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BAUTIZO CON FUEGO
Desde el 2000, he integrado orgullosamente la familia de los halcones como tripulante del helicóptero Black Hawk UH-60 y he participado en innumerables operaciones de orden público que han forjado mi voluntad de lucha y la fortaleza mental para enfrentarme a las adversidades. Todo ello, resultado del entrenamiento que recibí durante tres meses en Estados Unidos y siete en Colombia, logrando así ser promovido a piloto de UH-60, mi sueño personal y profesional.
A finales de 2005, fui asignado para participar en una operación coordinada de asalto aéreo de la Fuerza Aérea y la Policía Nacional en el departamento del Putumayo, importancia de la operación era tal, que el señor Mayor General José Vicente Truena Molina, Comandante del Comando Aéreo de Combate No. 5, Rionegro, Antioquia, señor Teniente Coronel Donald Tascón Cárdenas, Comandante del Grupo de Combate No. 51, y señor Mayor José Luis Rincón Restrepo, Comandante del Escuadron de Asalto No. 512, supervisaron el pronto despegue del helicóptero FAC 4106 hacia la base de lanzamiento ubicada en Villa Garzo?n, Putumayo.
Una vez arribamos a nuestro destino, procedimos a recibir la información de inteligencia, planificar la misión e integrar un elemento compuesto por dos UH-60 de la Fuerza Aérea. La operación denominada Camaleón tenía como objetivo golpear la estructura del Frente No. 48 la de la organización narcoterrorista de las Farc, cuyos integrantes se replegaban en el Sur del Putumayo, en cercanías a la frontera de Colombia con Ecuador, la misión consistía en efectuar una operación de asalto aéreo con 32 hombres Jungla de la Policía, quienes serían transportados en los UH-60, y capturar a uno de los cabecillas de las Farc en la población Brisas del Amarradero, Putumayo.
A las 10:00 a.m. despegamos desde Villa Garzón, como líder estaba el UH-60 FAC 4108 procedente del Comando Aéreo de Combate No. 2, Apiay, Meta, y como Ala el FAC 4106 del Comando Aéreo de Combate No. 5, Rionegro, Antioquia, el cual comandaba con el Subteniente José Luis Oliveros Gómez, Técnico Segundo Diego Rojas Sánchez y Técnico Segundo Gustavo Adolfo Giraldo Zapata, combatientes con los que no dudaría en volver a realizar este tipo de operaciones; en el Halcón Líder se encontraban los señores Mayor Rodrigo Cortés Peralta, Subteniente Miguel Ángel Pedraza Barrantes, Técnico Segundo Arlet Ricardo Parrado Mora y Técnico Tercero Wilmer Uriza. Nuestra zona de asalto era un campo que se encontraba ubicado en la entrada del caserío a sólo 200 metros de la vivienda del narcoterrorista que buscábamos, debíamos hacer la captura durante el di?a para facilitar la rápida identificación del cabecilla, además, tan sólo contábamos con una hora para entrar y salir con el capturado y 32 hombres Jungla a bordo de los dos helicópteros Black Hawk, operación que debíamos realizar antes que el enemigo se reforzara y nuestro dispositivo quedara en desventaja por la posible superioridad numérica de los narcoterroristas.
En el lugar del desembarco se encontraba un avión AC-47T, Fantasma y un helicóptero Arpía que efectuaban la escolta aérea. El Halcón Líder reportó el punto de chequeo: check point 5 minutos antes de desembarcar, el Arpía informó que no logró preparar el campo de aterrizaje (ametrallar la zona para el asalto con el fin de detonar cargas explosivas, en caso de que el enemigo las hubiese sembrado) y que habían construcciones y presencia de población civil, sin embargo, empezó a dar las orientaciones respectivas al Halcón Líder para que los dos UH-60 aterrizáramos. Viramos a la izquierda progresivamente hasta el punto de liberación para el asalto (release point), nos ubicamos en acercamiento a la final a 100 pies sobre el terreno y 110 nudos con rumbo 090o, en formación en trail a dos rotores de distancia, buscamos una desaceleración rápida, próximos al campo, a 400 metros de la zona de desembarco empezamos a recibir fuego del enemigo desde las viviendas ubicadas a las 10, a la 1 y a las 2 de nuestra posición.
Una de las ráfagas impactó mi aeronave en la burbuja inferior al lado del puesto del piloto, los cables del sistema antihielo del parabrisas fueron afectados y el panel protector de los instrumentos de vuelo perforado, lo que ocasionó que el parabrisas de mi lado se fragmentara. Se escuchaba gran cantidad de disparos desde varios cuadrantes de la aeronave, los dos UH-60 procedimos a abortar el aterrizaje. El Líder informó la situación al Arpía, los Halcones iniciamos virajes evasivos, los tripulantes de mi helicóptero abrieron fuego de defensa con las dos ametralladoras M-60 hacia los sitios donde el enemigo nos disparaba. Observé cómo las cortinas de fuego pasaban frente a nuestro helicóptero, otras cruzaban por el costado derecho del rotor principal hasta que al unísono sentimos que nos habían impactado un motor, continuamos con las maniobras evasivas y aceleramos hasta cruzar la carretera que ingresaba al pueblo. Aún después del caserío seguían disparando de forma ininterrumpida tanto al Líder como a nosotros, afortunadamente las maniobras fueron efectivas y no recibimos más impactos.
