Esa mujer es tuya, pero también es mía.
Si es más
mía que tuya, lo saben ella y Dios.
Sólo se que hoy me quiere como
ayer te quería,
aunque quizá mañana nos olvide a los dos.
Ya ves: ahora es de noche. yo te llamo mi amigo;
yo,
que aprendí a estar solo para quererla más;
y ella, en tu propia
almohada, tal vez sueña conmigo;
y tú, que no lo sabes, no la
despertarás.
¡Qué importa lo que sueña!. Déjala así, dormida.
Yo
seré como un sueño sin mañana ni ayer.
Y ella irá de tu brazo para
toda la vida,
y abrirá las ventanas en el atardecer.
Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.
Ya es
tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,
y nunca rompo el vaso
donde bebí un buen vino,
ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el
mar.
Y pasarán los años favorables o adversos,
y nacerán
las rosas que nacen porque sí;
y acaso tú, algún día, leerás estos
versos,
sin saber que los hice por ella y para
ti....