GOLOSINAS PAYANESAS
Lunes 28 de abril, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Carlos Humberto Illera Montoya publica en El Liberal un
artículo sobre las famosas
golosinas
payanesas que degustan sus habitantes. Reproducimos apartes de su escrito.
Cordialmente,
***
El sector histórico en
la gastronomía urbana de Popayán
domingo, 27 de abril de 2008
Por Carlos Humberto Illera Montoya
[email protected]
Foto: El Liberal
Todavía en Popayán es posible el hallazgo de la pequeña y bien surtida tienda de
barrio en la que no son ajenas las alpargatas de cabuya o las velas de cebo
intercaladas con el tabaco amarrado, los huevos de campo y el pan del día. Allí
se mezclan las más variadas y hasta inverosímiles mercancías de antaño con las
delicias de hoy. Basta con sólo salir del Hotel Monasterio y caminar unos
pocos pasos por la calle 10, la que desemboca casi en frente de la entrada al
hotel, para toparse con la tienda más colonial que pueda uno imaginarse.
Sí, ahí en el número 5-45, con sólo asomarse a la ventana siempre abierta de par
en par, el pasajero ve abrirse frente a sus ojos un baúl repleto de los más
inesperados tesoros de la pícara dulcería ancestral de Popayán: liberales, en
medio de conservadores y comunistas, merengos y merenguitos, panes de Timbío y
pambasos, rosquetes azucarados y rosquillas coronadas de manjarblanco, y no
menos de un centenar de antojitos a cual más tentador y delicioso. Ahí en esa
tiendita, como de pueblito del comienzos del siglo XIX, reside uno de los
encantos gastronómicos más costumbristas del sector histórico de Popayán.
Ahora bien, como la anterior existen dos o tres tiendas más escondidas entre
callecitas relegadas al tránsito cotidiano, como la que se encuentra bajando por
la carrera 4 hacia el barrio Bolívar, a mano izquierda, en la misma acera por la
que 20 metros más adelante encuentra uno la casa señorial de la Señorita Leticia
Mosquera, la más hábil y tradicional hacedora de los dulces que honran la
Navidad patoja con su inigualable Plato Navideño.
Pasear por el centro histórico y no detenerse en casa de la Señorita Leticia es
privarse de probar los mejores dulces calados y los más bien logrados
desamargados de limón, naranja o cidra que uno pueda soñar; con los de la
Señorita Leticia es posible evocar los dulces conventuales que encantaron al
coronel Holton y su asistente a su paso por Popayán en el siglo XIX, pero sin
olvidar que hay que degustarlos acompañados de las hojaldras y de los buñuelitos
de almidón de yuca regados con el almíbar aromatizado con ralladura de cáscara
de limón.
Pero estar en casa de Leticia Mosquera y no llegar hasta la Galería del barrio
Bolívar es como estar en Roma y no llegar hasta San Pedro. En esa plaza de
mercado, en medio del bullicio que le es propio uno puede encontrar desde el
ingreso mismo, cualquier cantidad de muestras de la tradición gastronómica de
Popayán. Entrando por la calle 1, apenas iniciando el ingreso, en canastos de
caña cubiertos con manteles blancos, se pueden adquirir los productos de
panadería que tanto se aprecian en la ciudad: panes asados en horno de leña,
panes de maíz, molletes, roscas, roscones y rosquillas.
En esa misma dirección están los dulces para el postre que usted puede comer de
pie mientras conversa con las expendedoras o que puede hacer empacar para llevar
a su casa. No es posible hacer caso omiso a las brevas almibaradas, con o sin
relleno de arequipe, que allí se exhiben.