EL HECHO RELIGIOSO
http://www.redjoven.org/tefondo/hechoreli/hechoreli.htm
1. Un hecho universal
Que la religión sea un
hecho es una afirmación elemental, innegable. En cualquier ciudad que uno
visite se encuentra con múltiples datos de ese hecho. Lo más visible será la
arquitectura: catedrales, sinagogas, pagodas, mezquitas... Pero a poco que uno
se interese por las artes, la encuentra también presente en todas ellas:
cuadros de pintores famosos, composiciones musicales, escultura, literatura...
Y luego, en la vida cotidiana: saludos, refranes, fiestas, el mismo nombre de
ciudades y calles...
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Es, además, un hecho de
siempre. Es lo que dicen los historiadores y los antropólogos quienes ya en
la prehistoria encuentran sepulturas, monumentos megalíticos, pinturas
rupestres, ofrendas y sacrificios, danzas sagradas, ritos funerarios... Más
tarde el culto a los astros y a los dioses de la tierra. Las más cercanas a
nosotros son las religiones del mundo griego y romano, que conocemos a través
de sus mitologías. Y también los dioses de las culturas precolombinas. |
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Ahora mismo somos
testigos de la existencia de diversas religiones que llenan el mundo entero.
Son religiones muy antiguas como puede verse en sus libros sagrados: las
Upanisads, la Biblia, el Corán...
2. Los grandes interrogantes del ser
humano
Como ser pensante y
sintiente la persona ha tratado de buscar y entender el significado profundo de
la vida, ya que espera satisfacer su deseo de plenitud, y alcanzar la auténtica
felicidad.
En esa búsqueda se
plantea una serie de interrogantes:
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¿Quién
soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué existe el dolor, la
enfermedad, la muerte? ¿Por qué no hay nada que nos llene del todo? |
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¿Por
qué sufrimos? ¿Por qué y para qué trabajar, la familia, el amor, el mal...?O,
¿para qué vivimos, qué hacemos aquí, qué pasa después de la muerte?... |
Son preguntas que en unos
momentos o en otros todos nos hacemos, sobre todo en situaciones extremas de
soledad, fracaso, situaciones límite como la muerte de un familiar o un amigo,
un accidente grave, una enfermedad incomprensible...
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Las respuestas que se
ha dado a esos interrogantes han sido varias. He aquí alguna de ellas: - Existen quienes ante
la dificultad que suponen estos interrogantes, no se los plantean, no se
hacen preguntas. Viven ocupados y preocupados por la vida de cada día. No
quieren saber más que el “carpe diem”. Es la respuesta del indiferente y
despreocupado. - Otros encuentran la
respuesta en un Ser Superior o Dios. Reconociéndole, aceptándole, viviendo
conforme a su voluntad encuentran el sentido de su existencia y, por tanto,
el camino de la felicidad. Es la respuesta religiosa. - Y hay también;
quienes buscan la respuesta a estos interrogantes al margen de Dios, porque
están convencidos de que la persona humana no puede afirmar ni negar de Él. Es
la respuesta agnóstica. |
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Ante estos interrogantes, entre los jóvenes suelen darse dos
actitudes:
- Evadirse: es la actitud del no querer enfrentarse, y en este
sentido, es una actitud cobarde. Quien se evade no crece como persona y poco a
poco se convierte en marioneta que otros mueven a su antojo y según sus
intereses. Hay unos caminos que facilitan la evasión: el dejarse llevar por lo
que dice y hace “todo el mundo”, las drogas y el alcohol, la superficialidad,
el pasotismo, la irresponsabilidad, la bulla...
- Buscar: es la actitud del que no se conforma con seguir la
corriente, del responsable, del que quiere crecer como persona. Hay también
unas ayudas que facilitan esa actitud: el silencio, la reflexión, la revisión
del día, música y lectura apropiadas para crear un clima de interiorización,
las buenas compañías...
Pero ¿qué es la religión?
Hablar hoy de temática
religiosa, manifestarse uno creyente parece un anacronismo, es decir, algo
propio de otro tiempo, fuera de nuestra época. Pero no debemos precipitarnos:
una atenta observación de nuestro entorno social nos invita plantearnos
preguntas como ésta:
¿Vivimos un tiempo de increencia o un
tiempo de credulidades?
