UNA DE
VAMPIROS
En la escuela se dice que Tomás , es vampiro.
Tomás es un pibe alto, flaco y muy , muy pálido que vive con la abuela a unas cuadras de mi casa.
Tomás vino a la escuela a partir de este año.
Siempre llega tarde. Pálido , ojeroso , dientudo. Verdaderamente no tiene buen
aspecto.
Vamos al mismo grado , pero él es algo mayor
porque repitió un par de años. En la fila , es el último ... y yo el primero.
Desde mi lugar puedo verlo en la otra punta, con
su cogote largo y el pelo engominado. Parece que una vaca le pasó la lengua por
la cabeza.
La maestra no es muy amable con él. Ni qué decir
los chicos. Yo nunca fui malo con él , pero creo que tampoco fui bueno.
Hay dos que se dedican , especialmente a
mortificarlo: Arturo y Joaquín. Y no es que se le animen por tamaño si no por
ser dos.
- Ché, Tomás ! ¿ Hace frío allá arriba , obelisco
con patas?
- Tomasito ¿ Con qué te peinaste , con moco de
rinoceronte?
Y las carcajadas suenan en el aula.
Y así todos los días . Hasta un el día en que a
todos se nos borraron las risas de golpe.
- Ché , Tomás ¿ Qué tomás? ¿ el colectivo? ¿ un cafecito? - le preguntó Joaquín
mientras le guiñaba un ojo a Arturo.
Entonces Tomás se puso de pie y desde allá arriba
bajó la mirada hasta donde se encontraba Joaquín. Con sus largas y blancas
manos tomó la solapa del guardapolvo y lo levantó hasta poner sus ojos a la
misma altura. Y así , frente a frente, con mucha calma , le dijo:
- ¿ Sabés lo que tomo? Yo acostumbro desayunarme
con la sangre calentita de los bocones peleadores como vos.- Y le mostró los
dientes.
Las patitas de Joaquín colgaban en el aire y se
movían inquietas como buscando el piso.
Todos nos quedamos boquiabiertos y en silencio,
hasta que el ruido de Joaquín al caer al suelo nos hizo reaccionar y cerrar la
boca.
Tomás se dio media vuelta y se fue al patio.
Joaquín estaba blanco como un papel. Lo ayudamos
a levantarse y pasó un rato largo hasta que pudo pronunciar alguna
palabra.Primero movía la boca y no salía ni un ruido, después las palabras no
se le entendían y por último comenzó a hablar:
- Toto Toto - balbuceaba.
- ¿ Qué Toto?- le preguntábamos.
- más más
- decía con la voz entrecortada.
- ¿ Querés más ? ¿ Qué más? - gritábamos sin
comprender.
- To-
to - más. Tomás.
Tomás . -pudo finalmente tartamudear -
To-tomás es un vam, es un vam...
- ¿ Un bandido?- dijo Arturo a los gritos.
- No es un vam , es un vam... - se desesperaba
Joaquín.
- ¿ Un vanidoso? - le pregunté.
- ! Cállense ya y déjenme terminar de una vez -
vociferó Joaquín, recuperando la palabra y las malas maneras al mismo tiempo. -
Tomás es un vampiro!!
- OH!!! - suspiramos todos a coro.
- No se dieron cuenta? No vieron que tiene cara de vampiro: es blanco como un muerto .
tiene esas ojeras que le cuelgan siempre de los ojos. Además es flaco , alto. Y
tiene esos dientes enormes... Es igual al vampiro de una película que yo vi. Y
por si fuera poco él mismo lo confesó.¿ Escucharon? ... Chupa la sangre. No hay
duda, Tomás es un vampiro , de acá a Transilvania.
Todos nos miramos. Y si alguien no estaba de
acuerdo con lo dicho por Joaquín, nadie se atrevió a discutírselo.
Además la historia cerraba y quedó muy claro para
todos que Tomás era un niño vampiro hecho y derecho.
Lo cierto fue que a partir de ese momento, ya
nadie volvió a molestar a Tomás.
Comenzaron a correr comentarios. Se decía que la
mujer que vivía con Tomás , no era la abuela sino la bruja que lo había
convertido en vampiro. Que Tomás tenía como cuatrocientos años y que dormía en
un ataúd.
Los chicos iban a la escuela con dientes de ajo
en los bolsillos. Tal fue así , que un día de calor , la maestra tuvo que salir
al patio a tomar aire , porque en el aula no se aguantaba el olor a ajo.
Al poco tiempo , Tomás dejo de venir a la
escuela.
Arturo y Joaquín
corrieron la voz de que ya no venía porque no soportaba el efecto del
ajo . Y como nadie dio otra explicación, quedó aceptada esa teoría.
Yo nunca conté nada de todo esto en mi casa ,
porque sabía que me iban a decir que eran tonterías ( ellos no creen en
vampiros y esas cosas )
Un día a la tardecita me llamó mi mamá para
pedirme un favor. Quería que le alcanzara una carta a una vecina que había
llegado por error a nuestra casa.Era casi la misma numeración , pero a dos
cuadras de distancia.
