MARINO GRUESO
Viernes 8 de febrero, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Marino Grueso de Guapi, Cauca, es un joven dedicado a promover la lectura
en su
tierra y ha logrado resultados sorprendentes. Paola Villamarín de El
Tiempo informa
sobre las admirables actividades que está realizando este notable guapireño.
Cordialmente,
***
Marino Grueso, un joven de 25 años que se ha convertido
en el impulsor de la
lectura en Guapi, Cauca.
Por:
Paola Villamarín
Enviada Especial.
el tiempo. Guapi.
Febrero 6 de 2008.
Foto: Andrea Moreno/El Tiempo
A
Marino nadie le enseñó a promover la lectura. Sus actividades, producto de la
intuición y de la emoción, y las donaciones que ha conseguido, han llegado a
unos 7 mil niños, según sus cálculos.
A Marino Grueso nada le parece demasiado lejano ni demasiado difícil. Ni
remontar el río Guapi, durante dos horas y media en canoa, para llegar a la
lejana vereda de Santa Clara, donde ha entregado libros y ha hecho actividades
de lectura, ni sacar adelante una Casa de la Cultura que estaba en ruinas,
cubierta de lama y agua verde, a la que pocos se asomaban.
Hijo del mar, pues nació en un barco a una hora de Guapi, ha logrado cosas
sorprendentes.
Ha gestionado donaciones de bibliotecas convencionales con libros infantiles y
de consulta, y pilotos que incluyen área virtual a 28 veredas de Guapi (Cauca).
También ha conseguido no sólo que el casco urbano recuperara su biblioteca
pública, la Helcías Martán, que estaba prácticamente abandonada, sino que se
abriera la de la Universidad de las Islas Baleares-Guapi, con donaciones de esa
entidad española.
A pesar de todo lo que ha hecho, Marino es el hombre más sencillo del mundo.
Vive en una casa de dos pisos con 16 personas, entre sus padres, hermanos y
sobrinos. No comparte habitación, lo cual lo hace decir que allá no viven "hacinados".
No piensa mucho en su pinta: usa siempre bluyines y camisetas, si se puede
esqueletos. Y no anda demasiado pesado: dejó de lado la idea de una biblioteca
personal, porque considera que cuando uno lee un libro debe regalarlo
inmediatamente. Eso lo ha llevado a comprar 'El libro de los abrazos', de
Eduardo Galeano, unas diez veces.
Su madre es maestra del Colegio San José, de Guapi; y su padre, transportador
fluvial. Marino dice que en el colegio nunca lo impulsaron a ser lector. "Es
triste, porque aquí no leen ni los profesores", comenta.
Cuando se fue a Medellín a seguir la carrera religiosa, Marino empezó a estudiar
filosofía. Ahí le dieron una gran dosis de clásicos griegos, entre ellos, 'La
Ilíada' y 'La Odisea', que le gustaron tanto que se los leyó tres veces cada uno.
Después, él solo, descubrió a Galeano y a Gabriel García Márquez: "Todos los
sentimientos habidos y por haber están en Cien años de soledad. Ese libro me
hizo desde llorar hasta morirme de la risa", afirma Marino cerca del anaquel de
'Gabo', en la Biblioteca Helcías Martán, donde también funciona la Casa de la
Cultura de Guapi.
Todas las tardes, a las 4, Marino -director de ambas instituciones- les lee en
voz alta alguna historia a los quince niños que usualmente están presentes. Lo
ayudan jovencitos que prestan su servicio social.
Para ampliar la cobertura del amor a los libros, algo complejo en un pueblo con
una gran tradición oral, Marino y su equipo sacan al parque un equipo de sonido
y un alta voz, con el que invitan al encuentro y a través de cual leen un cuento
o un fragmento de una novela.
Para abarcar todos los frentes, Marino ubica sobre la acera libros de costura,
modistería, arreglos florales, carpintería, plomería, etc. "Así la gente se
acerca y ve que los libros también le sirven", dice con convicción.
Pero aún falta mucho. Aunque Marino se siente apoyado por las autoridades
guapireñas -jamás olvida la ayuda de la ex alcaldesa Brasilia Romero- la apatía
de la gente corriente de su pueblo le quebranta el ánimo.
¿Qué es lo más difícil del trabajo?, se le pregunta.
"Que la gente aquí casi no reconoce lo que uno está haciendo. Y más cuando es un
trabajo de lectura, porque no les interesa leer", responde.
A pesar del panorama, Marino cree que Guapi es el sitio ideal para trabajar por
la dificultad que eso representa: "Es mejor así, porque entonces se nota más lo
poquito que uno hace".
Lo que más le llena el alma son las visitas en lancha y canoa a las "escuelitas",
como él las llama, de las veredas de Guapi. En sus viajes ha roto fronteras
llegando hasta Chicoperez, Nariño.
A las veredas lleva donaciones, realiza actividades de lectura y presenta
películas (las de la maleta de cine del Ministerio de Cultura). "La idea no es
tirarles los libros en la escuela e irnos. Ellos no tienen el hábito de la
lectura y tenemos que acompañarlos", comenta Marino, que viaja cada mes por río
y mar.
Como haría cualquier cosa porque su pueblo entendiera, como él dice, que "uno
puede leer un libro para relajarse, para divertirse", Marino ya está madurando
otra idea, esta vez bastante más grande.
Frente a la Alcaldía de Guapi hay un terrero vacío que antes era ocupado por el
antiguo teatro. Marino sueña con hacer un centro cultural, que calcula podría
costar unos mil millones de pesos.
Dice que está seguro de que a la gente le gustaría. En el primer piso ubicaría
un auditorio, porque allá no hay un solo salón de eventos. En el segundo, la
biblioteca Helcías Martán. Y en el tercero, la Casa de la Cultura.
A Marino no le parece demasiado difícil lograrlo. De hecho, ya consiguió lo
inimaginable.