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La biografía de Juan Pablo Rojas Paúl

 

 

     
 

Revista Zeta. Caracas,  31 de marzo, 2006

 

 MORALES IMPORTA “TECNOLOGÍA ELECTORAL” Cubano-venezolana

 

Bolivia está en nueva campaña electoral. Evo Morales quiere controlar la Asamblea Constituyente y está importando toda la tecnología ya probada en Venezuela: desde cubanos “alfabetizadores” hasta las célebres “morochas”.

 

Bolivia vive nuevamente un ambiente electoral, según se desprende de la intensa agenda pública del presidente Evo Morales y de los anuncios de la salida a la calle, en son de campaña, del vicepresidente, ministros, viceministros y altos ejecutivos del gobierno.

Morales acaba de inaugurar un comando de campaña en La Paz, presenció la elección de los candidatos de los gremios cocaleros para la próxima Asamblea Constituyente. Aparte de las juramentaciones de comités de campaña, dos hechos han resaltado de forma especial. El 21 de marzo, con asistencia de los ministros de educación de Cuba y de  Venezuela, Luis Ignacio Gómez, y Aristóbulo Istúriz, Morales inició un programa de “alfabetización” basado en el método cubano con apoyo venezolano. Sólo para el “plan piloto”, el gobierno boliviano recibió la donación de 10 mil televisores que llegaron de Cuba. Al día siguiente, Morales arrancó un programa de cedulación anunciado ya en Caracas en diciembre, como parte de los primeros planes de apoyo político financiero concedidos por el gobierno venezolano a su socio boliviano. En un país con tales dificultades económicas como suele recordar el propio presidente Morales, ha resultado llamativa para diversos analistas políticos la alta relevancia que el nuevo gobierno le dio al asunto de la entrega de documentos de identidad a la población.

La respuesta ya perecieran haberla encontrado esta semana los políticos bolivianos de oposición: tanto afán responde a la prisa de Morales para modificar la Constitución boliviana mediante una asamblea bajo su control.

¿El que gana se lo lleva todo?

La propuesta que inicialmente Morales presentó para elegir a los miembros de la futura constituyente, consistía en la selección de tres asambleístas por cada una de las 70 circunscripciones electorales. Aquel partido que obtuviera la mayoría de votos en cada circunscripción se haría con los tres cargos. Una estrategia similar fue impuesta por el recién electo Hugo Chávez en 1999  para la selección de su constituyente. El método según el cual la primera minoría se lo lleva todo le permitió a la revolución venezolana, bajo la mirada atónita de la oposición, que el gobierno se quedara con el 98% de los escaños con sólo el 60% de los votos y con una abstención de 54%.

Pero en La Paz, la oposición no aceptó la propuesta. Morales no cuenta con la mayoría calificada de votos en el Congreso (dos tercios) para convocar su Constituyente sin violar las normas legales existentes. La convocatoria a la elección de una Constituyente sólo se hizo posible tras un acuerdo con la oposición, abriendo paso a las elecciones del mes de julio y al inicio de sesiones constituyentes en agosto. El pacto político estableció que serán electos tres asambleístas por cada una de las circunscripciones, tocándole dos al partido que obtenga la mayor votación, y uno al que llegue de segundo puesto. Igualmente acordaron elegir cinco delegados por cada uno de los siete departamentos en que se divide Bolivia. Estos últimos serán electos a partir de planchas y los cinco cargos se distribuirán entre las cuatro fuerzas que obtengan las mayores votaciones en cada departamento. En total, estarán en juego 255 puestos para la asamblea constitucional con la cual Morales pretende refundar  Bolivia. La oposición  y los movimientos cívicos regionales hicieron valer su derecho a estar presentes en esa “refundación”.

