Algunos fragmentos :

SEGISMUNDO, príncipe de Polonia  ha sido encerrado en un castillo, sin conocer su origen noble.

SEGISMUNDO:

¡Ay mísero de mí, y ay infelice!

Apurar, cielos, pretendo,

ya que me tratáis así,

qué delito cometí

contra vosotros naciendo.

Aunque si nací, ya entiendo

qué delito he cometido;

bastante causa ha tenido

vuestra justicia y rigor,

pues el delito mayor

del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber

para apurar mis desvelos

--dejando a una parte, cielos,

el delito del nacer--,

¿qué más os pude ofender,

para castigarme más?

¿No nacieron los demás?

Pues si los demás nacieron,

¿qué privilegios tuvieron

que no yo gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas

que le dan belleza suma,

apenas es flor de pluma,

o ramillete con alas,

cuando las etéreas salas

corta con velocidad,

negándose a la piedad

del nido que dejan en calma;

¿y teniendo yo más alma,

tengo menos libertad?

 

 

El Rey su padre lo había encerrado porque los astros le habían señalado que Segismundo seria un tirano cruel.

La prueba que hacen de llevarlo al palacio y contarle la verdad parece confirmar esas profecías y así deciden devolverlo a su encierro para que piense que todo fue un sueño.

        

Un grupo de cortesanos decide liberarlo ,por que lo reconocen como su soberano.

 

 

Nuevamente en libertad, SEGISMUNDO demuestra su sabiduría.
 
Esto es sueño; y pues lo es,
soñemos dichas agora,
que después serán pesares.
Mas ¡con mis razones propias
vuelvo a convencerme a mí!
Si es sueño, si es vanagloria,
¿quién por vanagloria humana
pierde una divina gloria?

 

 
acudamos a lo eterno;
que es la fama vividora
donde ni duermen las dichas,
ni las grandezas reposan.

 

 

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