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TEFLÓN - URIBE
Alvaro Uribe con su frontera oriental tranquila
mediante un pacto temporal de no agresión con Hugo Chávez, ve como todas las
semanas se le abren nuevos frentes de conflicto. En todos ellos surge el
fantasma de los vínculos con el paramilitarismo o los deseos de las FARC
para demostrar que aún son militarmente fuertes
pero su candidatura para la reelección parece
ser de teflón y su reelección luce asegurada..
El domingo 19 de febrero, la revista colombiana
Semana dirigida por el ex ministro Rodrigo Pardo, trajo en su portada
una historia que en pocas horas saltó a los cables de las agencias
internacionales de noticias y que al día siguiente era el tema de debate en
columnas de opinión y en los medios. El informe sobre torturas a un grupo de
21 soldados en una unidad del Ejército durante prácticas antiguerrilleras en
el “Centro de Instrucción y Entrenamiento del
Ejército” de Honda, se transformó en un nuevo escándalo que
involucraba a las fuerzas militares colombianas. El presidente Álvaro Uribe,
en una ya usual reacción, procedió al relevo del Comandante del Ejército,
con lo cual quedaba superado, en parte, el más reciente petardo que estalla
en la carrera de Uribe hacia la reelección presidencial.
Monitas y gatas
En 1995, cuando el gobierno de
Ernesto Samper confrontaba la etapa más dura de acusaciones en relación al
aporte de dinero del narcotráfico en las cuentas de la campaña electoral de
1994, la revista Semana (en otras manos en aquellos días) publicó la
trascripción de una conversación telefónica grabada durante la campaña
electoral de Samper entre el candidato y la señora Elizabeth Montoya de
Sarria. En algún momento del diálogo Samper llamó a Sarría de “monita” y le
pidió que no fuera “tan retrechera”…Desde entonces, la “monita retrechera”,
--quien habría entregado dólares para los gastos de campaña-- se convirtió
en uno de los elementos que supuestamente probaban los orígenes turbios de
parte de las finanzas que llevaron a Samper al Palacio de Nariño. Aquella
grabación publicada por SEMANA, habría sido hecha por los organismos de
seguridad colombianos, aunque en los mentideros políticos de Bogotá se
comentaba que todas las grabaciones que comprometían a Samper habrían sido
ejecutadas por funcionarios antinarcóticos estadounidenses…La historia como
ya se sabe finalizó con un madrugonazo parlamentario, orquestado por el
poderoso ministro Horacio Serpa Uribe, para dejar sin efecto el proceso de
impeachment contra Samper.
Curiosamente, muchos de
quienes en 1995 liderizaban a nivel político la campaña exigiendo el
enjuiciamiento y destitución de Samper, forman desde aquel entonces una
alianza política y empresarial con fuerte raigambre antioqueña, que ya
entonces visualizaba en Álvaro Uribe la opción para alcanzar la Presidencia.
Y por otra parte, el propio Horacio Serpa, luego de servir como Embajador de
Uribe en la OEA, se apronta a disputarle la Presidencia por segunda vez.
El pasado 09 de febrero, la
Fiscalía colombiana arrestó a Enilce López Romero, empresaria de juego de
azar en el departamento de Bolívar y en la costa atlántica. López, conocida
como “la gata”, es procesada por un caso de manejo irregular de dineros
públicos en una alcaldía interiorana, pero su detención puso al descubierto
una red de financiamiento que alcanzó al presidente Uribe. El despliegue
publicitario dado por la Fiscalía al caso de López hizo que Uribe
rápidamente confesara haber recibido 100 millones de pesos (U$ 44.000 al
cambio de hoy) de la empresaria para la campaña electoral del 2002. El caso
de “la gata” arañó incluso a Cesar Gaviria quien habría sido beneficiado con
el apoyo de López en la campaña de 1990. Y la actual campaña de Uribe quedó
igualmente marcada con sus vinculaciones con López, ya que su hijo
Héctor Julio Alfonso López, figuraba en las
listas de candidatos a la Cámara por el Partido Conservador. Mientras tanto,
diversos medios de prensa y voceros de izquierda, como el parlamentario
Gustavo Petro, insisten en las relaciones de la familia López con grupos
paramilitares. Lo que comenzó con una vinculación de políticos
departamentales con una empresaria de juegos de azar, se ha convertido en
una nueva conexión entre la clase política, el dinero negro y los grupos
paramilitares. Y en medio de este escándalo está el nombre del presidente
Uribe. En una entrevista reciente, el expresidente Ernesto Samper afirmó que
el caso de la gata era una reedición del caso de la monita retrechera…
TEFLÓN y ENCUESTAS
Las graves denuncias sobre
torturas a soldados del Ejército publicadas por SEMANA, le restaron
importancia y centimetraje de prensa al caso de “la gata”. Pero como si se
tratara de un juego con dados cargados, el caso de las torturas puso una vez
más el tema del paramilitarismo sobre la mesa. Por decisión de Uribe, la
comandancia del Ejército fue asumida por el general
Mario Montoya, quien ha sido señalado en el
pasado por actitudes complacientes con organizaciones paramilitares.
El asunto del paramilitarismo
ha sido el telón de fondo de los intentos de Uribe por mantenerse en la
Presidencia de Colombia por cuatro años más. En los últimos meses las
acusaciones de vínculos de parlamentarios y candidatos uribistas al
Parlamento con los paramilitares se han multiplicado. Uribe ha exigido a los
jefes de los partidos que sustentan su candidatura que limpien las listas
parlamentarias. Como se recordará Germán Vargas Lleras (Cambio Radical)
y Juan Manuel Santos (Partido U) comparecieron ante la prensa a mediados
de enero para anunciar los nombres de candidatos parlamentarios vetados por
supuestos vínculos con el paramilitarismo. Y el caso más reciente ha sido la
decisión del Partido Conservador de sacar de sus listas al hijo de “la
gata”.
Oficialmente Uribe no ha
iniciado su campaña electoral. Por una ley aprobada para regular la
circunstancia inédita en Colombia de un Presidente-Candidato, las nóminas de
los organismos públicos quedaron congeladas y está prohibida la transmisión
por TV de los llamados “Consejos Comunitarios” que Uribe preside en las
localidades que visita.
Pese a los reiterados
resultados de las encuestas que lo muestran ganando en la primera vuelta
electoral, el presidente Uribe quiere hacer campaña.
Uribe ofreció poner fin a la
violencia en Colombia mediante una intensificación de la guerra. Ya
finalizando su mandato, las FARC han desatado una virulenta campaña armada
en el sur del país, la cual ha sido respondida por Uribe con una
publicitaria y mal planificada campaña de erradicación de coca en la Sierra
de la Macarena, santuario histórico de las FARC. El sur colombiano está en
guerra y el candidato Uribe ha optado en achacarle culpas al gobierno
ecuatoriano, lo cual lo ha llevado a una tensa situación diplomática con
Quito, y a verse en la obligación de emitir una seguidilla de notas
diplomáticas ofreciendo disculpas.
Los analistas políticos ya cuantifican los errores
políticos que semanalmente comete Uribe, así como las situaciones negativas
que le saltan cada día. Lo que no deja de sorprender es que, según las
encuestas, estos errores no hacen mella en la intención de voto a favor de
Uribe. Hoy en día, salvo terremoto político mediante, se da como un hecho
que Uribe seguirá en el Palacio de Nariño. Amigos y enemigos, dentro y fuera
de Colombia, trabajan bajo esta convicción.
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