La cabina quedó llena del polvo blanco en que se convierte la fibra de vidrio producto del impacto. El olor a pólvora invadió la atmósfera de la cabina, la adrenalina aumentaba, todo sucedió tan rápido que el copiloto creyó que me habían asesinado y tomó los controles pero en ese preciso instante, le dije que estaba bien y que iba a continuar con el mando de la aeronave para que él y los técnicos verificaran su estado. Me concentré en volar fuera del sector, observé las indicaciones de los motores y de la transmisión con el fin de determinar en qué momento pudiesen fallar o fuésemos derribados. Finalmente, después de un minuto constante de hostigamiento desde varios cuadrantes, logramos salir de la zona y en vista que el Halcón Líder también había efectuado maniobras evasivas, nos reunimos cinco millas fuera del caserío, y nos nivelamos a 6.000 pies sobre el terreno. El Líder informó que lo habían impactado en repetidas ocasiones y que llevaba dos heridos a bordo, un Técnico de Vuelo y un Policía, quienes fueron impactados en un brazo y en una pierna, respectivamente. Preguntamos a los Policías que llevábamos a bordo cómo estaban, fue un gran alivio saber que todos estaban sanos y salvos. En ese momento, lo importante era aterrizar. Retornamos a Villa Garzón.
Cuando aterrizamos inspeccionamos la aeronave, encontramos que había sido impactada por disparos calibre 7.62, una de las ojivas se localizó entre los pedales del piloto. Además, la aeronave sufrió daños en el parabrisas, panel de instrumentos, cubierta superior del motor No. 2, partes del rotor principal y daño en el cableado. Los dos UH-60 de la Fuerza Aérea Colombiana entraron en mantenimiento por tres días y una vez listos fue nuevamente planificada y ejecutada la misión, esta vez con la participación de nuevas tripulaciones de UH-60 y UH-1B de la Fuerza Aérea, el Ejército y la Policía Nacional, que llegaron a reforzar nuestro esquema y a continuar con la ofensiva. Aunque algunos fueron impactados, se logró dejar en claro la tenacidad y persistencia de los integrantes de la Fuerza Pública por cumplir con la tarea asignada. A partir de ese inolvidable bautizo de fuego, no tengo sino una infinita gratitud para con Dios por habernos sacado ilesos de esa zona y permitirnos seguir disfrutando de la vida.
También le agradezco al UH-60 por ser una aeronave fuerte en medio del combate, ya que por sus capacidades no fue derribado, así lo ha demostrado en otras operaciones como la Escarabajo, en la cual realizamos un asalto aéreo vertical en papel con tropas de operaciones especiales del Ejército en busca de un cabecilla de las Farc. Allí, uno de los halcones que efectuaba vuelo estacionario sobre la copa de los árboles para insertar a los Comandos, fue impactado varias veces por fuego enemigo, desde el rotor de cola hasta el motor No. 2, sin embargo, logró salir de esa zona y regresar a la base de lanzamiento donde se verificó cuáles de sus componentes habían sido afectados y se comprobó que dada la tolerancia balística con que fue construido, la redundancia en sus sistemas y la supervivencia que tiene para resistir los ataques, no fue derribado, por lo que no cabe duda que el Black Hawk, punta de lanza en nuestra guerra, es un helicóptero que vale su peso en oro en los momentos de crisis, salva la vida de las personas que lleva a bordo y pasa de ser una gran máquina a convertirse en un amigo leal.
La guerra está llena de angustias, dolor y sangre pero también de sueños y esperanzas. La paz se construye a costa de muchos sacrificios, entre ellos nuestra propia vida cuando así lo demandan las circunstancias, tomar decisiones a cada minuto para definir la victoria en medio del combate, con la convicción de seguir adelante sin esperar grandes recompensas y aportando nuestro profesionalismo en pos de defender los intereses de Colombia, con la lealtad, templanza y fidelidad a los códigos y juramentos que nos rigen y en los que afirmamos nunca abandonar a nuestros compañeros de combate. ¡Hombres de guerra, halcones valientes sigamos adelante!
“Dedicado a la memoria del señor Capitán Elkin Raúl Cufiño Marín Q.E.P.D. un superior y un amigo, Copiloto del helicóptero UH-60 Black Hawk FAC 4123 del Escuadrón de Asalto No. 512 del Comando Aéreo de Combate No. 5, quien ofrendó su vida en el cumplimiento de una evacuación aeromédica en combate durante la operación "Nautilius", en el área rural del municipio de Campamento, Antioquia, el 4 de diciembre de 2002.
Y a la memoria del señor Sargento Segundo Escenober Grannobles Murillo Q.E.P.D. Lancero del Grupo de Operaciones Especiales del Ejército Nacional, quien ofrendó su vida en acciones de orden público durante la operación "Escarabajo", el 25 de julio de 2006.Dos ejemplos de la sangre noble y guerrera que poseen los Soldados en Colombia.Que Dios los tenga junto a Él y desde allá nos ayuden a ganar la guerra.”
Capitán Gildardo García Galvis, 18 de mayo de 2007 |
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