EL CARGUERO ("COSTALERO")
Domingo 25 de marzo, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Un educativo y detallado estudio sobre el Carguero (Costalero,
en España) de
los pasos de las procesiones de la Semana Mayor de Popayán, por el
payanés,
periodista, novelista, poeta, etc., etc., Marco Antonio Valencia Calle.
Cordialmente,
***
PECHO FIRME Y ALCAYATA A PLOMO
Por: Marco Antonio Valencia Calle.
Marzo 2007, Popayán.
Los viejos cargueros de la Semana Santa dicen que por culpa de la humedad de
Popayán se aumenta el peso de los pasos. Que si se pusieran capirote, por esa
misma humedad de ahogarían. Que muchos no sudan, que es la transpiración y la
humedad la que les moja el túnico. Dicen que los mejores días para una procesión
son aquellos de luna llena, y los peores son aquellos que por culpa de la lluvia
no pueden sacar la procesión.
A los cargueros les gusta mostrar “su huevo” para chicanear frente a sus
amigos y familiares, es decir, ese tumor que se les forma con los años de
carguío. Les gusta que se les inflame, se les haga ampolla y se reviente en
plena procesión para sentir el dolor y luego un gran descanso cuando un líquido
transparente, de agua sangre, les corra por el pecho, y así poder contarlo con
orgullo a nietos y novias. Los médicos le llaman al huevo fibroma clavicular.
Los viejos cargueros, los de antes, se ortigaban con hierbas de pringamoza para
desinflamarse los hombros, ahora dicen que esa practica la tienen prohibida.
Pero las abuelas en casa los mandan a la procesión curados con bebedizos,
pomadas y fajas para que no se revienten o se hernien en su actividad.
Los cargueros viejos se preparaban un bebedizo con brandy, miel de abejas y cola
granulada pero alguna vez a un carguero le dio churrias en plena procesión y el
bebedizo cogió mala fama. Para evitar la hernia se fajan el pecho o usan
suspensorios. La mayoría de cargueros han sufrido por culpa de su devoción de
hernias inglinales o umbilicales. Dicen que todos los que cargan el paso del
Cachorro, uno de los más pesados, tienen el ombligo brotado. Cuando un paso esta
mal acotejado, el más alto siente como se le encogen las costillas y lo peor que
puede hacer es agacharse, por el contrario, lo que tiene que hacer es “tirar
para arriba”.
Los buenos cargueros son aquellos que saben manejar los dos hombros, “es
decir los que tienen dos huevos”. Y los cargueros más hombres son los que
son capaces y tienen la osadía (y la locura) de cargar dos o tres días a la
semana. Dicen que ahora, por salud, esta prohibido cargar más de dos noches. Las
leyes del carguero son claras: hay que tener la cara en alto, el pecho firme y
la alcayata a plomo. Al carguero, la devoción le ayuda a cargar. Saberse un
Simón Cirineo le inspira, le da fuerza y lo llena de orgullo.
A los cargueros, desde hace treinta años se les prohibió mascar chicle y beber
en la procesión, pero a veces no se aguantan abstenerse ni de lo uno ni de lo
otro. No faltan las anécdotas de cargueros que se caían de borrachos al terminar
la procesión. Se sabe que hoy en día, algunos como truco de buen carguero llevan
dulces para evitar la resequedad en la garganta o las babas en la comisura de
los labios.
Cuando se coge barrote, la respiración se hace difícil, y es cuando empiezan a
pujar, y luego a soplar para inflar los pulmones. Cuando ponen la alcayata bajo
el barrote para descansar tienen la sensación de desarrugar las costillas como
si fuera un acordeón. El sudor es frío, y al terminar la noche es como si se les
hubiera vaciado un balde de agua encima. A veces la cara o las piernas les
comienza a temblar de manera involuntaria, a veces se les va las luces y sienten
que se van a desmayar y es cuando se acuerdan de Dios y por su dignidad, honra y
buen nombre comienzan a pedirle a Dios (que no a pedirla) que les de valor para
poder terminar la procesión.
Los cargueros les tienen miedo “a los críticos” que son sus propios
compañeros, es decir los cargueros de otros días. Los críticos se hacen casi al
final de las procesiones para verle la cara a los que van llegando; entonces hay
que templarse, sacar pecho y hacerse los fuertes aunque por dentro se esté a
punto de morir.
Como sea, al final de la noche, el Síndico de su paso los invitará a su casa a
comentar los pormenores, a unas merecidas empanaditas de pipían, tamales,
carantanta y mucha aloja. ([email protected])
MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE
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