DIEGO DE NICUESA
Sábado 9 de diciembre, 2006
De Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Diego de Nicuesa,
explorador, conquistador, aventurero, nació en Baeza, Andalucía en
1464 y murió desaparecido en el mar en 1511. "Era un rico hidalgo y
trinchador en casa de Henríquez, tío del Rey Fernando. Pequeño de estatura,
activo, ágil, maestro insigne en el manejo de las armas, elegante, caballeroso y
en la flor de la edad, en mala hora para él se le ocurrió entrar en la lid para
conquistar glorias y riquezas en el Nuevo Mundo".
En 1501 Diego se embarcó para el Nuevo Mundo con Américo Vespucio y Alonso de
Ojeda y regresó a España. En ese entonces el Continente conquistado fue dividido
entre dos gobernaciones: Castilla de Oro al occidente del Golfo del Darién y la
parte oriental Nueva Andalucía. Diego pidió la gobernación de Castilla de Oro y
merced a sus relaciones en la Corte, fácilmente lo logró. Alonso de Ojeda fue el
Gobernador de Nueva Andalucía. El Rey Fernando le dio como tarea el colonizar a
Veragua, en las Costas de Panamá. Ambos nuevos Gobernadores salieron de San
Lúcar en 1509.
El descubridor era un galán, vestía con lujo, tenía una servidumbre ostentosa,
derramaba á manos llenas el oro en todas direcciones, galanteaba a las damas,
tocaba guitarra, cantaba y montaba en una yegua morisca que bailaba con primor y
poco a poco empezó a faltarle dinero para cubrir los gastos de la expedición.
Sus acreedores resolvieron no dejarle partir sin que antes les hubiese pagado y
le aguardaban á la salida de la ciudad para apoderarse de él y obligarle a que
les pagara lo que les debía. Afortunadamente para Nicuesa apareció un Notario
público, quien, compadecido de un caballero tan gallardo como Nicuesa lo salvó con una generosidad inverosímil entre
los aventureros de la época.
Al pasar Nicuesa frente a Calamar (Cartagena) y Turbaco, se encontró que Ojeda
estaba vencido por los indígenas, sus fuerzas diezmadas y sin alimentos. Diego
le proporcionó una ayuda providencial. Nicuesa escogió entre sus setecientos
hombres que llevaba, los más valientes y esforzados y con Ojeda atacó, incendió
y deshizo á los indígenas de Turbaco. Ojeda pudo continuar con su viaje.
Prosiguiendo
Nicuesa su itinerario, se dirigió a las costas del Darién,
buscando un puerto seguro donde poblar y como
las embarcaciones grandes que llevaba no podían acercarse lo suficiente a la
orilla, mandó que la escuadra al mando de Olano aguardase sus órdenes en alta
mar, y que dos bergantines permanecieran a la vista, mientras que él costeaba en
una carabela pequeña. Pero en su marcha se presentó una furiosa tempestad que lo
obligó a entrarse con su carabela en un río que le pareció caudaloso pero bajaron
las aguas y la carabela se sumergió con todo lo que contenía, salvándose su
tripulación..
Todo aquel litoral era árido y desierto; sin armas y expuestos a la furia de los
salvajes, que según noticias, eran antropófagos, la situación de Nicuesa y sus
compañeros fue angustiosa. Y se decidieron continuar a pie por aquella playa.
Nicuesa consolaba y animaba manifestándose más valiente y denodado que todos
ellos, pero notaban que los indígenas los estaban vigilando continuamente..
Encontraron una isla y descansaron en ella. Pero un día desapareció la lancha
y cuatro de sus hombres. Trascurrían los días y a cada momento menguaba la
esperanza de socorro, y crecían: el hambre, la desnudez y el peligro. Manteníanse
con algas marinas y mariscos que encontraban en las playas, y aún cuando pasaban
por cerca de enmarañados bosques, no se atrevían a internarse en ellos para
buscar raíces y frutas. Al cabo de pocos días parecían espectros: tanta era el
hambre y sobre todo la sed. Todas las mañanas Nicuesa hallaba el cadáver de
alguno de ellos que había fallecido durante la noche.
Al fin un día, cuando habían perdido toda esperanza y aguardaban una muerte
segura, vieron los náufragos aparecer a lo lejos la vela de una embarcación que
se fue acercando a la isla y saltaron a tierra los cuatro marineros que habían
desaparecido con la lancha. Explicaron éstos entonces que se habían propuesto
ir a buscar la ayuda de Olano.
Nicuesa mandó tomar prisionero a Olano por traidor y causante de tantas
desgracias como habían sufrido todos y ordenó que sin demora llevasen á Olano a
tierra y le ahorcasen al instante. Este rigor le proporcionó enemigos que
causaron su pérdida.
Los españoles decidieron acampar en las orillas del río Belén. Los alimentos que
podía proporcionar el lugar estaban agotados. Se realizaron varias expediciones
en busca de comidas pero los naturales defendían sus haberes con todo éxito y
además algunos morían atacados por los nativos.
Así trascurrieron varios meses. Por lo que Nicuesa resolvió levantar el
campamento de allí, y pasar a otro lugar que le fuera más propicio. El
Gobernador dejó una guarnición muy reducida en la fortaleza y puso proa a Portobelo
en donde sufrió varias bajas de personal a manos de los indígenas, por
lo que desalentado continuó costeando el litoral y como notara una tierra al
parecer fértil y toda cubierta de una capa espesa de monte y cocales, a
su espalda altas sierras y , un puerto al frente, exclamó : Paremos aquí, ¡en
nombre de Dios! y así bautizó el lugar: Nombre de Dios y el Gobernador
tomó posesión de él y procedió a construir allí una fortaleza para
defenderse de los indígenas.
Pero el nuevo lugar tenia naturales inhospitalarios y para conseguir alimentos
tenían que librar combates a diario, en el cual morían algunos españoles.
Pasaban las semanas y los meses, y la situación no mejoraba absolutamente, y
disminuían cada día su personal. De los 700 hombres que salieron de la Española
no quedaban sino 70. Después de un año en esas terribles condiciones y habiendo
llegado al último grado de miseria y desconsuelo, vieron llegar al puerto un
navío repleto de provisiones para ellos que llevaba Rodrigo de Colmenares.
Nicuesa era un fantasma amarillo, andrajoso y triste, no el gallardo y animoso
caballero de antes.
Informado Nicuesa por los comisionados del Cabildo, sobre la fertilidad del
suelo, los progresos alcanzados por la colonia y por el botín logrado de la
lucha contra Cémaco, el Gobernador Nicuesa se expresó con amenazas y castigos,
una vez asumiera el mando de la colonia, situación que motivó la alarma de los
comisionados, y los habitantes de Santa María de La Antigua informados
previamente de las intenciones de Nicuesa se opusieron al desembarco del mismo
cuando llegó a Santa Maria. Ante la negativa de los pobladores, Nicuesa suplicó
que se le recibiese como un simple soldado y no como Gobernador, petición que
le fue negada.
El 1 de marzo de 1511, los colonos trasladaron a Nicuesa a un navío en malas
condiciones y con alimentos para dos días y lo dejaron en el mar. Sólo 17
personas quisieron seguir la suerte del Primer Gobernador de Castilla de Oro.
Hasta la fecha, no se ha podido saber de lo ocurrido con Diego de Nicuesa y su
gente. "Nicuesa brilló como un meteoro sobre el horizonte, con luz fatídica,
para hundirse después en las tinieblas de lo desconocido".
Cordialmente,