JULIANA VALENCIA ANDRADE Y
JOHN PORTILLA.
Viernes 10 de agosto, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

El pasado sábado 4 de agosto se casaron en Villa de Leiva, la abogada
Juliana Valencia Andrade y el ingeniero industrial John Portilla.

Juliana es hija de Rodrigo Valencia Quijano y de Amparo Andrade.

Se acompaña esta nota con las palabras de Rodrigo Valencia que
pronunció en la recepción y una fotografía en la que aparece de
izquierda a derecha: Rodrigo Valencia, Juliana, John, y Amparito
Andrade de Valencia.

¡Para Juliana y John les deseamos muchas felicidades!

Cordialmente,

***
Palabras de Rodrigo Valencia Quijano
4 de agosto, 2007
Popayán.

Queridos John y Juliana:

Hemos venido a esta bella ciudad, a ser testigos de su unión. De ahora en adelante tendrán que escribir el libro de la vida a dos manos; cada cual dejará sus huellas en las páginas del tiempo, y entonces mirarán la otra mitad de la existencia en el rostro del amado; unirán los dedos, las manos, las sonrisas, y poco a poco recogerán los frutos del trabajo compartido; con cariño, con esperanza, con el deseo de cumplir lo mejor de sus aspiraciones más hondas y sentidas.

Todas las mañanas vendrá el sol hasta la puerta, a alumbrar y dar calor a la faena; y por las noches, la luna, el canto del sereno y la luz de los candiles inspirarán en ustedes los mejores sueños, las palabras del alma, la canción del corazón.

Algo dijo Gibrán que yo no olvido nunca: “Cantad y danzad juntos y estad gozosos, pero conservad cada uno vuestra soledad”. Son palabras de un poeta con alma de infinito, diligente en la comprensión de la libertad. Es que todos nosotros llevamos una estrella en el interior, una luz que sólo crece cuando aprendemos a contemplar en solitud. Y ahora ustedes, como un espejo de la vida, mirarán juntos el camino del amor; pero de vez en cuando los senderos de la existencia los debe transitar el alma ensimismada, siempre que se busca la estación iluminada. Y al compartir sus experiencias, entonces podrán decir: “Hoy ví un día nuevo, venturoso para ambos; que Dios bendiga tu rostro en el mío y el mío en el tuyo, para que así seamos una sola alma con dos nombres diferentes”.

Habrá días de siembra, de riego, y momentos de cosecha. Y habrá también dificultades; pero la paciencia y la generosidad sortearán los problemas, y albricias llenarán los rincones de la casa; las horas serán un regocijo, el descanso un bálsamo para los dos; y el pensar juntos, un acertijo frente al lado oscuro de las cosas.

Estamos seguros que el destino iluminará y protegerá sus vidas de ahora en adelante; y aunque habrá un tiempo en que algunos de nosotros ya no estemos, otros podrán contemplar en plenitud el auge de una historia que recién comienza hoy. Y cuando vengan los hijos, que el Cielo los bendiga entre el ir y venir de los retos del destino, en los sueños y las ilusiones comunes, en las risas y la aventura infinita del hogar.

Hagamos un brindis por los novios, y que sean felices para siempre.


 

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