POPAYAN DEL 1866
Miércoles 31 de enero, 2007
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Popayán del 1866 tal como lo describe Luciano Rivera Garrido en
uno de los artículos que incluye el libro "Museo de cuadros de
costumbres IV" de la Biblioteca Luís Ángel Arango. El articulo contiene
el fotograbado que se reproduce.
Cordialmente,
***
Museo de cuadros de costumbres IV
Varios autores
Bogotá, F. Mantilla. 1866
Publicación colombiana del siglo XIX que presenta
escritos costumbristas de diferentes autores.
POPAYAN Y PASTO
Por: Luciano Rivera Garrido
Pasamos por un bonito puente el turbulento Piendamó, más adelante los ríos Cofre
y Palacé, ambos con buenos puentes de madera, y pocos momentos después llegamos
al alto del Cauca. En aquel punto constituye el camino un amplio camellón
zanjeado. A uno y otro lado hay una multitud de casitas, rodeadas de árboles y
huertecitos.
Descendimos un poco más, y, después de haber pasado a la vera de bonitas casas,
embellecidas por los árboles y las flores, atravesamos el magnífico puente, obra
maestra de solidez y de buen gusto, que puede medir ciento cincuenta varas de
longitud sobre cuatro de latitud, tendido sobre cuatro arcos rebajados y dos
prolongadísimos estribos, todo de ladrillo y piedra de cantera.
Después del puente, se prolonga hasta la entrada de la ciudad un lindo camellón,
adornado a uno y otro lado por quintas bellísimas, dehesas cubiertas de blanco
césped, risueñas casitas, y árboles frondosos. Allí crece el manzano al lado del
naranjo, el sauce a la par del plátano y el guamo junto al durazno; la
madre-selva enreda sus bejucos cubiertos de flores entre las ramas del ciprés, y
una multitud de arbustos y de árboles crecen por todas partes, ostentando la
feracidad de la vegetación de la tierra caliente, al lado de las brillantes
flores de los climas fríos.
A la entrada de la ciudad hay dos monumentos notabilísimos: el hospital de
caridad y el puente. El hospital es un edificio elevado, de blancas paredes y
rejas verdes. Me han asegurado que tiene camas para un número considerable de
enfermos, los cuales reciben muy buena asistencia. Su aspecto es tan aseado, que
más parece la casa de un rico propietario que el asilo de la indigencia y de la
desgracia.
El puente, que pondrá en comunicación la ciudad con el camellón de la entrada,
dejando de por medio el río Molino, no está concluido aún, pues apenas hay
levantados siete arcos de los quince de que se compondrá; pero cuando la obra
esté consumada, no sólo rivalizará al puente del Cauca, sino que lo sobrepujará,
y en la República será el primero.
Popayán es una población pequeña, pero bien construida. Las calles son angostas
y los edificios muy elevados, circunstancia que le dan un aspecto sombrío y
triste. La calle Real, que es la que sirve de entrada, tiene casas muy
regulares, algunas casi tan buenas como las de Bogotá. Entre sus templos se
hacen notar por la solidez de su construcción el de la Compañía, o sea la
Catedral, y el de San Francisco. La plaza principal sería bonita si su costado
meridional no se mostrara desnudo y desapacible como un montón de escombros.
Entre los edificios de otro orden, son dignos de mención el palacio, residencia
del obispo, y la casa de gobierno.
La ciudad tiene hoy tres imprentas, entre ellas una recién importada del
extranjero; un colegio mayor para el estudio de humanidades, el seminario y una
escuela de primeras letras. No hay casas de educación para señoritas.
Popayán es una de las más célebres ciudades de Colombia, por el notable papel
que desempeñó en la guerra magna, y por haber sido patria de muchos hombres
ilustres. Es de admirar que todavía esté en pie, como un antiguo torreón que no
han podido derribar furiosos vendavales, habiendo sido combatida por espantosas
vicisitudes. Baste saber, para abono de lo que digo, que desde los tiempos de la
colonia, hasta nuestros días, ha sido tomada militarmente sesenta y nueve veces.