Evo importa morochas

Morales anunció esta semana su decisión de romper el pacto al cual había llegado con las otras organizaciones políticas bolivianas, y que había dado viabilidad a la convocatoria a las elecciones constituyentes. Buscando burlar el criterio de la representación proporcional de las distintas corrientes políticas, y no tan seguro de contar con el 75% de los votos, Morales anunció que apelará al método que ya en Venezuela utilizara el actual gobierno en diversas ocasiones: presentar para cada cargo varias planchas que responden a la línea política gubernamental. De acuerdo con la ley aprobada en Bolivia, no sólo los partidos políticos pueden postular candidatos, también podrán las “agrupaciones ciudadanas” y los “pueblos indígenas”.

De esa manera, Morales aspira obtener con las siglas de su partido el MAS, dos diputados por cada circunscripción, y lograr el tercero con alguna otra sigla bajo su control. Mediante el método importado desde Venezuela, Morales aspira convertir la mitad del electorado con la llegó a la Presidencia en un casi cien por ciento de gente suya en la próxima Asamblea Constituyente. Esta “arquitectura electoral” que fue utilizada en las elecciones parlamentarias venezolanas denominada como “las morochas”, ha sido denunciada en diversas ocasiones por tender a impedir la representación de las minorías. Según las reglas negociadas en el Congreso, en el seno de la futura Asamblea Constituyente se requerirá dos tercios de votos para aprobar el texto definitivo. Los últimos movimientos de Morales lo muestran interesado en cerrarle el paso a la oposición.

Simultáneamente, el gobierno boliviano ha propuesto que el Congreso apruebe la prolongación de las fechas para inscripción de electores, con lo cual obviamente aspira a incrementar sus teóricos votantes con base en los ciudadanos que están recibiendo documentos de identidad en la operación que el gobierno venezolano está financiando y ejecutando. Al cierre de esta edición parecía poco probable que la oposición estuviera en disposición de ceder ante esta nueva solicitud presidencial.

Oposición reacciona

El gobierno vive aún una luna de miel con el país. Los productores de soya han manifestado su entusiasmo por las garantías que el gobierno les ha dado para colocar el producto en puertos venezolanos. El inicio oficial de programas de alfabetización, la movilización nacionalista por el acceso al mar, las promesas de legalización internacional del cultivo de coca, y la inercia propia de los primeros días de gobierno están dando amplio margen de maniobra a Morales. Los sectores políticos de oposición han comenzado a reaccionar, algunos de ellos con franca virulencia, mediante declaraciones que denuncia la ingerencia del gobierno venezolano. La velocidad que Morales quiere imponerle a sus cambios políticos, requiere del apoyo operativo y financiero externo con lo cual ha quedado en evidencia la alta dependencia del Presidente boliviano con respecto a sus socios de Caracas y La Habana. El diario La Razón incluso se quejaba esta semana sobre “la injerencia extranjera que se estaría produciendo en el relevamiento (sic) de la identidad ciudadana”, ya que “”la asistencia venezolana no sólo sería financiera, sino administrativa, de manera que tendría acceso a la información más reservada que tiene un país: la identidad de sus ciudadanos.” Por su parte, el diputado Fernando Messmer del partido Poder Democrático y Social acusó la presencia de cubanos y venezolanos en “áreas de seguridad y de inteligencia política.”.

En medios diplomáticos latinoamericanos se comenta sobre la existencia dentro del gobierno boliviano, de algunos altos personajes que muestran lealtad con el proyecto de Morales, pero son propensos a extender puentes hacia Chile o Brasil, antes que hacia Caracas. Las pugnas no han emergido públicamente, pero la presencia masiva de venezolanos y cubanos en acciones críticas del nuevo gobierno, no parecieran molestar sólo a los partidos de oposición.

La asamblea constituyente aún no se reúne. Sus miembros ni siquiera han sido electos, pero  en Caracas, ya el gobierno venezolano anunció esta semana que será una Constituyente “anti-neoliberal”. Pareciera que el gobierno venezolano sabe algo sobre Bolivia que los electores bolivianos aún desconocen…

 

 

 

 

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