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Bolivia:
un explosivo depósito de gas
La situación boliviana está
nuevamente en los titulares de la prensa internacional. El país ha entrado
en una telaraña de conflictos que colocan una vez más al presidente Carlos
Mesa ante la disyuntiva de continuar o abandonar el cargo.
Mesa quien ya ha presentado en dos
ocasiones su renuncia, ahora ha ordenado que la policía disperse con gases a
los manifestantes que retan su débil mandato. El gobierno que comenzó tras
la salida abrupta de Sánchez de Lozada en el 2003, ha sido una larga
sucesión de protestas de la izquierda radical y de sectores democráticos
modernizadores, ambos en puja por el control del futuro del país, el cual
depende en alto grado de la política gasífera.
NO SE VENDE GAS
Las calles de centro de La Paz y la
vía que comunica a la ciudad con el aeropuerto internacional, permanecen
esta semana otra vez, afectadas por manifestaciones que suman a grupos
campesinos y organizaciones políticas y sindicales de izquierda. Los
manifestantes exigen la nacionalización de los hidrocarburos.
Esa es una consigna que esconde una
confusa maraña de posiciones sobre el tema del gas. Algunos simplemente
quieren aumentar las regalías cobradas a la empresa extranjera, otros
proponen que todo el negocio esté en manos estatales, y algunos incluso
rechazan que el gas sea exportado. La ley de hidrocarburos aprobada y
promulgada por el Congreso a inicios de mayo, ha sido convertida por la
oposición radical, en nuevo motivo para protestas callejeras. Evo Morales
exige un aumento en las regalías y pone como ejemplo la legislación
venezolana. Un editorial del diario El Nuevo Día de Santa Cruz, intentaba
explicar que la legislación venezolana es menos rígida que las exigencias de
Morales y se preguntaba “Si Venezuela es el ejemplo, ¿por qué se pretende
imponer un régimen fiscal más pesado, y menos competitivo?”.
Las marchas convocadas esta semana
sobre La Paz, además del tema petrolero, exigen la convocatoria de una
Asamblea Constituyente, carta con la cual Morales pareciera aspirar a
abrirse paso a la Presidencia antes del cambio previsto para el 2007.
¿DESCENTRALIZACIÓN
IMPERIALISTA?
La constitución boliviana es
altamente centralista. Los mandatarios departamentales son designados por el
Presidente de la República, y los Departamentos carecen de autonomía fiscal.
Lo que en otros países se denomina descentralización administrativa o
transferencia de poderes a las regiones, en Bolivia se ha llamado autonomía.
Desde Santa Cruz, la próspera capital de las tierras llanas bolivianas,
surgió un movimiento autonómico que ha ido ganando apoyos en otros
departamentos. Tras una sucesión de paros cumplidos desde el año 2004, el
presidente Mesa se comprometió a aceptar la elección de alcaldes
departamentales. El próximo 12 de agosto deberán realizarse elecciones cuyo
resultado sería asumido por Mesa para la respectiva designación. Pero los
autonomistas no sólo quieren nombrar prefectos, sino que buscan el manejo de
los recursos fiscales, incluyendo las rentas de hidrocarburos. En el
Congreso se está discutiendo la convocatoria a un referendo autonomista,
pero la inclusión del tema fiscal abortó la decisión de fijar fecha a la
consulta. Ante la indecisión parlamentaria, “dirigentes cívicos” de cuatro
de los siete departamentos bolivianos (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija)
acordaron auto-convocarse a un referendo que se celebrará en paralelo a
las elecciones de agosto. Curiosamente, la izquierda boliviana encabezada
por Evo Morales se opone a las autonomías regionales, rechaza la realización
del referendo y quiere que todo debate sea llevado a la Constituyente. La
izquierda boliviana alega que la descentralización administrativa es un
invento del neoliberalismo, de la oligarquía y del imperialismo, y por lo
tanto se oponen a ella. Este mensaje ha hecho que las autonomías sean vistas
erróneamente como movimientos secesionistas.
