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La biografía de Juan Pablo Rojas Paúl

 

 

     
 

Revista Zeta. Caracas, 12 de mayo, 2006

 

EL GIGANTE FURIOSO

 

Mientras el Comandante del Ejército de Brasil exalta el golpe anticomunista de 1964, Evo Morales confisca propiedades brasileñas y Lula se encuentra atrapado en una situación que golpea de frente su plan de campaña para la reelección.

 

El pasado 31 de marzo, el general Francisco Roberto de Albuquerque, Comandante del Ejército brasileño emitió un comunicado público que aún rueda entre los analistas políticos latinoamericanos.

Alburquerque ya había entrado en confrontación con el gobierno del presidente Lula da Silva en octubre del 2004, cuando en medio de un debate sobre la represión en los gobiernos militares brasileños, el jefe castrense declaró que “las medidas tomadas por las fuerzas legales fueron en legítima respuesta a la violencia de los que rechazaron el dialogo, optaron por el radicalismo y por la ilegalidad, y tomaron la iniciativa de buscar armas para desencadenar acciones militares”. Lula ordenó que Alburquerque se retractara pero sin retirarlo del cargo.  

Al cumplirse 42 años del golpe militar contra el presidente João Goulart, Albuquerque -sin que mediara autorización del Ministerio de Defensa- publicó una “Orden del Dia” para ser leída en todas las instalaciones del ejercito brasileño. El texto estaba dirigido a todos los brasileños y afirmaba que “Ese Ejercito -su Ejercito- se enorgullece de su pasado, porque en el nacieron y se consolidaron los valores y postulados de la Institución, que se confunden con los de la propia Nación brasileña”. Y completaba afirmando que el golpe contra Goulart había contado con amplia apoyo popular.

Si bien el Ministro de Defensa, Waldir Pires, alegó respetar la libertad para  interpretar el texto del general, todos los medios coincidieron que se trataba de una obvia justificación y quizás exaltación del golpe de 1964. No es la primera vez que se registra un hecho como este, pero que se produjera durante un gobierno izquierdista y sin que el Presidente reaccionara, ha dejado sobre el tapete dudas sobre el control real de Lula del estamento  militar.

En su polémico “Orden del día”, el alto jefe castrense afirmó que “Ese Ejercito - su Ejército- junto  con la Marina y la Aviación, sabiamente garantizó y garantiza la soberanía y la integridad nacional en clima de paz y tranquilidad, basado en el respeto a los vecinos y en la autodeterminación de los pueblos, pero también, mediante la disuasión silenciosa…”.  En pocas palabras, el general Alburquerque vinculó el papel guardián territorial de los militares, con el orgullo institucional por la autodenominada “Revolución del 31 de marzo” de 1964 definida por sus protagonistas como una “acción preventiva” ante la amenaza comunista de aquel entonces.

 

La geopolítica brasileña

Bombillos de emergencia quedaron prendidos porque Alburquerque debe reflejar la opinión de algún sector de la oficialidad brasileña. De hecho, en los documentos sobre la Política de Defensa Nacional aprobados por los gobiernos de Henrique Cardoso y Lula, pese a sus diferencias, se mantiene una clara línea que propicia un activísimo rol geopolítico de Brasil en Suramérica, basado en su posición, recursos y capacidad de defensa y coacción militar. Esas palabras se traducen en hechos tangibles desde el exterior: un plan de construcción militar con Argentina; presencia junto con argentinos y chilenos en las operaciones de la ONU en Haiti; o la ejecución de un gran plan para aumentar la presencia militar en los linderos con Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia. El ejercito que comanda Alburquerque está incluso entrenando a las poblaciones indígenas amazónicas fronterizas, en el uso de armas de asalto para “autoprotegerse”, mientras los diplomáticos brasileños lograron sellar un acuerdo para construir una carretera que unirá a Brasil con las playas del Océano Pacífico vía Perú. Proyección geopolítica en simbiosis con la defensa territorial ante los potenciales vectores de inseguridad procedentes del vecindario que lo rodea.

 

 

Autosuficiencia energética de Lula

Apenas el 21 de abril el presidente Lula había declarado la independencia petrolera de Brasil, en un promocionado acto celebrado a bordo del barco-plataforma P-50 de Petrobras, frente a las costas del estado de Río de Janeiro.  Lula se vistió con un macaco anaranjado como operario petrolero, mientras las huellas de sus manos manchadas de crudo quedaban impresas para la posteridad.

La “autosuficiencia” petrolera anunciada por Lula significa que la producción interna de crudo logró colocarse por encima de la demanda. Si bien la “independencia” se refería sólo al aspecto petrolero y omitía otros renglones energéticos, el tema fue escogido como la bandera para una fuerte campaña publicitaria que según algunos analistas políticos brasileños, representaba el inicio del esfuerzo electoral de Lula en procura de su reelección. Pero el decreto de nacionalización del negocio del gas en Bolivia del 01 de mayo, acabó pronto con la alegría energética de Lula.

Las primeras reacciones temían una suspensión de la entrega de gas boliviano, poniendo en jaque a la industria de Sao Paulo. Junto a la palabra “racionamiento” rápidamente negada por el gobierno, desde el día 2 de mayo todos los sectores coinciden en señalar la necesidad de modificar la matriz energética brasileña.  Desde el gobierno de Collor de Mello, Brasil fue armando un esquema para aprovisionarse de gas boliviano y electricidad paraguaya para complementar la producción interna de etanol, petróleo y electricidad de origen termonuclear. Ese esquema ahora  mostró sus debilidades ante una Bolivia definida esta semana por el Canciller brasileño como “país inestable”.

Una declaración que pasó desapercibida y que señala el nuevo rumbo energético brasileño,  fue hecha por el gobierno el 5 de mayo: ese día fue inaugurada  la primera planta de enriquecimiento de uranio, con lo cual Brasil confirma la decisión de ampliar sus plantas eléctricas de generación nuclear. Traer gas peruano y acelerar la producción gasífera atlántica son otras de las medidas estudiadas. Resalta que el famoso megagasoducto del sur impulsado por Hugo Chávez no figura como una opción energética real para Brasil.

 

Lula retado por Morales y Chávez

Todo indica que el precio del gas boliviano no aumentará para los consumidores brasileños antes de las elecciones presidenciales, descartándose que la nacionalización decretada por Evo Morales tenga un impacto electoral interno por esa vía. Pero las percepciones sobre la forma como Lula trató el reto lanzado por Morales con apoyo político de Chávez, han sensibilizado a la elite política y empresarial brasileña. Mientras Lula ofrecía tratar con “cariño” al gobierno boliviano, las críticas sobre la tibieza de la reacción oficial lo arrollaron. Este hecho llevó a que los dos voceros en política internacional, el Canciller Celso Amorín y el comisionado Marco Aurelio García, salieran esta semana a exponer duras quejas públicas contra Morales y Chávez, intentando dibujar una línea divisoria entre Lula y los presidentes de Bolivia y Venezuela. Caracas respondió el miércoles desacreditando las posiciones de Amorin y García. Por el contrario, el Vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, les restó importancia calificándolas de acciones electorales internas brasileñas.

Mientras el Comandante del Ejército brasileño exalta el golpe anticomunista de 1964, en Bolivia un presidente apoyado por La Habana y Caracas acaba de confiscar propiedades brasileñas y designar militares en las nuevas juntas directivas. En tanto, en el Senado brasileño durante una interpelación al Canciller, el líder del principal partido de oposición -PSDB- el senador Arthur Virgílio,  afirmó que “lo que es bueno para Chávez y Morales no es lo que interesa al Brasil”.

 

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