ALFONSO FIGUEROA BERMÚDEZ "FÍGARO"
Sábado 29 de diciembre, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Gerardo Alfonso Figueroa Bermúdez, "Fígaro", ha fallecido en
Popayán
y Jaime Vejarano Varona ha escrito una nota sobre el admirado
artista.
Cordialmente,
***
EL LEGADO DE “FIGARO”
Por Jaime Vejarano Varona.
Al concluir su noble elipse vital nuestro querido y admirado amigo, el Maestro
Gerardo Alfonso Figueroa Bermúdez, conocido artísticamente como
“Fígaro”, se rompe para Popayán y muy especialmente para quienes disfrutamos
de su proximidad, otro de los eslabones que nos unía con la tradición
“patoja”.
Extraído de las canteras más auténticas de la ciudad que nos vio nacer, exhibió
los atributos que son tan propios de nuestra idiosincrasia: un innato y
acendrado popayanejismo, la inquietud intelectual, su creatividad artística y la
nobleza en los sentimientos.
Coincidimos con él en nuestra circunstancia generacional desde las aulas
escolares y en una imperturbable relación de amistad, lo que me permitió abrir y
escudriñar el prisma de sus más auténticos valores.
Para mi, para todos sus amigos, “Fígaro” fue lúcido exponente de la
dignidad en el vivir. Pausado en la acción, íntegro en la amistad, noble en el
trato, su estampa como ciudadano ejemplar no deja qué desear. Pero su mayor
atributo fue su modestia, su gran modestia, que antepuesta a sus reconocidos
méritos como artista, lo engrandeció y le dio paradojalmente mayor viso y
consideración.
Personalmente recibí del Maestro Figueroa, el caudal inmenso de su generosidad,
cuando tuvo a bien diseñar la carátula de dos de mis libros “Popayán en su
Anécdota” y “Estampas de mi Ciudad, Popayán”, que iluminó además con
varias ilustraciones interiores, llenas de expresividad, pulcras en el trazo y
altamente conceptuales.
La grandeza de su obra artística, tanto en la pintura, el dibujo o la
caricatura, marcan, sin duda, época en la historia cultural de Popayán, dejando
además su impronta para nuevos exponentes en esa última expresión, como el
destacado Maestro Julián Rivera Súlez.
La distancia existencial que con la muerte de Alfonso Figueroa hoy nos
desconcierta, nos aproxima, por paradoja, en el afecto que para él guardamos.
Vayan para su digna esposa doña Bernarda y para sus hijos Claudia, Luisa, Juan
Manuel y Adriana, las expresiones de nuestra más sentida condolencia y la voz de
solidaridad ante esa gran pérdida, manifiesta hoy dolorosamente por la familia
cultural que él supo acrecentar con su notable obra artística y por la sociedad
entera.
Al recordar la virtuosa modestia con que engalanó su vida, repetimos con el
poeta: “Como el cocuyo, el genio suyo ostenta su fanal. Y huyendo de la luz,
la luz llevando, sigue alumbrando las mismas sombras que buscando va.”