MORRO DE TULCÁN Y
PUBENENSES
Lunes 29 de enero, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
En el día de hoy nos referimos al Morro de Tulcán y los pubenenses.
Con este fin transcribimos la nota del Sistema Nacional de
Información Cultural. En este Morro, desde el Cuarto
Centenario de la fundación de la ciudad, se alza la estatua
ecuestre del Adelantado Sebastián de Belalcázar, fundador de la
ciudad, obra ejecutada por el notable escultor Victorio Macho
(1887-1966) originario de la antigua e histórica ciudad de Palencia,
España.
Cordialmente,
***
El Morro de Tulcán y pubenenses
Sistema Nacional de Información Cultural.
El Morro de Tulcán se localiza en la zona urbana de la ciudad de Popayán, costado noreste.
Las excavaciones han mostrado evidencias del acondicionamiento del cerro,
mediante terraplenes, rellenos, adobes y lajas de piedra. En la parte superior
del cerro se encontró un cementerio con varios tipos de tumbas. La importancia
de El Morro Tulcán radica en las manifestaciones ceremoniales que probablemente
tuvieron lugar en esta zona, unidas al dominio de las condiciones naturales del
terreno.
La construcción indígena se orientó hacia el arreglo de una pirámide sobre la
base de la formación natural. Esta pirámide fue trabajada de tal manera que
tuviera dos grandes pistas ceremoniales inclinadas y opuestas simétricamente.
Es probable que los grupos humanos creadores de la estructura fueran
agricultores sedentarios, dependientes especialmente del cultivo del maíz,
puesto que se han hallado varias manos de moler y un fragmento de piedra para
triturar.
Además de la fabricación de cerámicas e implementos de piedra, se desarrollaron
el hilado y el tejido que utilizaron el algodón como materia prima para
confeccionar sus prendas de vestir.
El hallazgo del cementerio cerca de la cima dejó al descubierto 14 tumbas en
diferentes lugares de la pirámide. En una de ellas se hallaron huesos de caballo
doméstico, en otras cuatro piedras demarcando los ángulos de un rectángulo, que
cuando había esqueletos estaban a la altura de la cabeza y las rodillas. Los
entierros correspondían a adultos y niñas. Esto permite considerar que la
pirámide del Morro también se relacionó con ritos funerarios.
Hallazgos arqueológicos de épocas tardías en el Valle de Popayán, corresponden
aproximadamente a 600 años antes de nuestra era, época en que el Valle y los
contrafuertes de las cordilleras Occidental y Central estaban habitados por los
indígenas pubenenses.
Los trabajos de infraestructura son constantes, así como plataformas
artificiales de viviendas, terraplenes en la cima de colinas, caminos antiguos y
campos acondicionados para cultivos con drenaje que también se encuentran en las
regiones altas de Coconuco, Paispamba, Puracé, Totoró y Silvia.
Las habitaciones eran tanto de forma circular como cuadrada, hechas de madera y
hojas; también utilizaban la caña. También existía una construcción pequeña
hecha con caña y hojas de palma, la cual estaba destinada exclusivamente para la
reclusión de las mujeres durante sus periodos menstruales, durante los cuales no
tenían contacto con ninguna persona y los alimentos les eran dejados en la
puerta..
Para ir a combate, los pubenenses iban desnudos con su cara, brazos y piernas
pintados de rojo, negro y amarillo, con coronas de plumas de papagayo en la
cabeza, collares y brazaletes, y pecheras a las cuales los españoles llamaban
“patenas”.
La organización social de estos grupos estaba formada por los caciques
principales y gubernamentales, los curacas (médicos), los yaz (sacerdotes), los
is (colonizadores) y los guaruvos (directores de siembra y recolección). De
estos personajes, quienes no fueran capaces de regir en su cargo, eran
inmediatamente reemplazados y sancionados hasta con la muerte.
La industria más desarrollada en el Valle de Pubenza era sin duda alguna la de
los tejidos de algodón, que practicaban las mujeres dentro de la casa. Se
utilizaba la aspana, especie de lanzadera o aguja tejedora de madera, que debe
manejarse con precisión por entre los hilos tendidos en la guanga, para el
dibujo, grabado y colorido de las telas. También usaban el inguil, que servía
para unir parejos los hilos consolidando el tejido con golpes sucesivos.
Para preparar el algodón, los pubenenses sujetaban un trípode al mazo de algodón
cardado e iban extrayendo la fibra adelgazándola con los dedos. La puchicanga,
chuzo en forma de trompo, donde entorchaban el hilo, completaba la maquinaria
primitiva.
Empleaban el fique para tejer sus hamacas, las jigras y las cuerdas de las
guaracas, las redes sin nudo para el combate, las sogas para el uso doméstico,
el acarreo y ciertas labores.
La segunda industria era la cerámica, de la cual dejaron pruebas de adelanto.
Los trastos, ollas, vasijas, platos y jarros muy dibujados eran hechos a mano y
sorprenden por su perfección.
También es importante destacar la fundición de oro y la orfebrería. En el Cauca
se han hallado crisoles muy finos donde los pubenenses derretían el oro para
hacer sus petos, brazaletes, argollas, cintillos y narigueras.