HEROES ANONIMOS, HEROES OLVIDADOS
Se olvida muy rápidamente a esos soldados y oficiales que jamás ocuparán grandes titulares, ni cuyas fotos saldrán en las páginas sociales o serán objeto de actos públicos de reconocimiento. Hombres y mujeres, que alejados de sus familias y soportando inclemencias, son artífices del éxito.
Por César Castaño Rubiano
Fecha: 07/28/2008 -
En días pasados, la atención de los colombianos giró alrededor de la celebración del aniversario de la independencia nacional. Los medios de comunicación no cesaron de invitar a las actividades programadas, entre otras, la marcha por la liberación de los cautivos, el gran concierto nacional, el desfile militar en Leticia, en fin, todos los actos para manifestar, en esencia, el amor por Colombia.
Sin embargo, en medio de ese júbilo patriótico y del rotundo éxito de los eventos desarrollados, pocos recordaron nombres como el del sargento del Ejército Hélmer Javier Pérez Chamorro quien perdió la vida al intentar salvar la de los diputados del Valle del Cauca, o el soldado profesional Jhon Fredy Hernández quien pereció cuando rescataba a sus compañeros en medio de un campo minado, o el subteniente Diego Alejandro Barrero Guimand asesinado por un francotirador mientras conducía su patrulla en el nudo de Paramillo, o el del subteniente Luis Eduardo Villegas Forero, ultimado cuando se enfrentó a un grupo de plagiarios durante el rescate de un secuestrado. Estos personajes poco a poco caen en el anonimato, en el olvido, como cientos de soldados, infantes de marina o policías muertos o afectados en su integridad. Héroes anónimos perpetuados en la memoria de sus familias, exaltados ocasionalmente por sus instituciones, pero generalmente olvidados por sus conciudadanos.
Probablemente muchos colombianos no saben, que existe una ley que obliga a rendir homenaje a estos héroes, y su desconocimiento, muy seguramente, se debe a la escasa difusión que ha tenido el acto legislativo. Por ello es necesario recordar que, en 2004, un grupo de nacionales liderados entre otros por la Fundación “Colombia Herida”, logró que se promulgara la Ley 913, la cual destina el 19 de julio como el “Día de los héroes de la Nación y sus familias”. En esa fecha, que simbólicamente antecede al aniversario de la independencia, las autoridades civiles, militares, y de policía, están obligadas a realizar ceremonias que exalten los logros de quienes ofrendaron su vida o integridad, y a la vez agradecer públicamente a las familias su sacrificio. Dispone además la citada ley, que toda dependencia oficial, privada y eclesiástica de la Nación y en general todo el pueblo colombiano debe, ese día, izar el estandarte Nacional a media asta en conmemoración de aquellos militares o policías que se han sacrificado por la libertad.
En la práctica, sin embargo, el homenaje se reduce, desde hace cuatro años, a una ceremonia militar en una plazoleta aledaña al Ministerio de Defensa donde está el “Monumento a los caídos en acción”. En este acto están presentes generalmente, militares, policías, asociaciones de retirados y uno que otro medio de comunicación, dependiendo eso si, del personaje que asista o la coyuntura del momento. Este acto debería ser realmente un reconocimiento nacional con la ciudadanía, en todo el país, como una efectiva muestra de solidaridad con las familias de tantos hombres caídos en cumplimiento del deber.
Si se ha avanzado en seguridad, si los colombianos, aun en medio de tantos problemas, respiran un aire distinto al de hace unos años, es porque tenemos héroes. Y si tenemos militares y policías de quienes sentirnos orgullosos, es porque tenemos todo un pueblo capaz de gestarlos, de procrear hombres y mujeres que nos permiten mirar a nuestros enemigos con la frente en alto, sin la humillación de hace unos años, en los que la cobardía y la debilidad nos agobiaban.
Cuando se habla de las históricas operaciones desarrolladas por la Fuerza Pública en los últimos tiempos, se exalta generalmente a los estrategas, es decir, al Presidente, al Ministro de Defensa y a la cúpula militar o policial. Pero se olvida muy rápidamente a los verdaderos héroes, a esos que jamás ocuparán grandes titulares, ni cuyas fotos saldrán en las páginas sociales o serán objeto de actos públicos de reconocimiento. Hombres y mujeres, que en lugares recónditos, alejados de sus familias y soportando inclemencias y riesgos, son los verdaderos artífices del éxito. Razón tenía quien dijo, que los verdaderos héroes de la historia son las personas comunes.
Si bien los éxitos reposan en manos de los líderes, hay que recordar que la grandeza no es cuestión de unos pocos, de todos necesita y todos la construyen. La historia cuando habla de grandeza, no habla de dimensiones, sino de alguna fe que se comparte. Y podemos tener certeza, que será la fe de esos héroes anónimos y en ocasiones olvidados, la que permitirá establecer la paz y derrotar aquellas fuerzas, de todas las extremas, que ancladas en una posición violenta y absurda, pretenden doblegar la voluntad del pueblo colombiano.
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* César Castaño rubiano es historiador militar |
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