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MORALES IMPORTA “TECNOLOGÍA ELECTORAL”
Cubano-venezolana
Bolivia está en nueva campaña electoral. Evo Morales
quiere controlar la Asamblea Constituyente y está importando toda la
tecnología ya probada en Venezuela: desde cubanos “alfabetizadores” hasta
las célebres “morochas”.
Bolivia vive nuevamente un ambiente electoral, según se
desprende de la intensa agenda pública del presidente Evo Morales y de los
anuncios de la salida a la calle, en son de campaña, del vicepresidente,
ministros, viceministros y altos ejecutivos del gobierno.
Morales acaba de inaugurar un comando de campaña en La
Paz, presenció la elección de los candidatos de los gremios cocaleros para
la próxima Asamblea Constituyente. Aparte de las juramentaciones de comités
de campaña, dos hechos han resaltado de forma especial. El 21 de marzo, con
asistencia de los ministros de educación de Cuba y de Venezuela, Luis
Ignacio Gómez, y Aristóbulo Istúriz, Morales inició un programa de
“alfabetización” basado en el método cubano con apoyo venezolano. Sólo para
el “plan piloto”, el gobierno boliviano recibió la donación de 10 mil
televisores que llegaron de Cuba. Al día siguiente, Morales arrancó un
programa de cedulación anunciado ya en Caracas en diciembre, como parte de
los primeros planes de apoyo político financiero concedidos por el gobierno
venezolano a su socio boliviano. En un país con tales dificultades
económicas como suele recordar el propio presidente Morales, ha resultado
llamativa para diversos analistas políticos la alta relevancia que el nuevo
gobierno le dio al asunto de la entrega de documentos de identidad a la
población.
La respuesta ya perecieran haberla encontrado esta
semana los políticos bolivianos de oposición: tanto afán responde a la prisa
de Morales para modificar la Constitución boliviana mediante una asamblea
bajo su control.
¿El que gana se lo lleva todo?
La propuesta que inicialmente Morales presentó para
elegir a los miembros de la futura constituyente, consistía en la selección
de tres asambleístas por cada una de las 70 circunscripciones electorales.
Aquel partido que obtuviera la mayoría de votos en cada circunscripción se
haría con los tres cargos. Una estrategia similar fue impuesta por el recién
electo Hugo Chávez en 1999 para la selección de su constituyente. El método
según el cual la primera minoría se lo lleva todo le permitió a la
revolución venezolana, bajo la mirada atónita de la oposición, que el
gobierno se quedara con el 98% de los escaños con sólo el 60% de los votos y
con una abstención de 54%.
Pero en La Paz, la oposición no aceptó la propuesta.
Morales no cuenta con la mayoría calificada de votos en el Congreso (dos
tercios) para convocar su Constituyente sin violar las normas legales
existentes. La convocatoria a la elección de una Constituyente sólo se hizo
posible tras un acuerdo con la oposición, abriendo paso a las elecciones del
mes de julio y al inicio de sesiones constituyentes en agosto. El pacto
político estableció que serán electos tres asambleístas por cada una de las
circunscripciones, tocándole dos al partido que obtenga la mayor votación, y
uno al que llegue de segundo puesto. Igualmente acordaron elegir cinco
delegados por cada uno de los siete departamentos en que se divide Bolivia.
Estos últimos serán electos a partir de planchas y los cinco cargos se
distribuirán entre las cuatro fuerzas que obtengan las mayores votaciones en
cada departamento. En total, estarán en juego 255 puestos para la asamblea
constitucional con la cual Morales pretende refundar Bolivia. La
oposición y los movimientos cívicos regionales hicieron valer su derecho a
estar presentes en esa “refundación”.
