GLORIA CEPEDA VARGAS
Lunes 22 de diciembre, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Presentamos una serie de párrafos entresacados del Ensayo
de Leopoldo de Quevedo y Monroy sobre la poeta
Gloria María Cepeda Vargas.
Cordialmente,
***
Gloria Cepeda Vargas,
colombianista,
pensadora y poeta
Ensayo de : Leopoldo de Quevedo y Monroy
enero 20, 2007
Párrafos tomados del ensayo.
Foto: Letralia.
Gloria Cepeda Vargas es una mujer de fibra gruesa. Parece nacida en la sierra o
en la mitad de una guerra. Y por sus venas corre caliente sin pausa la poesía.
Tiene en su frente el sello de la palabra, dura, como hierro candente sobre la
injusticia. Ese fue el bautismo que desde el vientre materno la consagró.
Nadie hubiera barruntado que en aquella chicuela, un tanto escuálida y morena,
había un manantial de donde la poesía brotara espontánea y sin esfuerzo. Ella
confiesa sin vanidad que siempre ha pensado y escrito en verso. A los tres años
su madre Mina, fotógrafa, autónoma e impaciente, la veía correr por la casa con
su naricita afilada y sus pómulos prominentes repitiendo unos versos que nadie
le enseñó. Se los dedicó a su padre, a quien su madre llamaba gato marrullero
porque todas las noches salía a jugar billar en la vecindad.
Gloria María Cepeda nació en Cali el 16 de mayo de un año que ella ha colgado
del brazo del olvido. Después de peregrinar por Armenia y Buenaventura, en donde
su madre la confinó de cuatro años al kinder de Estercita Patarroyo, porque era
una niña insufrible, peleona y desobediente hasta más no poder, de siete años
llegó a vivir a Popayán, ciudad a la que ha quedado unida como a cordón
umbilical. Allí entró al colegio-convento de las salesianas a estudiar.
A los 13 años, recuerda, se escapaba de las clases pues los versos le brotaban a
borbotones y el río de palabras no se aguantaba en su garganta y tenía que ir a
casa a escribirlos. A los 18 años, después de cursar cuarto de bachillerato,
interna en el colegio-fortín de monjas en Silvia, Cauca, como cualquier
insensata que se respete, se casó con el venezolano Francisco Cabrera, quien se
la llevó para Caracas. Allí, en cinco años, tuvo cuatro hijos entre carros
desbocados, teteros, pañales y madrugadas que peleaban con su adolescente
corazón. Después de 30 años de casada se divorció de aquel hombre que la vigiló
sin tregua durante más de 25 años.
Murieron de viejos y de tradiciones sus padres y murió bajo la boca de un fusil
artero su hermano Manuel en 1994. La lejanía de sus hijos, la ausencia del país
que la adoptó en su seno y el dolor por la muerte injusta de su hermano la
acompañan en la esquina de la calle 17 en Popayán desde hace 11 años que volvió
a Colombia.
De cara recia y ademanes resueltos, Gloria deja entrever el carácter indómito de
una mujer de fácil conversación, cristalina en el manejo del idioma y poseedora
de una escritura que atraviesa los recovecos del laberinto de la realidad y la
fantasía.
Gloria María Cepeda tiene dimensión continental. Su pluma ha extendido su tinta
y sus colores por toda América y también Europa ha sentido su carne herida a
través del Internet.
Su obra es extensa, pues su vocación de escritora es tan ancha que rebasa su
faceta de poeta y su pluma prolífica ha llenado espacios en periódicos escritos
y virtuales. Autora de ocho libros de poemas y de cientos de artículos sobre
temas literarios, sociológicos y políticos, es reconocida por su estilo directo
y punzante. Pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela, en donde inició el
ejercicio público de las letras. Hoy, en Popayán, ciudad que la considera su
hija adoptiva, la Cámara de Comercio le acaba de honrar con el título de
Personaje Cultural del año 2006.
Escribió su primer libro de poemas en 1954, Bajo la estrella. Sus versos
son fáciles, dedicados a sus padres y a su esposo. Tienen una clara influencia
modernista, aunque también deja ver su gusto por el clásico soneto. Sentimientos
de joven, encontrados y confusos se entreveran por doquier.
Su segundo libro, Poemas de los hijos, parece que fuera un sucedáneo para
la soledad que ya la embargaba. Es testimonio de la solicitud y entrega a cada
uno de los hijos que apenas iniciaban la vida. Registra hechos como la
enfermedad, los juegos y las rondas, el estudio, su vestido, los primeros pasos,
la inquietud por su futuro.
El dolor por el asesinato político de su hermano le compele a escribir Carta a
Manuel, una serie de 14 elegías en las que se vierte en canto maduro a su alma
gemela muerta. “Hora de cantar” expresa su impotencia y aviva la esperanza.
En 1995 Gloria se hace merecedora del Premio de Poesía Jorge Isaacs de la
Gobernación del Valle del Cauca con su libro Cantos de agua y viento.
Este libro contiene 39 poemas de alto vuelo lírico en el que se destacan “Mea
culpa”, “Canción por el invierno”, “Monólogo”, “Noche”, porque en ellos deja ver
su ser de mujer completo.
Quien entre a leer su libro En Colombia y ahora tendrá una sensación
sobrecogedora: puede parecerle que ha ingresado a un santuario de tristeza y
desolación.
Gloria Cepeda tiene guardados en un cuartito fresco tres libros inéditos. Uno
que evoca al más romántico de los caballeros: don Alonso Quijano, De la vida y
del sueño, en doce sonetos maestros de castizo sabor y lenguaje, que nos remiten
a Calderón de la Barca y a Quevedo. Otro, de tono sublime, 32 cantos, en el que
parece redactar el inventario de sus recuerdos: Canciones de la noche, la
confidente de sus sueños. Y el tercero está escrito con su pluma en el papel y
su corazón en Venezuela: Caracas en el viento, en el que se deleita recreando,
en el más puro lirismo, los 40 años que allí pasó.
Plenilunio termina este homenaje escrito a una de las grandes poetas de
Colombia quien sólo conoce la vía que la conduce a Roldanillo cada año, en donde
la acoge su casa que la ha adoptado como Almadre —gran madre y maestra— en el
Encuentro de Poetas Colombianas y que escogió a Popayán por refugio y vive
allí en el anonimato, condición que sólo soportan los seres con destinos
inmortales.