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EL GIGANTE FURIOSO
Mientras el Comandante del Ejército de
Brasil exalta el golpe anticomunista de 1964, Evo Morales confisca
propiedades brasileñas y Lula se encuentra atrapado en una situación que
golpea de frente su plan de campaña para la reelección.
El pasado 31 de marzo,
el general Francisco Roberto de Albuquerque, Comandante del Ejército
brasileño emitió un comunicado público que aún rueda entre los analistas
políticos latinoamericanos.
Alburquerque ya había entrado en
confrontación con el gobierno del presidente Lula da Silva en octubre del
2004, cuando en medio de un debate sobre la represión en los gobiernos
militares brasileños, el jefe castrense declaró que “las medidas tomadas por
las fuerzas legales fueron en legítima respuesta a la violencia de los que
rechazaron el dialogo, optaron por el radicalismo y por la ilegalidad, y
tomaron la iniciativa de buscar armas para desencadenar acciones militares”.
Lula ordenó que Alburquerque se retractara pero sin retirarlo del cargo.
Al cumplirse 42 años del golpe militar contra
el presidente João
Goulart, Albuquerque -sin que mediara autorización del
Ministerio de Defensa- publicó una “Orden del Dia” para ser leída en todas
las instalaciones del ejercito brasileño. El texto estaba dirigido a todos
los brasileños y afirmaba que “Ese Ejercito -su Ejercito- se enorgullece de
su pasado, porque en el nacieron y se consolidaron los valores y postulados
de la Institución, que se confunden con los de la propia Nación brasileña”.
Y completaba afirmando que el golpe contra Goulart había contado con amplia
apoyo popular.
Si bien el Ministro de Defensa,
Waldir Pires, alegó respetar la libertad para interpretar el texto del
general, todos los medios coincidieron que se trataba de una obvia
justificación y quizás exaltación del golpe de 1964. No es la primera vez
que se registra un hecho como este, pero que se produjera durante un
gobierno izquierdista y sin que el Presidente reaccionara, ha dejado sobre
el tapete dudas sobre el control real de Lula del estamento militar.
En su polémico
“Orden del día”, el alto jefe castrense afirmó que “Ese Ejercito - su
Ejército- junto con la Marina y la Aviación, sabiamente garantizó y
garantiza la soberanía y la integridad nacional en clima de paz y
tranquilidad, basado en el respeto a los vecinos y en la autodeterminación
de los pueblos, pero también, mediante la disuasión silenciosa…”. En pocas
palabras, el general Alburquerque vinculó el papel guardián territorial de
los militares, con el orgullo institucional por la autodenominada
“Revolución del 31 de marzo” de 1964 definida por sus protagonistas como una
“acción preventiva” ante la amenaza comunista de aquel entonces.
La geopolítica
brasileña
Bombillos de
emergencia quedaron prendidos porque Alburquerque debe reflejar la opinión
de algún sector de la oficialidad brasileña. De hecho, en los documentos
sobre la Política de Defensa Nacional aprobados por los gobiernos de
Henrique Cardoso y Lula, pese a sus diferencias, se mantiene una clara línea
que propicia un activísimo rol geopolítico de Brasil en Suramérica, basado
en su posición, recursos y capacidad de defensa y coacción militar. Esas
palabras se traducen en hechos tangibles desde el exterior: un plan de
construcción militar con Argentina; presencia junto con argentinos y
chilenos en las operaciones de la ONU en Haiti; o la
ejecución de un
gran plan para aumentar la presencia militar en los linderos con Venezuela,
Colombia, Perú y Bolivia. El ejercito que comanda Alburquerque está incluso
entrenando a las poblaciones indígenas amazónicas fronterizas, en el uso de
armas de asalto para “autoprotegerse”, mientras los diplomáticos
brasileños lograron sellar un acuerdo para construir una carretera que unirá
a Brasil con las playas del Océano Pacífico vía Perú. Proyección geopolítica
en simbiosis con la defensa territorial ante los potenciales vectores de
inseguridad procedentes del vecindario que lo rodea.
