y mujer con mujer"), Michelle coronó. Pero sabía que esta
segunda parte de su vida, que comenzó el día en que renunció a su
carácter indomable para ser candidata en un reinado, no había
concluido.
En uno de los pocos días libres de su agenda, sentada frente al espejo
de su casa en Popayán, se convenció de que había algo que no le
gustaba. A su lado, como por una loca señal, tenía una peluca de pelo
corto, fucsia, que usó en algún Halloween. Se la puso. Solo eso fue
suficiente para bajar y contarle a su mamá que había llegado el
momento de que una Señorita Colombia llegara a Miss Universo con el
pelo corto. A doña María del Mar también le gustó.
De aquí en adelante, la historia se volvió noticia. Buscaron a un gurú
del mundo del maquillaje y de repente la reina de los colombianos
reapareció, con el pelo rojo y hasta los hombros. Lo que pocos
supieron es que durante las semanas siguientes el pelo siguió
disminuyendo, en secreto, con la complicidad de una peluquera de
Popayán, la misma que toda la vida ha atendido a su mamá. Ahí está
pintada. A Raymundo le gustó. A mucha gente le gustó. A otra no tanto
y se lo hicieron saber: una de ellas, incluso, fue capaz de seguirla
durante más de cinco calles en pleno Carnaval de Barranquilla
gritándole '¡Fea, fea!'.
Michelle se divierte contando sus historias, porque sabe que tarde o
temprano llegará el momento de sacarse el clavo. Mientras la prensa
sigue discutiendo si debe o no tener el pelo corto, si se le ve o no
se le ve bien, ella ya tiene listos trece looks diferentes para Miss
Universo, a finales de agosto, además, con la disciplina que adquirió
desde niña, cuando anotaba en un cuaderno sus rutinas hora por hora,
está empecinada en llegar al concurso mundial con un cuerpo que deje a
todos con la boca abierta.
Por Ronald Mayorga
Fotografía: Mauricio Daza
Producción: Chiqui Luna Morera