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Estudios recientes y
especialistas en la materia nos dicen que hay un auténtico “boom” del
esoterismo y de las ciencias ocultas. En Europa y en Estados Unidos los
astrólogos registrados oficialmente, hace ya algunos años, eran tres veces
más numerosos que todos los físicos y químicos juntos. Hay que mencionar,
además, el comercio de amuletos y “buenas venturas”, la proliferación de
librerías con obras más o menos basadas en formas de espiritualidad
orientales, libros que exponen filosofías de vida teñidas de un tipo
espiritualidad laica o sincrética, la “new age”... |
La realidad de nuestro
entorno social nos dice, pues, que a pesar de que algunos se manifiestan
increyentes vivimos un tiempo de credulidades. ”... Ciertamente la
postmodernidad no pone reparos en creer lo increíble. Ya escribió con buen tino
Chesterthon: “Desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no
creen en nada. Ahora creen en todo”.
¿Es religiosa la persona del siglo
XXI?
Si por religioso
entendemos el hecho; de interesarse por los enigmas fundamentales de la vida
hay que decir que empezamos un siglo religioso. Si por religioso entendemos una
referencia a un Ser Superior que; trasciende este nuestro mundo y nuestra
existencia, que supone el reconocimiento explícito de Dios, y que exige una
vida conforme a una moral determinada..., entonces ya no serían tantas.
Pero ¿qué es eso que llamamos
religión?
La religión es el
reconocimiento por la persona de un Ser Superior, más allá de nuestra
experiencia, que, al estar en relación con nosotros, da sentido a nuestra
existencia humana y a toda la realidad que nos rodea.
- Dar sentido: la palabra sentido
equivale a “significado”, “dirección”. Las religiones, todas y cada una, han
pretendido dar respuesta a las últimas preguntas, a los grandes interrogantes
que preocupan a la persona. Significa, sobre todo, responder a estas dos
preguntas: ¿por qué?, ¿para qué?
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- Dar sentido a la
propia existencia: la persona se pregunta por las experiencias que le suceden en
su vida: la enfermedad, el amor, la felicidad, el dolor, la muerte. Y en ese
Ser Superior encuentra la respuesta sobre el sentido de sus experiencias
positivas y negativas. Aunque no halla la solución clara o total, encuentra
al menos la dirección hacia dónde apuntan esas experiencias. - Dar sentido a toda
la realidad:
La persona se ve rodeada de un mundo que le plantea también preguntas y, por
tanto, necesita respuestas. Respuestas que den sentido a todo, que sean
capaces de “encajar” todas y cada una de esas realidades que llamamos “mundo,
y todas nuestras experiencias en él. Es lo que llamamos una “cosmovisión”. Es
decir, el sentido que tiene el mundo como totalidad, y cada realidad en particular.
Las religiones pretenden dar razón del mundo como tal: su origen, su destino
final, su organización. Y después, dar razón de cada parte del mundo en
relación con el todo: sus problemas, sus dolores, su origen, su destino
final... |
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4. Elementos que configuran la
auténtica experiencia religiosa
Prescindiendo de nuestra
pertenencia o no a una determinada religión y renunciando a toda actitud
valorativa o crítica, en toda experiencia religiosa encontramos el ámbito de lo
sagrado, el Misterio y las hierofanías.
Lo primero que salta a la
vista del observador de la experiencia religiosa son “dos espacios vitales” en
los que la persona religiosa se mueve de manera diferente: por una parte está
el mundo de la vida ordinaria; y por otra el mundo de ”lo sagrado”, un mundo
que no es distinto del mundo profano, sino que es la misma realidad natural
percibida y vivida desde una nueva perspectiva. El ámbito de lo sagrado hace
referencia al Misterio, Algo o alguien que se hace presente en la experiencia
religiosa. Lo sagrado es el ámbito de la experiencia religiosa.
