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La biografía de Juan Pablo Rojas Paúl

 

 

     
 

Revista Zeta. Caracas, 05 de mayo, 2006

 

EL MADRUGONAZO BOLIVIANO

 

La difusión del contenido del decreto el 01 de mayo fue una clara operación de marketing político. El texto del decreto estaba confeccionado por lo menos desde la semana anterior, los términos de la nueva política de hidrocarburos ya había sido ampliamente difundida y su entrada en vigencia esperaba por una circunstancia adecuada. Se sabía que el 12 de julio era la fecha tope para la firma, y los seguidores del tema sólo esperaban conocer los detalles políticos del decreto y dilucidar si Evo Morales se jugaría la carta completa de la estatización.

El gobierno de Morales optó por el secreto y misterio, alegando temerle a una posible filtración a favor de “las trasnacionales”. Conste que una de esas “trasnacionales”, la mayor por su presencia en Bolivia, es PETROBRAS cuyo principal accionista es el gobierno brasileño en manos del izquierdista y supuesto aliado Lula da Silva.

El primer día de mayo apareció como una fecha de ocasión. La celebración del día de trabajo permitía la convocatoria de una concentración de simpatizantes frente al Palacio de Quemado, para escuchar a Morales, esperando el anuncio de un aumento de salarios. Pero el presidente estaba a cientos de kilómetros, dentro de uno de los megacampos gasíferos explotados por Petrobras en el departamento Tarija, rodeado de su Ministro de Hidrocarburos y de militares. Ante las cámaras de TV y ayudado con un megáfono, el presidente proclamó la firma del decreto de nacionalización. Los discursos iniciales en La Paz -en espera de Morales- corrieron a cargo del vicepresidente Álvaro García Linera. Morales había emitido desde Tarija las reglas que su gobierno impone a las empresas petroleras extranjeras y nacionales. El decreto va más allá del contenido de la Ley de Hidrocarburos aprobada en el 2005, pero no llega a los extremos de violenta confiscación promovidos por algunos dirigentes indígenas más radicales. La oferta o amenaza electoral de Morales quedaba cumplida.

 

El “Eje del Mal”

Trasladado en un avión militar venezolano, Morales había viajado tres días antes a La Habana, acompañado de una larga delegación oficial, para un encuentro con Fidel Castro y Hugo Chávez. Fue la oportunidad para que Morales cumpliera en masivo acto en la Plaza de la Revolución, su incorporación al  autodenominado “eje del mal”. En la ocasión, los  mandatarios firmaron acuerdos para el establecimiento de un Tratado de Libre Comercio entre los tres países bajo el título de Tratado de Comercio de los Pueblos TCP, a la vez que Morales recibió un crédito de US$ 100 millones y un regalo de US$ 30 millones por parte del gobierno venezolano.

Tratándose la nacionalización de una acción que confrontaría al gobierno boliviano con  una docena de empresas y países, Morales regresó de La Habana con un indiscutible espaldarazo de sus socios. De hecho, el gobierno venezolano ya había anunciado su asesoría energética a Bolivia desde la toma de posesión de Morales, lo cual fue confirmado esta semana tanto por el presidente Chávez, como por el ministro venezolano de Comercio Exterior, Gustavo Márquez y por el vicepresidente boliviano. Medios extranjeros como  Televisión Española han informado sobre la ostensiva presencia de “asesores” venezolanos y cubanos en diversas áreas del gobierno boliviano, entre ellas los hidrocarburos.

 

Constituyentes y militares

Pero el anuncio de la nacionalización ocurre en momentos en los cuales Morales requiere de un repunte político, ante la nueva coyuntura electoral. La rápida -aunque no sensible- caída de su popularidad; las críticas contra la firma del TCP y el cuadre con Chávez en la polémica dentro de la CAN; los sostenidos ataques desde las alas radicales indígenas y sindicales; además del impacto negativo de diversos conflictos regionales y sectoriales que han derivado en problemas de orden público, buscaban ser compensados por Morales con la “nacionalización”. El gobierno boliviano aspira que la “nacionalización”, aparte de una nueva fuente de ingresos fiscales, sea un sonoro éxito político interno, de suma importancia ante la inminencia de las elecciones para escoger una Asamblea Constituyente. El 02 de julio es la fecha fijada para escoger los 255 asambleístas que modificarán la Constitución y Morales está en procura de una indiscutida mayoría que le permita “refundar” a Bolivia. Por ello, la fiesta de la “nacionalización”, descrita en los periódicos brasileños como un “carnaval”,  fue percibido como el gran lanzamiento oficialista de la campaña electoral. Las pancartas con las cuales el gobierno decoró las puertas de instalaciones gasiferas y las estaciones de servicio, que  rezaban en letras rojas “NACIONALIZADO. Propiedad de los bolivianos”, señalaban el impacto publicitario que Morales buscó darle a la medida.

