| ASPECTOS MAS GRAVES DEL DETERIORO ETICO EN GUATEMALA Una manera de entender la �tica Para evitar complicaciones digamos que la �tica es el �arte de saber vivir�. Es palabras del fil�sofo Fernando Savater, la �tica puede entenderse como el �darse la buena vida�. En Guatemala, este �darse la buena vida� puede significarnos la actitud irresponsable de hacer todolo que deseemos , en funci�n de nuestros intereses particulares. Pero la �tica, como el �darse la buena vida�, se refiere a otra cosa. Darse la buena vida tiene un obligado complemento y una obligada explicaci�n adicional: siempre significa �dar la buena vida�. Es decir solo podemos darnos una vida en su plenitud y en su total dignificaci�n, cuando vivimos para que otros tambi�n vivan en dignidad. Es decir, cuando nuestra vida est� al servicio de un mundo (con todo lo de colectivo que el concepto significa) m�s humano, m�s digno, m�s justo. Esto es lo �tico: vivir con plenitud, �vivir con abundancia� dice el evangelio (Jn. 10,10), porque lo deseamos y construimos para nosotros y para los otros. As� , la �tica es el arte de construir una vida buena para todo ser humano. Desde estos planteamientos b�sicos y elementales, podemos, entonces, tratar de hacer una revisi�n sencilla de todo aquello que se encuentra impidiendo en estos momentos una vivencia �tica fuerte y significativa en nuestro pa�s. �C�MO TE DAS Y DAS LA �BUENA VIDA�? Veamos algunos de estos rasgos de nuestro deterioro �tico: a. Una moral individual y privada En el conjunto de comportamientos y normas que aceptamos como v�lidos ( lo que se llamar�a moral), predomina una visi�n individualista y privada. Cada vez menos, nuestros comportamientos son examinados la a luz de lo que tiene que ver con los dem�s, o de lo que tiene que ver con nuestras incidencias en la vida p�blica. El comportamientos considerado bueno o mal, en la medida en que encierra posibilidades de enriquecimiento o superaci�n personales. Por eso, el darse la buena vida se interpreta como el comportamiento irresponsable del que hablamos al principio. Lo m�s grave de todo este es que nos vamos ACOMODANDO a esa manera de vivir. b. Un desplazamiento utilitario de VALORES �Qu� pensamos en estos tiempos de las personas ingenuas, honestas, transparentes, que dicen la verdad? Preguntemos a muchos guatemaltecos y guatemaltecas, y escucharemos respuestas como: �La honestidad es un lujo que no sirve para nada�, �ser transparente y honrado es una tontera en estos d�as�, �quien dice la verdad, se friega�, etc�tera. Nos encontramos frente a un contexto en el que los valores se hacen a un lado, porque no son ��tiles� o no nos sirven para acomodarnos en ese tipo de vida materialista que aspiramos ego�stamente. Este deterioro �tico nos lleva a afirmar que, casi sin darnos cuenta, vamos arraigando una admiraci�n un sometimiento ante todo aquello que represente astucia, trampa o deshonestidad, porque son los medios m�s efectivos para desarrollar esa moral individualista y acomodada. c. La inexperiencia de la libertad Aunque parezca, uno de nuestros m�s graves signos de deterioro �tico es la incapacidad que tenemos para ser libres. Hablamos de sentirnos libres, pro no confundamos esta forma de actuar a nuestro sabor y antojo con la libertad, ya que no nos hace m�s humanos, sobre todo, m�s �ticamente humanos. El mal uso de nuestra liberta, en la medida que da�a nuestras posibilidades de encuentro con los otros, deteriora �ticamente el entorno en que vivimos. Pero tambi�n el otro extremo es da�ino: no usar para nada nuestra libertad. Es decir, as� como aprovechamos de los derechos, ignorando las obligaciones que conllevan, es contrario a al �tica, as� tambi�n cuando vivimos sometidos a los que otros nos dicen. O cuando los fundamentalismo fan�ticos y estrechos se convierten en las �camisas de fuerza� de nuestra conciencia y nuestras actitudes. Ah� tampoco estamos viviendo �ticamente. Recordemos que solo puede ser �tico aquel comportamiento que surte de una decisi�n personal y consciente. La obligaci�n, el forzamiento, el condicionamiento- como fuentes de acci�n- no pueden llevarnos a lo �tico. d. La apoliticidad manifesta (el silencio) Probablemente donde mejor se manifiesta el deterioro �tico que hoy sufrimos (cuyo rasgo central, seguimos insistiendo, se encuentra en el individualismo extremo y anticomunitario) es en la falta de participaci�n pol�tica de las grandes mayor�as. El orgullo que expresan aquellos y aquellas que se llaman �apol�ticos�, la satisfacci�n que sienten por su alejamiento absoluto de todas las preocupaciones sociales, el desprecio que manifiestan ante la participaci�n y los intereses sociales,...nos hablan de una predominante actitud de falta de esfuerzo por que es beneficioso para todos. Quiz�s si entendieran que el esfuerzo por sus propios interese personales tiene un sentido pol�tico, se atrever�an a tomar la palabra. Nadie puede negar el descr�dito , el desprestigio, que los pol�ticos han provocado en la pol�tica. Pero esto no es aceptable como justificaci�n para la falta de acciones, esfuerzos y sacrificios colectivos de los ciudadanos y ciudadanas de un determinado entorno sociopol�tico, econ�mico y cultural. Sin embargo, este desprecio o esta apoliticidad manifiesta es cada vez m�s una realidad que nos impide, como sociedad, pensar en nuevos proyectos o en nuevas utop�as. e. La p�rdida de ASOMBRO Y CONCIENCIA Finamente, nuestro deterioro �tico muestra su rostro m�s despiadado y salvaje: ya no nos asombra ni nos conmueve el sufrimiento, la pobreza, la injusticia, la muerte... Hemos ido insensibiliz�ndonos tanto, que nuestra conciencia se vuelve cada vez m�s dura e inaccesible para todo aquello que afecta o perjudica el proyecto de vida de la especie humana. Pareciera que �ticamente ya no somos nada, puesto que no nos interesa el dar la buena vida. No nos asusta que las grandes mayor�as est�n totalmente ausente y lejanos de una buena vida, de una vida digna. Hemos vista tanta injusticia y tanta muerte, sin hacer nada para evitarlas, que lo que hoy vemos, ya no nos afecta. Incluso, hasta hemos llegado a sentirnos contentos por esa insensibilidad. ��Ya no nos duele y qu� bueno!�, parece ser la explicaci�n en la que nos amparamos para �protegernos del inc�modo malestar que podr�a provocarnos la injusticia descarada en la que vivimos actualmente. El arte de saber vivir se ha perdido. Hoy intentamos, a costa de lo que sea, aprender a vivir, o aprender el arte de vivir sin preocuparnos por el vivir de los dem�s. En la medida que vivimos solo para nosotros, en esa medida nuestra �tica pasa a ser una mera ilusi�n, , una mera teor�a. Carlos Aldana Mendoza. En Revista: VOCES DEL TIEMPO. No. 15. Guatemala. 1995 |
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