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En toda experiencia
religiosa existen dos polos: el Ser Superior, Dios –realidad invisible- y el
ser humano. Entre uno y otro hay una distancia insalvable que, en parte, es
suplida por las mediaciones. Mediante ellas, Dios se manifiesta en la vida de
las personas, y éstas se relacionan con Él. El Misterio, Ser
Supremo, Dios, se da a conocer en la historia y en la vida de las personas de
muchas maneras. |
Las mediaciones del Misterio
¿Cómo puede hacer
presente el Misterio en la historia concreta de la persona? Sólo a través de
las “mediaciones”. Las mediaciones son aquellas realidades materiales que
transparentan la realidad invisible del Misterio. Estas mediaciones se
llaman “hierofanías”, término griego que significa manifestaciones de lo
sagrado, que cumplen la misión de hacer presente la realidad última o Misterio.
Pero las hierofanías no sustituyen al Misterio. Caeríamos en la idolatría si
las identificáramos.
Un texto de la Biblia
ayudará a comprenderlo mejor:
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Jacob se quedó allí a
pasar la noche. Tomó una piedra del lugar, se la puso como almohada y se
acostó en aquel lugar. Tuvo un sueño. Una
rampa, plantada en tierra, tocaba en el extremo el cielo. Mensajeros de Dios
subían y bajaban por ella. El Señor estaba en pie sobre ella y dijo: -Yo soy
el Señor, Dios de Abrahán tu padre y Dios de Isaac. La tierra en que yaces te
la daré a ti y a tu descendencia...» Despertó Jacob del
sueño y dijo: -«Realmente está el Señor en este lugar y yo no lo sabía». Y
añadió aterrorizado: -«¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que casa de
Dios y Puerta del Cielo.» Jacob se levantó de
mañana, tomo la piedra que había servido de almohada, la colocó a modo de
estela y derramó aceite en la punta. Y llamó al lugar Casa de Dios” (Gén. 28, 11-13.
16-19) |
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Los dos polos son Dios y Jacob; la hierofanía o la manifestación de Dios es el sueño de Jacob. Jacob lo convierte en lugar sagrado, separado de lo profano,
porque allí se había comunicado con
Dios.
* Debes prestar atención
a las hierofanías, a las manifestaciones de Dios en tu vida que pueden darse en
torno a la naturaleza, a los acontecimientos de la vida, en las huellas de bien
vivir y bien hacer que algunas personas nos van dejando...
5. La actitud religiosa y sus
expresiones
La actitud religiosa nace
del encuentro, reconocimiento y acogida del Misterio a través de las diversas
mediaciones, y sus expresiones abarcan todos los ámbitos de la existencia
humana. Podemos agrupar esas expresiones de la siguiente manera:
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Expresiones
racionales.
Son las manifestaciones de la actitud religiosa que elabora la razón humana:
mitos, narraciones, profesiones de fe, escritos. A nuestra mentalidad
occidental lógica y racionalista puede parecerle infantil la utilización de
mitos y relatos. Sin embargo, el mito ha sido vehículo de transmisión de
saberes. Y es que algunos toman los mitos como expresión científica, lo que
ha producido malentendidos y ha hecho que muchos los consideren cuentos de
niños sin ningún valor. Expresiones rituales
o de culto.
La persona es un ser simbólico y, como tal, necesita expresar sus
sentimientos y creencias a través de símbolos. El saludo, el brindis, el
aplauso... son expresiones rituales de nuestra vida diaria que se realizan
mediante ritos: apretón de manos, abrazo, levantar y chocar las copas... Las
religiones han encontrado también sus propios ritos, la mayor parte de ellos
se bastan en gestos universales. En los ritos tiene gran importancia la
palabra. |
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Expresiones éticas. En la auténtica actitud
religiosa hay una estrecha relación entre los actos cultuales y los compromisos
éticos. Todos los líderes religiosos destacan esta unión entre culto y vida
moral. La explicación está en que la actitud religiosa auténtica abarca toda la
existencia humana, y , por tanto, no se puede vivir religiosamente unos
aspectos de la vida mientras se vive irreligiosamente en otros.
Expresiones
institucionales. Como la persona es un ser sociable, la experiencia religiosa
auténtica se vive y expresa en relación y en comunión con otros creyentes. Pero
la experiencia religiosa no es una cuestión que afecta únicamente al ámbito
privado de la persona humana. Es también una realidad visible e histórica que
afecta al ámbito de la cultura y de la sociedad. Por eso se da la
institucionalización de la experiencia religiosa encuadrándola en una
organización que marca pautas a las creencias, ritos, costumbres y conductas.