Evo
importa morochas
Morales anunció esta semana su
decisión de romper el pacto al cual había llegado con las otras
organizaciones políticas bolivianas, y que había dado viabilidad a la
convocatoria a las elecciones constituyentes. Buscando burlar el criterio de
la representación proporcional de las distintas corrientes políticas, y no
tan seguro de contar con el 75% de los votos, Morales anunció que apelará al
método que ya en Venezuela utilizara el actual gobierno en diversas
ocasiones: presentar para cada cargo varias planchas que responden a la
línea política gubernamental. De acuerdo con la ley aprobada en Bolivia, no
sólo los partidos políticos pueden postular candidatos, también
podrán las “agrupaciones ciudadanas” y los “pueblos indígenas”.
De esa manera,
Morales aspira obtener con las siglas de su partido el MAS, dos diputados
por cada circunscripción, y lograr el tercero con alguna otra sigla bajo su
control. Mediante el método importado desde Venezuela, Morales aspira
convertir la mitad del electorado con la llegó a la Presidencia en un casi
cien por ciento de gente suya en la próxima Asamblea Constituyente. Esta
“arquitectura electoral” que fue utilizada en las elecciones parlamentarias
venezolanas denominada como “las morochas”, ha sido denunciada en diversas
ocasiones por tender a impedir la representación de las minorías. Según las
reglas negociadas en el Congreso, en el seno de la futura Asamblea
Constituyente se requerirá dos tercios de votos para aprobar el texto
definitivo. Los últimos movimientos de Morales lo muestran interesado en
cerrarle el paso a la oposición.
Simultáneamente, el gobierno boliviano ha propuesto que el Congreso apruebe
la prolongación de las fechas para inscripción de electores, con lo cual
obviamente aspira a incrementar sus teóricos votantes con base en los
ciudadanos que están recibiendo documentos de identidad en la operación que
el gobierno venezolano está financiando y ejecutando. Al cierre de esta
edición parecía poco probable que la oposición estuviera en disposición de
ceder ante esta nueva solicitud presidencial.
Oposición
reacciona
El gobierno
vive aún una luna de miel con el país. Los productores de soya han
manifestado su entusiasmo por las garantías que el gobierno les ha dado para
colocar el producto en puertos venezolanos. El inicio oficial de programas
de alfabetización, la movilización nacionalista por el acceso al mar, las
promesas de legalización internacional del cultivo de coca, y la inercia
propia de los primeros días de gobierno están dando amplio margen de
maniobra a Morales. Los sectores políticos de oposición han comenzado a
reaccionar, algunos de ellos con franca virulencia, mediante declaraciones
que denuncia la ingerencia del gobierno venezolano. La velocidad que Morales
quiere imponerle a sus cambios políticos, requiere del apoyo operativo y
financiero externo con lo cual ha quedado en evidencia la alta dependencia
del Presidente boliviano con respecto a sus socios de Caracas y La Habana.
El diario La Razón incluso se quejaba esta semana sobre “la injerencia
extranjera que se estaría produciendo en el relevamiento (sic) de la
identidad ciudadana”, ya que “”la asistencia venezolana no sólo sería
financiera, sino administrativa, de manera que tendría acceso a la
información más reservada que tiene un país: la identidad de sus
ciudadanos.” Por su parte, el diputado Fernando
Messmer del partido Poder Democrático y Social acusó la presencia de cubanos
y venezolanos en
“áreas de seguridad y de inteligencia política.”.
En medios
diplomáticos latinoamericanos se comenta sobre la existencia dentro del
gobierno boliviano, de algunos altos personajes que muestran lealtad con el
proyecto de Morales, pero son propensos a extender puentes hacia Chile o
Brasil, antes que hacia Caracas. Las pugnas no han emergido públicamente,
pero la presencia masiva de venezolanos y cubanos en acciones críticas del
nuevo gobierno, no parecieran molestar sólo a los partidos de oposición.
La asamblea
constituyente aún no se reúne. Sus miembros ni siquiera han sido electos,
pero en Caracas, ya el gobierno venezolano anunció esta semana que será una
Constituyente “anti-neoliberal”. Pareciera que el gobierno venezolano sabe
algo sobre Bolivia que los electores bolivianos aún desconocen…
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