COLUMPIOS DE VUELO
Sábado 13 de junio, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
César Tenorio Gnecco nos escribe desde la ciudad de México, recordándonos
los lejanos días en los que animadamente utilizábamos los inolvidables
columpios
de vuelo, especialmente en los veranos payaneses. Nuestros agradecimientos a
César por este recordatorio.
Gustavo Wilches-Chaux, en su blogspot cuenta que encontró un columpio de
vuelo
en plena avenida Circunvalar de la ciudad de Bogotá. Asegura "que tenían que
ser
popayanejos los que mandaron a hacerlo.
En la dirección que se incluye, se puede ver una película, con sonido, de YouTube
del
Columpio
de vuelo:
http://www.youtube.com/watch?v=s3WL6dM2v8o
El blogspot de Gustavo Wilches-Chaux que se refiere a los
columpios de vuelo.
http://wilchesespecieurbana.blogspot.com/2009/02/columpio-de-vuelo.html
Cordialmente,
***
Columpios de vuelo
Por César Tenorio Gnecco.
México. D.F. 2009
No se si tarde llegué a tener tus mensajes, que agradezco en recordarnos de lo
que somos los Patojos y nuestras tradiciones, mas nunca he leído nada de
nuestros DELICIOSOS columpios de vuelo..
Hoy, a mis 50 años, por primera vez me caí de la cama; soñaba que estaba en Río
Blanco, la finca que fue de mis ancestros los Uribe y la última vez que tuve
noticias de ella era que pertenecía a Necha, Inés Martínez de von der Hayde
(hace tantos años que no sé si se escribe así), Gunter. En mis recuerdos, creo
que era el más espeluznante columpio de vuelo al que me he trepado y de él me
caí
Tal vez al alemán ese se le ocurrió ponerlo en una ladera bastante pronunciada y
no sabes lo que era VOLAR en ese columpio, aterrador para los que tenemos
acrofobia, como yo; creo que si mi abuela Pula me hubiese llevado con más
frecuencia allí y con mis hermanos, podría haber vencido mi fobia.
ERAN DELICIOSOS. ¿Todavía se conserva esa tradición? En la finca que teníamos a
20 minutos de Popayán, cerquitica del río El Cofre, Tere, mi mamá puso uno, al
terminar el cerro que llegaba a la planicie donde estaba la casita. Era una
delicia el despertarme e ir allí a volar entre cusqueñas y margaritas, entre el
volar y volver a la tierra para correr y correr tirando de un lazo para saltar y
volver a volar, hasta que llegar a plantarte en el tronco de ese árbol ya
muerto..
En Praga, la finca que fue de Gerardo Fernández y Laura Maya, hasta despuecito
del terremoto del 83, había una versión diferente. El tronco original era
metálico, colocado en un terreno plano y en la parte superior tenía una
estructura de donde colgaban los 6 lazos. Corrías y volabas, pero nunca te
enrredabas.
Amigo, no se por qué esta tradición me tiró de la cama. Espero que no se pierda.
Un abrazo desde Ciudad de México;
César
P.D. Creo que los patojos tenemos algo qué contar volando en un columpio como
ese.