LOS PITINGOS
Domingo 6 de mayo, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Horacio Dorado Gómez describe Los Pitingos del Barrio de
Bolívar
de la ciudad de Popayán, en la mitad del siglo XX.
Cordialmente,
***
Los ‘pitingos’ del
barrio Bolívar
Por: Horacio Dorado Gómez
Mayo 3, 2007
El Liberal.
El Callejón se llamaba al hoy barrio de Bolívar, desde el puente del
humilladero, hasta el paso a nivel del viejo Ferrocarril del Pacífico.
La mayoría de viviendas en piso de tierra, techos de zinc o paja se levantaban a
partir de la Cruz, frente a la demolida Estación del Ferrocarril, hasta el
Hospital San José. Era paso obligado para los que entraban y salían de Popayán
por la vía del norte. No había otra.
En tiempos idos, no existía nomenclatura numérica, por lo que las calles o
carreras se distinguían por nombres, y los apodos sustituían el nombre original
de familias enteras. El sobrenombre formaba parte de la vida cultural del
‘Patojo’, usado en toda clase social, casi de manera instintiva: ‘Las dos
de la tarde’ (Gálvis), ‘Los Carramplones’ (Collazos), la Caneca
(Carmen Vidal), ‘Juan Chivas’ (Chávez), ‘Aviseco’ (Velasco), el
‘Sambo’ Arturo… Y a todos los que vivían en ese ‘Callejón’ se les
conocía como los ‘Pitingos’.
No se sabe con certeza el significado, pero se cree, que así se les decía, por
pendencieros; pues no permitían que sus mujeres fueran enamoradas por personas
distintas a su barrio. Lo más seguro es que, siendo los mayores contrabandistas
de aguardiente, no sólo eran camorristas por celos de sus mujeres, sino por
temor a ser descubiertos. En cada vivienda, tenían un ‘zacatín’ -pequeño
alambique-, serpentín de cobre o destilador de aguardiente ‘Chiquito’ o
chirrincho, nombre del licor adulterado. Desde luego, de exquisito sabor y
olor, fabricado a base de anís, quizá mejor que el producido por las Rentas del
Cauca.
Para disimular el olor característico y evitar ser descubiertos, quemaban
llantas o fumaban tabaco en cantidades para confundir el olfato de los
‘perros’, guardias oficiales. Los ‘pitingos’ eran muy unidos, se
notificaban al grito de tieeemmmpooo… para advertir las rondas de la ley.
Los habitantes de ese ‘Callejón’ en su mayoría eran artesanos, albañiles,
carpinteros, cerrajeros, tenderos y herreros. Tan astutos eran los ‘Pitingos’,
que una vez ‘El Callejón’ fue cercado por la policía y agentes del
resguardo de rentas departamentales, y teniendo acumulado, enterrado en sus
casas el licor adulterado, desfilaron hombres y mujeres de luto riguroso
(trajes, medias, mantillas negras), con ataúd, flores y cirios encendidos. En un
mar de lágrimas rezaban, no a la memoria del muerto, sino para esconder en medio
del simulado fúnebre cortejo todo el aguardiente ‘Chiquito’ que tenían
para la venta, haciéndole ‘pistola’ a la autoridad.
Civilidad: El pasado, tiempo dichoso.