Empecé a caminar tranquilamente hasta que llegué
a la cuadra que figuraba en la carta. Era la cuadra en que vivía Tomás. A
medida que buscaba los números en las casas y me iba acercando a la de Tomás el
corazón latía con más fuerza y en la panza aparecían los primeros síntomas ya
conocidos del miedo. Además ya había empezado a oscurecer y eso empeoraba las
cosas.
No podía tener tanta mala suerte. No podía ser
que fuera justo esa la dirección.
Pero sí , así era . La dirección que figuraba en la carta era exactamente la
de la casa de Tomás ... el vampiro.
La casa era muy vieja y estaba construída al
fondo del terreno.El jardín estaba descuidado y tenía muchos árboles. Entre la
oscuridad y la vegetación la casa se me aparecía como el tétrico castillo del
conde Drácula .
-
Bueno - pensé - no tengo porqué llamar, con que le deje la carta en el
buzoncito, suficiente.Y con ese pensamiento metí el sobre por la ranurita del
buzón ,pero la mala suerte continuaba y
se me trabaron los dedos , de tal forma que no podía retirar la mano , para
llevármela con el resto de mi cuerpo lo más lejos posible de allí.
Estaba luchando para destrabarme cuando levanté
la vista y lo que vi , me horrorizó... Allí, enfrente de mi, entre las sombras
del jardín , apareció él...
Sí, Tomás estaba allí y su visión no hacía más
que confirmar las terribles sospechas que de él tenía Sus ojos brillaban en la
penumbra con destellos de fuego. Sus manos se agitaban en el aire , de un lado
a otro como queriendo volar. Y lo peor de todo ... de su boca chorreaba un
líquido oscuro , viscoso ... ! Sangre! .
En ese momento, me vió. Sentí que el cuerpo se
paralizaba. Veía como se acercaba y no podía moverme , ni siquiera para
intentar quitar mis dedos del buzoncito.
- ¿ Sebastián ? -me preguntó.
Yo pensé que ese era mi último instante. Ya me
veía con los colmillos hincados en mi querido cuellito y convertido en vampiro
por toda la eternidad.
- Ché , Seba. ¿ Sos vos ? - insistía Tomás cada
vez más cerca.
Con la mano que tenía libre revisé el bolsillo
del pantalón , esperando encontrar algún diente de ajo que pudiera haber
quedado olvidado , pero no , no había ni uno.
- Si. Sos vos . ¿ Qué hacés por acá , Sebastián ?
Nunca habías venido a visitarme .
No podía contestarle . Tenía la lengua seca e
inmóvil en el fondo de mi boca.
Ché , Sebastián ¿ te quedaste mudo? Y a vos ¿ no
te pican los mosquitos?- me preguntó ,
mientras agitaba las manos en el aire de un lado para otro como ... ¿ cómo
queriendo espantar los mosquitos?
- ¿ No querés una ? - Y mientras me hablaba
arrancó algo de un árbol y extendió una mano hacia mí, ofreciéndome un puñado
de moras , a la vez que con la otra mano se limpiaba la chorreadura de la boca
: un líquido oscuro y viscoso como... ¿ como jugo de mora?
A esta altura yo ya no sabía si tener miedo ... o
una profunda vergüenza.
De pronto supe claramente que Tomás no era ningún
vampiro.
- Seba ¿ Te ayudo? . Entonces Tomás me ayudó a
quitar los dedos de la ranura , retiró la carta y me invitó a pasar a su casa.
Aún con cierto temor acepté la invitación.
Tomás se disculpó por el desorden y me convidó
una taza de mate cocido.
Así me enteré , que había dejado de ir a la
escuela porque su abuela sufrió un accidente y el tuvo que tomar la casa a su
cargo. Debía ocuparse de hacer las compras , lavar la ropa , hacer la comida,
en fin todo lo que hay que hacer en una casa, además de atender a su abuela.
La abuela Dora es toda su familia, por eso la
complace en cada uno de los gustos ,
incluyendo el horrible peinado engominado que personalmente le hace cada
mañana.
Fue a llevarle el sobre a la abuela y volvió
saltando de alegría. Había escrito una hermana de su abuela , que enterada del
accidente, había decidido mudarse por un tiempo, para atenderla y colaborar en
la casa.
! Tomás podía volver a la escuela !!
Nos abrazamos , le pedí perdón por mi estupidez y
le prometí ser su amigo incondicional.
Tomás me pidió un único favor : que no le contara
a nadie que él no era vampiro.
Yo , no solamente le di mi palabra, sino que al
día siguiente sorprendí a mi mamá, pidiéndole que me peinara a la gomina.
Y a partir de ese día y por mucho tiempo, en la
escuela no se habló de otra cosa que de Tomás y Sebastián , los temibles e
inseparables vampiros.