LUÍS CARLOS CAMPO
Domingo 10 de febrero, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Luis Carlos Campo, periodista payanés de larga y meritoria carrera, es el
tema de
Laurentino Tello.
Aprovechamos esta coyuntura para conmemorar el Día Nacional del Periodista
e
informar que la Seccional Cauca, con ese motivo, ofreció una Eucaristía en la iglesia
La
Ermita de Popayán y las
Directivas de El Diario El Liberal dieron una cena a
sus periodistas para
festejar esa fecha
especial. Nos unimos a las felicitaciones que
están recibiendo los Directores,
Periodistas y
empleados de El Liberal por su
notable desempeño periodístico.
Cordialmente,
***
Vida y obra de uno
de los periodistas más veteranos de Popayán
‘Catecampo’, seudónimo con impronta propia
Por: Laurentino Tello. El Liberal.
Foto: El Liberal
‘Catecampo’
es un seudónimo que hizo carrera en los medios escritos y radiales. Una firma
que a lo largo de 40 años encabezó cuartillas mordaces, críticas, avezadas y
esperanzadoras en diversas empresas editoriales y radiodifusoras, no solo de la
capital caucana sino de Bogotá.
Fue un apodo con el cual el reconocido periodista payanés, Luis Carlos Campo, se
codeó con los más reconocidos decanos del periodismo en el país y se posicionó
en los más alto de la cúspide de su larga carrera, dejándole a ella una impronta
propia con la cual las siguientes generaciones de comunicadores se enriquecen (y
siguen enriqueciéndose), para mantener altivo y en constante evolución y mejoría
este noble y abnegado oficio.
Este es ‘Catecampo’, el hombre que siempre con una sonrisa impresa en ese tosco
y a la vez tierno rostro, evoca momentos que parecieran triviales, pero que
resultan ser historias importantes en la vida de un villorrio del que se ufana
con méritos, conocer como la palma de su mano.
Apodo por familia
Con un sentido del humor que podríamos llamar histórico, ‘Catecampo’ recuerda el
porqué de seudónimo.
Asegura que durante su juventud, las familias tradicionales payanesas eran
identificadas con un apoyo.
“Las Guevara eran ‘las gatas’; a las Otero les decían ‘las macaco’ porque eran
bajitas y a las Castillo les decían ‘las cepillo’”, ejempliza el veterano
periodista, a quien por esa época relacionaban por su cercanía a ellos, con la
familia de José Dolores Ramos, un hombre creyente que todos los domingos dirigía
en las iglesias de Popayán el catecismo, ganándose él y sus allegados ese mismo
remoquete.
“Me relacionaron y me reconocieron con ese apodo, pero cuando yo empecé a
escribir, entonces ‘catecismo’ quedaba muy largo por lo que lo recorté a ‘Cate’
hasta que llegue a ‘Catecampo’, con el que finalmente me quedé.
Pero fue un seudónimo que según sus propias palabras, no le gustó mucho a Don
Guillermo Cano, director del Espectador, quien le sugirió usar sus nombres de
pila para firmar su trabajo.
Sin embargo para esa época dicha petición llegó demasiado tarde, porque el apodo
‘Catecampo’ se abrió espacio entre el Luis Carlos y conquistó la atención y la
personalidad del empírico comunicador.
“Si voy por la calle y alguien me llama por Luis Carlos, yo creo que no es
conmigo y sigo derecho... es que me acostumbre a que digan ‘Cate’, señala el
veterano payanés.
De operario a director de El Liberal
‘Catecampo’ asegura orgulloso, que su pasión por el periodismo surgió gracias al
periódico El Liberal. Cuando aún no culminaba su bachillerato en el Liceo, el recorrido hasta el
colegio pasando siempre por la sede de este diario en La Pamba, era como una
deliciosa aroma que lo atrapaba dulcemente.
“Se me metió por la cabeza que tenía que escribir en El Liberal”, recuerda Cate.
Y efectivamente fue así, cuando se graduó y luego de un frustrado viaje de
estudios a Quito con varios de sus mejores amigos, comenzó a trabajar en El
Liberal como operario, limpiando máquinas y acomodando el plomo para fundirlo en
el funcional linotipo, sistema con que se imprimió el diario por muchas décadas.
Allí comenzó su ascenso, empezando gracias a Gerardo Fernández Cifuentes, a
redactar notas sociales, luego escribiendo en varias secciones como judicial,
locales, económicas y deportivas, pasando por corrector de pruebas, de estilo,
la jefatura de redacción hasta llegar a la dirección del diario el cinco de
diciembre de 1986, cargo que dejó el 31 de abril de 1988.
“Profesión hermosa”
Los ojos grandes y saltones de ‘Catecampo’ brillaron más de lo acostumbrado por
unos segundos cuando quiso describir el porqué de la pasión por esa profesión
que lo envolvió por toda su vida. “No hay cosa más estimulante y satisfactoria”, asegura el veterano comunicador
con un regocijo y un orgullo únicos, calificando la profesión como la más
hermosa.
“Para mi ha sido el eje de mi existencia, tengo mujer y cinco hijos, (ninguno le
ha ‘jalado’ al periodismo). ha sido mi vida, de manera que yo no creo que haya
una profesión que impacte tanto al espíritu de las personas como esta” concluye
diciendo el famoso ‘Catecampo’, actualmente jubilado por el Seguro Social
gracias a sus trabajo en diario El Liberal, El Espectador y El Tiempo, casa
editorial con la que cerró su labor como corresponsal de esos medios nacionales
en Popayán.