HOGAR DIVINO NIÑO JESÚS
Domingo 13 de mayo, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Como lo anunciáramos el
14 de abril, 2007,
Popayan Corporation procederá a efectuar la rifa de uno de los tres
cuadros obsequiados por el artista de origen Chileno Maestro Horacio Centonzio
Ruiz con el fin ayudar al financiamiento de las necesidades de los dos
ancianatos de Popayan: Hermanitas de Ancianatos del Hogar Divino Niño y la
Fundación Hogar San Vicente de Paúl.
Nuestros agradecimientos a las personas que han adquirido boletas para estas
obras.
Reproducimos apartes del articulo de Paola Fernández que se refiere a las
labores que realiza el ancianato
Hogar Divino Niño de Popayán
Cordialmente
***
Su casa es hoy el Hogar Divino Niño Jesús
Madres sí, pero ahora en descanso
Por Paola Fernández P.
El Liberal.
Mery una mujer de 65 años, camina lentamente, por el pasillo, sus ojos llenos de
tristeza y miedo reflejan el sufrimiento que ha vivido desde hace 11 años cuando
por azares del destino, su esposo le quitó a sus cuatro hijos. Está mujer de
mirada fija, y penetrante, es una habitante más de los 110 ancianitos que
habitan en el hogar Divino Niño Jesús.
Su historia de vida, su dolor y su angustia, solo ha tenido sosiego en este
lugar, como ella misma señala. “Hace varios años perdí mi hogar, mi familia, mi
tranquilidad, creí que nunca la recobraría, solo aquí he sentido la paz”.
Al igual que ella, Dolores Flórez, vino a parar a la institución debido a
que no tenía donde vivir, en ningún sitio le daban trabajo por la edad, lo cual
acrecentó aún más sus problemas. Aunque tenía tres hijos, la única que vivía con
ella, sufría de trastornos mentales y un día simplemente se fue. Dolores la
buscó por cielo y tierra, pero no la encontró. Pidió albergue en el hogar, y se
lo dieron, de eso hace seis años.
A sus 76 años Dolores al igual que Mery hacen parte del 30 por ciento de madres
que hay en la institución, y del 60 por ciento de mujeres que habitan en el
Hogar.
Para Isaura Martínez, de Almaguer Cauca, estar en la institución le ha traído
tranquilidad, aunque al principio se rehusara a quedarse.
“Fui sacada de mi pueblo, por mi hijo y mi nieta, quienes preocupados por las
condiciones en que vivía, de violencia y destrucción por parte de la guerrilla,
decidieron traerme a la capital. Me resistía a salir de mi rancho, cambiarlo por
un lugar ajeno. Pero al final me convencieron. Era por tres meses, ya llevó dos
años y no me quiero ir, adoro a mis 10 nietos y a mis hijos, pero estoy feliz
aquí”, señaló.
Evelia Sánchez, con sus 82 años, es una mujer abatida por el dolor, su esposo
murió en el terremoto de 1983 en la ciudad de Popayán, y su hija hace cuatro
años de un cáncer que le quitó lentamente la vida.
Su hijo y sus nietos, quedaron a cargo de ella, pero sus obligaciones impedían
estar a su lado.“Me la pasaba sola. Una vez me caí y me dañé el brazo, mi nieto se preocupó y
decidió traerme aquí para que me acompañaran. Llegué el 20 de enero de 2005.
Aunque los familiares de mi esposo han querido sacarme, yo estoy contenta,
trabajo en la ropería, y me siento útil, es un oficio decente y bonito. Algo que
me alegra la vida”, relató.
El lugar de encuentro
El Hogar Divino Niño Jesús es una institución sin ánimo de lucro, que atiende de
manera integral a las 110 personas de escasos o ningún recurso, que habitan
actualmente el recinto.
Esta institución fue creada con el fin de brindar apoyo integral y calidad de
vida a las personas mayores de ambos sexos que no tienen las condiciones o las
posibilidades de vivir con sus respectivas familias.
Para la hermana Teresa Cordero, Coordinadora del Hogar, los ancianos que se
encuentran en la institución en su mayoría tienen familia, solo un 20 por
ciento, no tiene a nadie. “Lamentablemente las circunstancias actuales de vida han hecho que las personas
no tengan las condiciones económicas necesarias para la manutención de los
ancianos o su estilo de vida les impide pasar tiempo con ellos. Lo que hace que
existan estas instituciones para velar por su sostenimiento”, afirmó.
Para ella el hogar se convierte en un sitio de rehabilitación, un lugar donde
los ancianos reciben, amor, compresión y cuidado. Donde se prestan servicios de
enfermería, fisioterapia, medicina, psicología, recreación, entre otros, todos
estos encaminados a brindar una buena calidad de vida al anciano.
Con los recursos que se tienen y el 15 por ciento de los aportes que hacen los
acudientes, se brindan, y cubren las necesidades de la población en el hogar.
El otro 85 por ciento que no tiene acudientes, o que no tiene como pagar el
aporte contribuye con su trabajo y su colaboración.
Del 15 por ciento que contribuye, solo una persona paga 300 mil pesos, las
restantes aportan entre 50 mil y 150 mil. Son valores mínimos si se tiene en
cuenta la demanda presente en el albergue y las necesidades que se tienen,
aseguró, la Coordinadora.
“En un principio los familiares de los ancianitos, se comprometen a venir, a
aportar. Empiezan bien, pero no saben continuar, la familia se preocupa más por
todas las otras cosas, que por el abuelito o la abuelita. Solo se necesita una
llamada para alegrar el alma, ya que es muy difícil remplazar a la familia. Se
hace lo que se puede, incluso nos convertimos en madres espirituales, pero la
familia es vital”, recalcó, sor Teresa Cordero.