LOS MILITARES SE ASOMAN
Lo único que faltaba para completar
el cuadro llegó a mediados de la semana anterior. Las noticias sobre
preparativos para un golpe de estado militar se expandieron tras la
confirmación del Ministro del Interior sobre susurros a oídos militares. El
presidente Mesa dijo que no renunciará. Evo Morales rechazó un golpe militar
del cual supone que no será beneficiario. Mientras desde el mundo castrense
se suceden declaraciones políticas polémicas. El lunes pasado, el Ministro
de la Defensa general Gonzalo Arredondo negó los rumores de golpe, pero
advirtió a los diversos sectores que deben conducir sus reclamos por vías
constitucionales, en alusión al movimiento autonomista de Santa Cruz y a las
marchas de protesta de la izquierda. El miércoles los tenientes coroneles
Julio Herrera y Julio César Galindo
difundieron mensajes en los medios de comunicación a nombre de un “Movimiento
Generacional Militar” exigiendo la renuncia de Mesa y la constitución de un
gobierno cívico-militar. La agenda política expuesta por los dos militares
es exactamente la misma que vienen exponiendo Morales y otros sectores
radicales bolivianos: convocatoria a una Asamblea Constituyente,
nacionalización de los hidrocarburos y rechazo a los movimientos
autonómicos. La aparición en la TV vestidos en traje de campaña de Herrera y
Galindo, coincidió con declaración de Jaime Solares, cabeza de la Central
Obrera Boliviana COB, quien anunció su apoyo a una salida militar al estilo
del actual presidente de Venezuela. El jefe de las fuerzas armadas de
Bolivia, almirante Luis Aranda, negó los aprestos de golpe de Estado y
anunció medidas disciplinarias contra Herrera y Galindo. La emergencia del
llamado “Movimiento Generacional Militar” pone en tensión al aparato
castrense boliviano, el cual hasta ahora se ha mostrado institucionalmente
centrado alrededor del gobierno de Mesa y delata la presencia de grupos de
izquierda con ropaje nacionalista en el seno militar.
PERÚ
SACA PROVECHO
La radicalización política sobre el
manejo del gas en Bolivia afectó el mercado de energéticos de la región.
Argentina que sufre una caída de la producción interna de gas, se ha visto
obligada a reducir sus ventas gasíferas a Chile, país que depende
enteramente de sus compras al exterior. Para aliviar su propia situación,
Argentina recibe gas de Bolivia pero tiene prohibida su reexportación a
Chile. Con la bonanza económica chilena comprometida, el presidente Ricardo
Lagos planteó en el Congreso, el pasado 21 de mayo, el inicio de programas
para generación de energía atómica.
Ya desde el último gobierno de Hugo
Banzer, Bolivia se comprometió a exportar gas con destino a México y la
costa oeste de Estados Unidos. Estos proyectos se esfumaron con la caída de
Sánchez de Losada y con el recrudecimiento de los ataques contra Chile por
el tema de la salida al mar. El beneficiario de la crisis boliviana
pareciera que será el Perú. Diversos informes dan cuenta de los contactos
que México y Chile realizan para adquirir gas peruano a la brevedad.
Repsol, Chevron y el consorcio Sempra-Shell estarían en negociaciones con
Perú LNG, la comercializadora del gas peruano propiedad de la estadounidense
Hunt Oil y la coreana SK Corporation. Mientras en Bolivia los sectores
radicales escriben en las paredes “El gas no se vende”, los peruanos
aceleran la construcción de una planta de licuefacción de gas para arrancar
con la exportación hacia los ansiosos puertos chilenos, mexicanos y
californianos.
Por su parte, las empresas petroleras presentes en
Bolivia han reaccionado con malestar ante la nueva ley de hidrocarburos.
Hasta el gobierno de Brasil arrugó la frente y Petrobrás anunció que
“no tiene ningún interés en retirarse de Bolivia, pero
ahora escalonará o desfasará sus proyectos”.
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