Además de llevar electores a las urnas, la forma como fue proclamado el decreto develó otro de los objetivos planeados por Morales: ganar amistades y lealtades entre las Fuerzas Armadas. En su discurso nocturno en la Plaza Murillo, Morales afirmó el lunes pasado sentirse “orgulloso” al ver que los efectivos militares tomaron “los campos e instalaciones hidrocarburíferas en acatamiento de la voluntad popular expresada en el decreto de nacionalización”. Afirmó igualmente que “Antes las Fuerzas Armadas eran el instrumento de la confrontación con el pueblo, pero ahora se suman a este cambio histórico”. Con la toma militar de las instalaciones de las petroleras, operativamente innecesaria, Morales involucró a los mandos militares en los eventos, en una ya expresa actitud de exaltación del tema nacionalista en el seno castrense que ya una semana antes se había manifestado en cuanto al tema del reclamo marítimo contra Chile.

 

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LA EVO-NACIONALIZACIÓN

 

El análisis de juristas y expertos petroleros coincide en que el decreto de Morales es en buena medida, una reiteración de los contenidos de la Ley de Hidrocarburos aprobada un año atrás. Como se recordará, la ley en aquella ocasión entró en vigencia al ser promulgada por el Presidente del Congreso ante la negativa del  presidente Carlos Mesa de firmarla u objetarla.

Aquella ley ordenaba la capitalización de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos  YPFB, empresa que desde las reformas de 1996 había dejado de ser operadora petrolera. La nueva ley del 2005 revivió a YPFB como empresa operadora y le asignó la tutela de la propiedad de los hidrocarburos bolivianos. Esa ley obliga también a que la producción de las empresas privadas sea entregada a YPFB, la cual será la comercializadora. YPFB podrá entrar en asociaciones con empresas privadas para explotación de hidrocarburos, pero la ley derogó la anterior figura de los contratos de riesgo compartido. El decreto de Morales sigue al pie de la letra estos contenidos de la Ley, pero igualmente ha anunciado que mediante un take over, tomará una fracción mayoritaria (51%) de las empresas extranjeras que actualmente explotan, almacenan o transportan hidrocarburos. Morales ha dicho que se trata de una expropiación, pero la apropiación forzada de parte de los activos extranjeros sumado a la salida obligatoria de esas empresas del negocio interno ha sido calificada como una “confiscación indirecta”, por cuanto en la práctica obliga a las empresas a convertirse en simples suministradoras de servicio a YPFB, perdiendo el control accionario de la empresa.

Aparte de los reacomodos accionarios, el decreto de Morales, establece aumentos en los impuestos y royalties que deben pagar las empresas productoras. El gobierno de Bolivia, sin participación de las empresas privadas, ya informó a Argentina y Brasil su decisión de aumentar unilateralmente los precios y de condicionar las futuras ventas.

Morales aspira aumentar sus ingresos fiscales, los cuales irían a un fondo especial centralizado. En las regiones gasíferas se teme que la estatización esté seguida de una mayor centralización fiscal, y de una caída de los ingresos regionales. La caída de las inversiones extranjeras parece inminente, y de hecho Petrobras ya había suspendido en marzo sus planes de expansión. Morales alega que ha recibido ofertas chinas y rusas para operar en Bolivia, y Chávez ya ofreció la construcción de una refinería en Bolivia…pero por lo pronto Bolivia sólo cuenta con los activos que dejan las privatizadas empresas extranjeras, algunos de los cuales antes fueron estatales...

 

 

 

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