LUCY AMPARO BASTIDAS PASSOS
Jueves 19 de junio, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Lucy Amparo Bastidas Passos nos relata la tala de cincuenta árboles en
Popayán.
Esperamos que los contratos gubernamentales de esta destrucción incluyan una
cláusula de reposición de los mismos, como sucede en otros países que están
empeñados en la arborización de sus ciudades.
Cordialmente,
***
Diálogo se pagó con
motosierras
Por: Lucy Amparo Bastidas Passos
Cuando nos avisaron, el primer impulso fue salir corriendo a verlos, como
quien se entera de su hermano recién muerto, pero solo cuando la angustia e
irritación mermaron, los ambientalistas fuimos al cementerio de árboles.
La avenida recalentada parecía ‘deprimida’ sin los jóvenes árboles de 45 años;
solo los muñones quedaron como manos mutiladas, algunos echaban espuma entre el
polvo de aserrín amarillo dejado por las motosierras que arrasaron 41 árboles,
en la Esmeralda para construir ‘un paso deprimido’.
Días antes los habíamos tocado, olían saludables, y entre muchos verdes algunos
tenían flores naranjas o amarillas, otros, en ramas robustas albergaban chupayas
y canastas de orquídeas de gran tamaño, que tendrían 30 años de vida, según
comentó la versada Maria Teresa Amaya. En eso, cruzó como flecha entre las ramas
un pájaro para engullir un gusano.
Vimos asimismo a vecinos gozando de la sombra bajo los árboles, algunos sentados
al pié tomaban un helado; solo un loco alzó sus trastos y huyó presintiendo tal
vez en su demencia, la contaminación cercana por la matanza de los compañeros
árboles.
En la tarde gris de la tala, caminamos con el sol a la espalda, dolían los pies
y el alma, vimos salir la luna llorosa que acompañó a los muertos. Y así,
dejamos nuestra última lágrima, donde ya no está el viejo bar llamado ‘la última
lágrima’.
Y es que para salvar la vida a 25 de los 50 árboles sentenciados, estábamos
concertando desde hace tres meses con la CRC, la constructora del proyecto,
INVIAS, y el Movimiento Ambiental Los Guayacanes. Se había solicitado un nuevo
concepto de un experto en trasplantes y fue aceptado por funcionarios de INVIAS
Bogotá. Sin embargo esta entidad decidió la tala, a espaldas de los ciudadanos y
de lo acordado con el Movimiento Los Guayacanes. El diálogo se pagó con
motosierras.
Aún así, nos reconforta que por la participación ciudadana y el apoyo de la CRC,
al menos se lograra el trasplante de 7 árboles. Exigiremos que la constructora
Estyma JMV de Bogotá, cumpla con la reposición arbórea y de la zona verde
destruida, que nunca será equitativa al daño ambiental causado a Popayán.
El puente a desnivel puede resultar útil para descongestionar ese cruce vial,
pero no hay derecho a declarar la pena de muerte a árboles urbanos que se podían
trasplantar. Entre más conozco al hombre más amo los árboles.