Autosuficiencia
energética de Lula
Apenas el 21 de
abril el presidente Lula había declarado la independencia petrolera de
Brasil, en un promocionado acto celebrado a bordo del barco-plataforma P-50
de Petrobras, frente a las costas del estado de Río de Janeiro. Lula se
vistió con un macaco anaranjado como operario petrolero, mientras las
huellas de sus manos manchadas de crudo quedaban impresas para la
posteridad.
La
“autosuficiencia” petrolera anunciada por Lula significa que la producción
interna de crudo logró colocarse por encima de la demanda. Si bien la
“independencia” se refería sólo al aspecto petrolero y omitía
otros renglones energéticos, el tema fue escogido como la bandera para una
fuerte campaña publicitaria que según algunos analistas políticos
brasileños, representaba el inicio del esfuerzo electoral de Lula en procura
de su reelección. Pero el decreto de nacionalización del negocio del gas en
Bolivia del 01 de mayo, acabó pronto con la alegría energética de Lula.
Las primeras reacciones
temían una suspensión de la entrega de gas boliviano, poniendo en jaque a la
industria de Sao Paulo. Junto a la palabra “racionamiento” rápidamente
negada por el gobierno, desde el día 2 de mayo todos los sectores coinciden
en señalar la necesidad de modificar la matriz energética brasileña. Desde
el gobierno de Collor de Mello, Brasil fue armando un esquema para
aprovisionarse de gas boliviano y electricidad paraguaya para complementar
la producción interna de etanol, petróleo y electricidad de origen
termonuclear. Ese esquema ahora mostró sus debilidades ante una Bolivia
definida esta semana por el Canciller brasileño como “país inestable”.
Una declaración que pasó
desapercibida y que señala el nuevo rumbo energético brasileño, fue hecha
por el gobierno el 5 de mayo: ese día fue inaugurada la primera
planta de enriquecimiento de uranio, con lo cual Brasil confirma la decisión
de ampliar sus plantas eléctricas de generación nuclear. Traer gas peruano y
acelerar la producción gasífera atlántica son otras de las medidas
estudiadas. Resalta que el famoso megagasoducto del sur impulsado por Hugo
Chávez no figura como una opción energética real para Brasil.
Lula retado por Morales y Chávez
Todo indica que el
precio del gas boliviano no aumentará para los consumidores brasileños antes
de las elecciones presidenciales, descartándose que la nacionalización
decretada por Evo Morales tenga un impacto electoral interno por esa vía.
Pero las percepciones sobre la forma como Lula trató el reto lanzado por
Morales con apoyo político de Chávez, han sensibilizado a la elite política
y empresarial brasileña. Mientras Lula ofrecía tratar con “cariño” al
gobierno boliviano, las críticas sobre la tibieza de la reacción oficial lo
arrollaron. Este hecho llevó a que los dos voceros en política
internacional, el Canciller Celso Amorín y el comisionado Marco Aurelio
García, salieran esta semana a exponer duras quejas públicas contra Morales
y Chávez, intentando dibujar una línea divisoria entre Lula y los
presidentes de Bolivia y Venezuela. Caracas respondió el miércoles
desacreditando las posiciones de Amorin y García. Por el contrario, el
Vicepresidente boliviano,
Alvaro García Linera,
les restó importancia calificándolas de acciones electorales internas
brasileñas.
Mientras el Comandante
del Ejército brasileño exalta el golpe anticomunista de 1964, en Bolivia un
presidente apoyado por La Habana y Caracas acaba de confiscar propiedades
brasileñas y designar militares en las nuevas juntas directivas. En tanto,
en el Senado brasileño durante una interpelación al Canciller, el
líder del principal partido de oposición -PSDB- el senador
Arthur Virgílio, afirmó que “lo que es bueno para Chávez y Morales no es lo
que interesa al Brasil”. |