COMENTARIOS SOBRE LAS FIESTAS PAYANESAS.
Lunes 12 de enero, 2009
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Carlos Zambrano Ulloa nos ha enviado sus comentarios titulados "Acto
de fe en Popayán"
sobre las fiestas payanesas de enero, articulo que transcribimos en la nota
de hoy.
El Liberal del 12 de enero, 2009, en noticias escritas por
Harold Astaíza Velasco informa
que el Alcalde de Popayán Ramiro Antonio Navia Díaz. ha anunciado que ha
iniciado el
parcheo y el reparcheo de las calles de Popayán empezando por la carrera 6
frente al Estadio
Ciro López. Además el Alcalde iniciará obras para la recuperación de la malla
vial en las
distintas comunas de la Ciudad y la ampliación de unas vías y su renovación de
la capa asfáltica.
Agregó, el Alcalde, que se dejará en excelente estado todas las vías. Estima que
las obras se
efectuarán en dos años
Cordialmente,
***
ACTO DE FE EN POPAYÁN
Por: Carlos Zambrano Ulloa
Parece que, por fin, vamos a tomar en serio la necesidad y urgencia de organizar
bien nuestros festejos populares. Para que los popayanejos podamos volver a
salir a las calles a participar de la alegría del carnaval, sin tener que
resguardarnos o abandonar la ciudad -como ahora- para eludir la patanería
agresiva del agua y de la harina.
Todo, porque la municipalidad deja para última hora, la organización de las
fiestas, convocando afanosamente al fin del año, a unos cuantos líderes cívicos,
a quienes encarga, con desgano, algo tan importante como la recreación de la
ciudad. Terminan armando un improvisado programa, como todos los años, en el que
repiten, sin imaginación ni originalidad, y a las carreras, el mismo y gastado
repertorio: la cursilería del insufrible Reinado de Pubenza (Por favor, no
más!), o rellenando el programa con actividades anacrónicas, que bordean los
ribetes del ridículo, como la exótica ofrenda floral de este año ante alguna de
las estatuas de la ciudad, o una “parada militar” fuera de tiempo y lugar
(Horror de horrores!), por las destruidas calles de la amada ciudad.
Mientras pastusos y caleños, de espaldas a las pirámides y a todos los
siniestros del 2008, derrochaban alegría, civismo, humor, creatividad, en las
calles de la ciudad culta de Colombia, se oficiaba el triste espectáculo de un
pueblo, carente de cultura y de modales para divertirse, que peligrosamente
olvidó las maneras de buscar la alegría en forma civilizada y colectiva. No más!
Lo digo en serio: No más!
Llegó la hora de crear una Corporación que organice los carnavales en Popayán.
Si se quiere hacer algo a largo plazo, estable y que valga la pena, se debe
comenzar simultáneamente con los niños. Con un carnavalito. Para que ellos, que
son el mañana, formados en una escuela de valores cívicos, se encarguen de
proyectar y de acrecer el legado que recibieron. Como lo supieron hacer, con
sabiduría y anticipación, padres y abuelos, y muchas generaciones anteriores,
quienes nos inculcaron amor y respeto por unas tradiciones que se han
engrandecido a lo largo de los siglos: nuestras bellísimas procesiones de Semana
Santa.
El potencial humano que hay en Popayán es gigantesco, pero desaprovechado.
Demasiado individualismo, escasa solidaridad. A cuya sombra germinaron la
envidia, el resentimiento y el egoísmo, “que en tu tierra, como -me lo dijo
alguna vez un ex Presidente de la República- son un recurso natural renovable”.
Pero, sobre todo, las consecuencias siniestras de un cáncer pernicioso que no
hemos podido erradicar: la más abominable politiquería. Mea culpa. Mea máxima
culpa.
Los Carnavales de Popayán deben servir cada año para gozar un espectáculo
auténticamente popular, que llene las calles con la alegría de murgas, de
comparsas, de chirimías, de teatro callejero, de carrozas que exalten la magia
de nuestros mitos y leyendas, de nuestros valores autóctonos y auténticos. Que
venga, con su alegría, la gente negra de la costa caucana, con sus cununos y
marimbas; con el repertorio inagotable y mágico de sus alabaos y sus poemas y
canciones. Que bajen los indígenas de las cordilleras y se sumen al festejo, con
sus vistosos trajes ancestrales; con sus flautas y tamboras; con sus bambucos y
sus sones.
Para que en las calles de Popayán, la alegría fusione e integre todas las razas
y las etnias que componen el Cauca.
Me considero un popayanejo intransigente que cree que los popayanejos somos
capaces, desde las grandes empresas, hasta afrontar las adversidades y tristezas
de la vida, dejando fluir la alegría en las horas efímeras de un carnaval.