JOAQUÍN MARIANO DE MOSQUERA Y ARBOLEDA
Domingo 7 de diciembre, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Joaquín Mariano de Mosquera y Arboleda fue el primer payanés en ser Presidente
granadino de Colombia. El Congreso Admirable de 1830, al tercer escrutinio, lo
designó, por cuatro años, Presidente del país, en reemplazo del Libertador
Simón Bolívar quien había renunciado. Joaquín Mariano se posesionó el 13
de junio de 1830 y fue depuesto en el primer golpe militar del que se tiene
noticia en lo que hoy es el territorio colombiano, golpe realizado por el general
venezolano Rafael José Urdaneta Farías (1788-1845), el 4 de septiembre de
1830, a los 84 días de permanecer Mosquera y Arboleda en el alto cargo. Joaquín
Mariano nació el viernes 14 de diciembre de 1787 y murió el jueves 4 de abril de
1878, a los 90 años, 3 meses y 22 días.
Entre las numerosas anécdotas sobre el ilustre payanés, se encuentran las siguientes,
que las hemos tomado del libro: "Episodios payaneses" de Jorge Cajiao Candia.
*
Un veinte de julio, en Popayán, don Joaquín salió del te deum cantado en
la catedral, como presidente de la municipalidad, con su traje de ceremonia y su
bastón de magistrado y a la cabeza de todos los empleados públicos de la ciudad.
Mas sucedió que un negro que estaba medio trastornado con las copas con que
celebraba la fiesta nacional, se arrodilló por delante y con los brazos en cruz
comenzó a echarle una loa a gran voz, interrumpiéndoles la marcha. D Joaquín le
mandó que se hiciera a un lado, y como el negro no obedeciera y continuara en su
perorata y en su mímica, aquel, sin poderse controlar, le asestó un famoso
puñetazo que empapó en sangre la boca del negro y le aflojó los dientes, cuyo
borde cortante se incrustó en la piel de uno de los dedos de don Joaquín.
Este siguió para su casa chorreando sangre de la herida, que le dejó en el dedo
una cicatriz que conservó hasta la muerte.
* Cuando don Joaquín comprendió que perdería la vista por completo, resolvió no
dejar en su archivo carta ni documento alguno que se prestara a malos
comentarios o arbitraria interpretación, y al efecto hizo una minuciosa
revisión de todo eso y quemó en el solar de la casa una buena cantidad de
papeles. Estando en esa tarea entró uno de sus amigos quien le preguntó, que
hacía, a lo que don Joaquín le respondió: "estoy quemando glorias mundanas".
Y nadie supo lo que decían esos escritos que allí quedaron convertidos en
ceniza.
*
Durante la guerra de 1879 en los sus últimos días de su existencia, sin motivo
alguno, y sólo por molestar al distinguido patricio, se ordenó practicarle una
ronda en su casa y se comisionó para ello a un pelotón de negros perteneciente a
uno de los batallones vallecaucanos que había organizado el general David Peña.
El pelotón se presentó con insolencia a la residencia de don Joaquín, y con
golpes de culata tocó en el portón para notificar la ronda y exigir la libre
entrada a la casa. Noticiado de él don Joaquín se indignó por el atropello a que
lo sometía el odio político, y como desde su habitación oyera el bochinche que
hacían los negros en el portón, cogió el cristo de su oratorio y así del brazo
de un asistente, pues estaba ciego y medio sordo, salió al encuentro de
los soldados y les abrió la puerta; entonces uno de los negros levantó el fusil
para descargarlo sobre la cabeza del prócer, pero don Joaquín, que no veía pero
que temía el caso, extendió los brazos y les presentó el Cristo, ante cuya
actitud solemne y conmovedora, el pelotón se acalló y pidió excusas por la orden
que se le había mandado cumplir.
D. Joaquín protestó contra el atropello y recordando con orgullo los servicios
que le debía la patria, exigió que se le respetara y que no se violara su
residencia, con lo cual los soldados se retiraron y en lo sucesivo el ilustre
anciano no volvió a sentir perturbada su tranquilidad. Ese Cristo muy hermoso,
lo conservan descendientes del prócer y lo muestran diciendo que fue esa imagen
la que salvó la vida del expresidente de la Gran Colombia.
Cordialmente,