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MOTÍN EN EL MERCOSUR
Los socios
del MERCOSUR están enfrascados en un nuevo pleito interno, precisamente
cuando Hugo Chávez se apresta a ser uno de los miembros del grupo.
La construcción de plantas procesadoras de celulosa en
la ribera uruguaya del Río de la Plata, ha despertado una nueva ola de
pleitos entre Uruguay y Argentina. El gobierno argentino se opone al
emplazamiento de esas plantas, mientras grupos organizados impiden el
tránsito entre los dos países, afectando el flujo turístico hacia Uruguay
justo en pleno período veraniego. La pugna hizo que Buenos Aires y
Montevideo retiraran, por un breve lapso, a sus respectivos embajadores el
pasado mes de diciembre. Pero las diferencias por este asunto son sólo la
más notoria muestra de los conflictos que se están cocinando dentro del
Mercosur, donde los deseos brasileños de liderar los procesos suramericanos
se estrellan con la reacción de socios que se sienten poco beneficiados.
El “realismo”
uruguayo
La firma de un tratado de protección recíproca de
inversiones entre Uruguay y Estados Unidos, heredado del gobierno anterior,
fue una primera prueba para el presidente uruguayo Tabaré Vásquez en cuanto
a la orientación de su política exterior. Vásquez mandó a votar en el
parlamento por la aprobación de tratado, con lo cual señaló que no estaba en
una línea de confrontación con Washington, pese a las posiciones de algunos
de los miembros del Frente Amplio.
La actitud de Vásquez en la Cumbre de las Américas de
Mar del Plata fue de gran discreción. Defendió la necesidad de fortalecer el
Mercosur, no participó en el publicitado enfrentamiento de Hugo Chávez y
Néstor Kirchner contra George Bush y Vicente Fox. Vásquez abandonó la Cumbre
mucho antes de que esta finalizara, movido por las tensiones con Buenos
Aires por las plantas de celulosa, y por su decisión de no participar en el
careo contra Washington. El izquierdista Vásquez quedaba anotado en una
línea de política internacional de los gobiernos socialistas del área, que
algunos llaman “realista” y otros “pragmática”.
Pocos
días después de comenzar el año 2006, el Ministro de Economía uruguayo,
Danilo Astori, puso sobre la mesa las cartas con las que está jugando el
gobierno de Tabaré Vásquez. Astori anunció una semana atrás que EEUU había
propuesto la discusión de un acuerdo bilateral de libre comercio, lo cual a
juicio del ministro Astori, “Uruguay tiene que aprovecharlo”. Según
Astori, un acuerdo con Washington favorecería el ingreso de inversiones e
incrementaría las posibilidades de negociación de Uruguay con el Mercosur,
donde “Argentina y Brasil han tomado decisiones bilaterales que dañan las
posibilidades de los países pequeños". Las declaraciones de Astori
fueron seguidas de las del Ministro de Turismo, Héctor Lescano, en el mismo
sentido.
El
gobierno argentino reaccionó ante las noticias que llegaban desde
Montevideo, llamando al orden al socio dentro del Mercosur. En declaraciones
del subsecretario de Integración Económica Americana y Mercosur, Eduardo
Sigal, Argentina exigió que Uruguay hiciera una "rápida rectificación para
evitar confusión y daño al Mercosur". Casi de inmediato, el Canciller
uruguayo Reinaldo Gargano, en conversación con su homólogo argentino Jorge
Taiana, desmintió a su colega Astori negando que el gobierno de Uruguay
planeara negociar con EEUU al margen del Mercosur. La posición de Gargano
fue secundada desde el Ministerio de Ganadería de su país.
El
lunes pasado, pese a las aclaratorias de la cancillería uruguaya, el tema
ganó nuevos vuelos cuando el ministro de Industria, Energía y Minería de
Uruguay, Jorge Lepra, afirmó que era posible un acuerdo comercial con EEUU.
Lepra adelantó que una decisión como esa requeriría consultas con los
restantes socios del Mercosur pero que eso “no quita que Uruguay pueda
negociar con todos los países del mundo”. Los
ministros que promueven un acuerdo con EEUU reiteran la misma pregunta:
“Si no buscamos mejorar las relaciones con nuestro principal cliente
¿con quién lo vamos a hacer?".