6. Expresiones pseudoreligiosas
Son formas larvadas de
increencia que desfiguran y falsean un auténtica actitud creyente:
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La idolatría. Es una tentación
constante en la persona sustituir al Ser Supremo, Dios, de muchas religiones
por una realidad natural, un ídolo que ocupa el centro de su corazón y en
torno al cual organiza su vida. |
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La magia. La actitud religiosa
queda también pervertida cuando la persona trata de hacer reaccionar las
fuerzas divinas por medio de determinados actos. Entonces la relación
personal con lo Sagrado desaparece y el culto se convierte en la realización
mecánica de un rito. |
La superstición. La persona cae en la
superstición cuando sustituye la confianza religiosa por el afán de utilizar y
poner de su lado el poder del Ser Supremo.
7. Algunos retos actuales en nuestro
entorno
Todos nos damos cuenta de
que ha cambiado el clima religioso de la sociedad actual. Ya no es natural ni
frecuente manifestarse uno creyente. Un tono de increencia y desinterés por lo
religioso parece envolverlo todo. En otros tiempos se creía y vivía en un clima
religioso. Hoy no sucede así. ¿Qué debemos hacer? Empecemos por hacer un breve
reflexión sobre la secularización, el secularismo, y la increencia.
La secularización. Cuando se habla hoy de
religión en nuestro entorno, aparece la palabra secularización. Para unos es
una desgracia, o una peste que nos ha venido no se sabe de dónde. Para otros no
es tan mala, aunque encierra peligros. Significa la autonomía del “mundo”, de
lo secular, es decir, de la economía, de la política, la ciencia, las artes...
frente a la religión. Entre los aspectos positivos, la secularización nos exige
el paso de una fe basada en la costumbre y el ambiente a una fe vivida como
opción personal libre y consciente. Pero tiene también efectos negativos: el
más grave el secularismo.
El secularismo. Es el riesgo y el efecto
más negativo de la secularización. El secularismo es la visión del mundo y de
la persona en la que desaparece el sentido religioso y la apertura al Misterio.
Todo parece explicarse y poder hacerse sin Dios. Incluso parece que la ciencia
y la técnica resultan más eficaces que la religión. Por ese camino llega a
concluir que no hay más realidad que la que vemos, por tanto lo sobrenatural no
existe, ni Dios tampoco. Un final, pues, absolutamente negativo.
La increencia. Son varios los tipos de
increencia. Quizá la más extendida se manifiesta en forma de indiferencia. Al
clima de increencia que respiramos en nuestra sociedad podemos llegar por diferentes
caminos. En otro tiempo muchos se manifestaban “creyentes” porque el ambiente
social así lo exigía. Hoy se sienten “increyentes” porque ese es el clima que
respiran. Contagiados por el ambiente general su religiosidad se ha ido
apagando. Poco a poco se han ido desprendiendo de la religión más por comodidad
y seguir la corriente, que por razones personales convincentes. Todo empieza de
manera casi imperceptible con la falta de cultivo de la experiencia religiosa,
y el crecimiento de la pereza, de la superficialidad, hasta llegar a la
indiferencia, algo así como una enfermedad cuya sintomatología es apenas
perceptible pero sigue un proceso lento y constante hasta hacerse irreversible.
¿Cómo no sucumbir ante este panorama?
Primero reaccionar ante la situación de
indiferencia aceptando aquellos valores auténticamente humanos que están
presentes en la cultura contemporánea, pero rechazando todo aquello que suponga
una mutilación de la persona en todas sus dimensiones, también la apertura a la
trascendencia.
Y luego personalizar la propia fe, uniendo la
experiencia religiosa con la instrucción que permita convicciones s
ólidas. No se puede vivir
hoy con una “religiosidad de aldea”, quizá válida para tiempos ya pasados.
Finalmente cultivar la fe y llevarla a la
vida porque, como ocurre con cualquier ser vivo que no se cuida, la fe que no
se cuida y practica va muriendo lentamente hasta que extingue
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