Hacia 1930,
cuando nadie era capaz de imaginar que un disco con aspecto de oblea
llegaría a albergar una biblioteca entera, apareció la más famosa
enciclopedia para niños del siglo XX. Se llamaba El Tesoro de la
Juventud, y aún hoy la evocan con nostalgia muchos octogenarios que
dedicaron largas horas a descubrir el mundo a través de sus 7.172
páginas. Pero no solo ellos. Como El Tesoro de la Juventud era
parte fundamental de toda colección doméstica de libros que se
respetara, también sus hijos y sus nietos leyeron, hurgaron u hojearon
la enciclopedia. Es frecuente encontrar tomos que contienen garabatos a
lápiz, trozos secos de mermelada o subrayados de tres generaciones.
(Siendo niño, yo pasé muchos ratos leyendo trozos de los ejemplares de
ETJ que en 1934 le regaló mi abuelo a mi taita, cuando este
cumplió 16 años. Aun hoy recuerdo versos que aprendí entre sus lomos,
pequeños trucos de magia con los que engañaba a mis primos y cuentos
fantásticos del Oriente. Al repasar las láminas, encuentro imágenes como
la de dos osos polares en trance de atacar una morsa. Era una escena
cruenta que me inquietaba a los ocho años y me aterroriza hoy).
ETJ estaba dividido en catorce secciones o 'libros' que se
entremezclaban a lo largo de los veinte tomos; mis favoritos eran
entonces Juegos y pasatiempos, 'Los Por qué', 'Narraciones interesantes'
y 'Poesía'. Pienso que hoy dedicaría más tiempo a 'Los países y sus
costumbres', 'Hechos heroicos', 'Historia de los libros célebres'
y
'Cosas que debemos saber', sección dedicada a hechos interesantes y
actualidades de la ciencia y la tecnología. Muchas de estas últimas
cosas que debemos saber son ya tan sabidas o anacrónicas que solo
conviene recordarlas en calidad de piezas históricas, como el capítulo
admirativo dedicado a los aviones biplanos o las maravillas de un tren
capaz de viajar a 96 kilómetros por hora.
La versión original de El Tesoro fue un texto en inglés
publicado por la empresa W. M. Jackson Inc. Tuvo el buen gusto esta
editorial de abstenerse de realizar una mera traducción de contenidos, y
dedicó amplio espacio propio a los países de América Latina. Sin
embargo, en la nota sobre derechos de autor comete el exabrupto de
darles un tratamiento colonial: "Esta obra no podrá sin su permiso ser
reimpresa en España y sus posesiones de Ultramar".
¿Por qué tantos del Cono Sur?
La versión en castellano contó con una comisión de sabios que
seleccionó cuentos y poemas en nuestra lengua y preparó los capítulos
especiales sobre el subcontinente. Lo malo es que la comisión no era
propiamente milimétrica, pues adolecía de un fuerte componente del Cono
Sur. De ocho miembros, cuatro eran argentinos o uruguayos (entre ellos
el ilustre José Enrique Rodó) y uno más era chileno. Los otros tres
procedían de Perú, México y Cuba.
A los niños les interesaban más los
trucos de magia que enseñaban en sus páginas o las fábulas que
protagonizaban diversos animales. 'El libro de los Por qué' (sic),
sección planteada en forma de preguntas y respuestas, constituía un
anzuelo especialmente atractivo donde quedaba ensartada la curiosidad
infantil:
"¿Por qué no se mezcla el aceite con el agua?" (Porque el aceite es más
liviano, y flota.)
"¿Por qué no se mojan los patos?" (Por su denso plumaje y porque tienen
una glándula que produce un lubricante impermeable)
"¿Por qué tiene la abuelita el cabello blanco?" (Porque los años y
ciertas enfermedades debilitan la pigmentación del pelo).
"¿Por qué no canta la gallina como el gallo?" (Porque la naturaleza
decidió que, en general, el ave macho tiene el plumaje más vistoso y el
canto más melodioso que la hembra).
"¿Por qué brilla el sol durante los aguaceros" (Respuesta de ETJ: "¿Por
qué no ha de brillar?").
Auge, decadencia y caída
Impreso en Boston por C. H. Simonds y exportado desde allí a
otros países, El Tesoro de la Juventud constituyó un formidable
éxito editorial en el mundo de habla hispana.
Todavía circulan miles de ejemplares de
El Tesoro, aunque abundan los tomos cimarrones y las colecciones
incompletas. (A la que fue propiedad de mi taita y heredé por razones de
mayorazgo, le falta el tomo XIII. Alguno de mis hermanos, o yo mismo, lo
prestó alguna vez a algún condiscípulo que pretendía extraer de allí los
datos para una tarea, y, como suele ocurrir con los libros, jamás
regresó a su lugar en la biblioteca).
ETJ conoció varias ediciones. La
primera fue en 1915. Muchas de ellas carecían de fecha, supongo que por
razones de mercadeo. (La que perteneció a Andrés Samper Gnecco data de
1930 a 1933, según pude deducirlo por una lección de historia de
Argentina que termina en medio de la administración de cierto presidente
cuyo periodo acaba en el 34).
En 1970, W. M. Jackson Inc. vendió los
derechos de El Tesoro a la editorial mexicana Cumbre y cinco
años después esta los negoció con Grolier Internacional, que en 1975
publicó, renovado, El Nuevo Tesoro de la Juventud. Ya no fue lo
mismo, sin embargo.
Daniel Samper Pizano