Las
contradicciones en el seno del gabinete uruguayo dejaban en evidencia una
vez más la heterogénea constitución del mismo, en el cual conviven
representantes de las distintas fuerzas que llevaron a Tabaré Vásquez al
gobierno en el 2004. El Ministro de Economía preside la organización
“Asamblea Uruguay” y el titular de Turismo es del Partido Demócrata
Cristiano, ambos favorecen las negociaciones con EEUU. Por su parte, el
Canciller Gargano es Presidente del Partido Socialista y el Ministerio de
Ganadería está en manos del Movimiento Tupamaro. Si bien el presidente
Vásquez no se ha pronunciado sobre el asunto, la salida al ruedo de Jorge
Lepra, ha sido entendida como un tácito apoyo presidencial a la línea de
apertura hacia Washington. Lepra quien en el pasado trabajó para la
petrolera Texaco, no llegó al gabinete como una ficha partidista sino como
uno de los “hombres del Presidente”, lo que hace de su posición una guía de
por donde andan los pensamientos de Vásquez.
A mediados de semana, el canciller argentino viajó a
Brasilia para sostener una sesión de trabajo con su colega brasileño, Celso
Amorin. El objeto de la reunión fue preparar el encuentro bilateral que el
presidente argentino Nestor Kirchner tendrá el día 18 de enero, con el
presidente Luiz Inacio Lula da Silva. Tras la reunión de los cancilleres de
los dos principales socios del Mercosur, Amorin emitió una declaración
amenazante contra el gobierno socialista uruguayo. Luego de reconocer que
existen manifestaciones de “insatisfacción” entre los integrantes del grupo
sureño, el canciller de Lula proclamó que en caso de que Uruguay avance en
un acuerdo con EEUU “deberá dejar el MERCOSUR”.
Las insatisfacciones
del MERCOSUR
No es la
primera vez que el actual canciller brasileño sube el tono ante uno de los
“socios menores” del Mercosur. Ya a mediados del 2005, Celso Amorin había
reclamado fuertemente ante las proximidades del gobierno paraguayo con
Washington. Amorin exigió explicaciones a La Asunción sobre la posible
creación de una base militar estadounidense permanente en territorio
paraguayo, y sobre el inicio de negociaciones comerciales con EEUU.
En el seno del
Mercosur ha ido ganando terreno el asunto de las asimetrías económicas entre
sus socios. Los primeros en plantearlo fueron Uruguay y Paraguay, quienes
reclaman -infructuosamente- tratamientos diferenciales en razón de sus bajos
niveles de desarrollo industrial. El mismo reclamo ya fue colocado por
Argentina en el centro del debate regional. La percepción tragicómica de
algunos sectores argentinos según la cual ese país se habría convertido en
el segundo estado en importancia económica de Brasil (ya que el primero
sería el estado de Sao Paulo) se ha volcado en política oficial durante el
gobierno de Néstor Kirchner. El MERCOSUR como esquema de integración se ha
estado deteriorado en los años recientes por la aplicación unilateral de
restricciones comerciales para “proteger” a sectores que se sienten en
desventaja. En esa dirección, el gobierno Kirchner está presionando para el
establecimiento de un mecanismo que legitime
las barreras al comercio mediante el establecimiento de aranceles que
encarezcan las importaciones. El mecanismo ha recibido el nombre de Cláusula
de Adaptación Competitiva y con él, Kirchner pretende frenar el ingreso de
productos brasileños, sin llegar a la ruptura del Mercosur.
Diversos analistas estiman que
el MERCOSUR está ante una crisis de definiciones sobre su verdadero alcance.
Lejos de completar los procesos de apertura comercial entre sus socios, la
tendencia es crear nuevas barreras al comercio y, por parte de los “socios
menores”, a buscar soluciones comerciales extraregionales. La cercanía
ideológica entre los gobiernos de Lula, Kirchner y Vásquez no ha significado
un fortalecimiento comercial del MERCOSUR. El ingreso efectivo del gobierno
radical de Venezuela al Mercosur, el cual sólo comenzará a ser negociado a
partir de mayo del 2006, de concretarse no se espera que contribuya en mucho
a darle nueva coherencia al MERCOSUR como bloque económico.
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