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La biografía de Juan Pablo Rojas Paúl

 

 

     
 

Revista Zeta del 02 al 09 de septiembre de 2005

 

 

Diplomacia con chequera

 

 

El tema era serio: definir el alcance y movimientos de dineros en la política exterior venezolana. El resultado del estudio sorprendió: eventos fastuosos organizados por cubanos, acuerdos grandilocuentes que nunca se cumplen, tratados que nadie conoce, obras asignadas a dedo buscando granjearse amistades internacionales, compras de armamentos, intromisiones en asuntos internos de lejanos países e ilusión de muchos aliados.

  

La estrategia internacional de la revolución bolivariana comenzó a moverse desde el primer año del gobierno. Para entonces los precios de petróleo permanecían bajos, el presidente pedía que en los ministerios usaran ambas caras de las hojas de papel, pero ya anunciaba la necesidad de un nuevo avión presidencial que reemplazara al modesto Boeing 737. Desde entonces, la propaganda oficial ha buscado mostrar como hechos cumplidos lo que en realidad son declaraciones de intención en lenguaje diplomático.

El argentino Norberto Ceresole contribuyó al léxico bolivariano con varios conceptos, uno de ellos apoderado del brasileño Helio Jaguaribe referido a la multipolaridad. Y con esa palabreja en la maleta y ofertas de futuros negocios petroleros, Chávez emprendió en septiembre de 1999 una gira de un mes de duración, que incluyó a China, país que en la imaginería de Ceresole y Jaguaribe sería candidato para romper la unipolaridad por ellos descrita. Aparte de ideología, con el pasar de los años la diplomacia chavista agregó a su equipaje la abultada chequera de petrodólares que ahora lubrica su estrategia de ganar amistades externas.

 

Cuento chino a los chinos

La larga cosecha de acuerdos con China comenzó el primer año de gobierno. Diplomáticos consultados al respecto, estiman que el número de compromisos suscritos con China desde entonces, supera con creces la centena, y van desde asesoría en materia diplomática de Pekín a Caracas, hasta compras de alta tecnología. Consultada esta semana la Oficina Comercial de la Embajada china en Caracas, informaron que no disponían de un listado completo de todos los acuerdos vigentes.   

En octubre de 1999 fue suscrita una carta de intención sobre oferta de orimulsión a largo plazo. En aquellos días, el gobierno venezolano aún no declarado socialista, gustaba presentar la orimulsión -el  invento por excelencia de la PDVSA democrática-  como parte relevante de su naciente diplomacia planetaria. Reuniones en Pekín y en Caracas, al más alto nivel entre Hugo Chávez y Jian Zemin primero, y luego con Hu Jintao, mantuvieron el tema de la orimulsión en agenda. Pero a medida que avanzó la revolución, la orimulsión se convirtió  en asunto de públicas disputas dentro del ala petrolera bolivariana. Las teorías del ideólogo petrolero del chavismo, el germano-venezolano Bernard Moomer, fueron asumidas como oficiales, el gobierno anunció la muerte de la orimulsión y los chinos al parecer no se enteraron a tiempo.

En entrevista realizada por Roberto Giusti, publicada por El Universal de Caracas el 28 de agosto, Ju Yigie , Embajador chino en Venezuela, reveló que salvo las compras de fuel-oil y tras seis años de negociaciones, su país no adquiere crudo venezolano. Sobre la posibilidad de convertir a Venezuela en un futuro proveedor -carta que Chávez gusta blandir en sus discursos anti Washington- el Embajador  dijo que ello dependerá de estudios “en profundidad” sobre aspectos tales como las inversiones que decida Venezuela para “mejorar instalaciones y optimizar tanto tecnología como eficiencia”. Las dudas sobre la fiabilidad de Venezuela como proveedor quedaron plasmadas en las palabras del diplomático. Pocas horas después, la agencia Dow Jones informaba que la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China había aprobado el proyecto de una planta de energía movida con Orimulsión, la cual sería localizada en Zhanjiang (provincia de Guangdong). Mientras en Caracas el embajador Yigie descartaba la inmediata compra de crudo venezolano, en China un comité estatal quizás no muy enterado de las peculiaridades de la diplomacia bolivariana, había autorizado construir una planta eléctrica que requeriría 1,83 millones de toneladas al año del combustible que según Mommer es sólo “un mito”. Alguien le metió cuento chino a los chinos y el Embajador acusó el golpe, aprovechando la prensa para presionar a sus amigos bolivarianos.

 

Revolución en el espacio

Aparte que China puso pie en zonas de explotación petrolera venezolana, sus mercaderías están en la lista de compras del gobierno. En el 2000, China aprobó una línea de crédito por 150 millones de yuanes (escasos US$ 18 millones) y ese mismo año el Embajador chino en Caracas, Wang Zhen, donó cuatro tractores a pobladores de Barinas. El clásico esquema del anzuelo comercial rindió frutos a las empresas chinas.

Aparte de la construcción de casas cuya realización ha sido anunciada reiteradamente, la revolución bolivariana decidió comprar en 1999 a la Nuctech Company Limited de China, sistemas de inspección de contenedores que comenzaron a llegar a las aduanas este año. Las obras del ferrocarril centro occidental Puerto Cabello- Acarigua fueron asignadas al Grupo Yankuang, y la construcción del “acueducto bolivariano de occidente”, con costo anunciado de 460 mil millones de bolívares está en manos chinas.

La lista conocida de compras a China incluye una “red de telecomunicaciones” con costo estimado en US$ 250 millones; la construcción y puesta en órbita en el año 2008 de un satélite para telecomunicaciones, cuyo costo estimado es de US$ 200 millones; y la adquisición de tres sistemas de radares a la Electronics Import and Export Corporation.

 

Comprando juguetes que matan

La diplomacia militar bolivariana comenzó a operar a temprana fecha. En noviembre del 2001, Venezuela firmó con Ucrania un acuerdo para desarrollar “cooperación militar”.  Por ello no causó sorpresa cuando a finales del 2004 la revista de temas militares Jane´s, informó que Ucrania habría concertado la venta conjunta de equipos militares para Venezuela y Cuba.  Si bien el saliente gobierno de Leonid Kuchma negó que planeara esa operación, analistas militares afirmaron que el mercado de armas centrado en Ucrania permitía que la venta no fuera hecha necesariamente por una empresa gubernamental. La crisis a raíz de las acusaciones de fraude electoral contra el candidato oficialista Viktor Yanukovych (delfín de Kuchma y protegido por Moscú) hicieron que Hugo Chávez, en noviembre de 2004, se involucrara en temas internos ucranianos, acusando a EEUU de estar tras las movilizaciones populares a favor de Viktor  Yuschenko. La “revolución naranja” que arrasó con los amigos ucranianos de Chávez, llevó al liberal Yuschenko al poder y habría enfriado las negociaciones bolivarianas de armas vía Ucrania.

Aparte de los ya famosos 100.000 fusiles de asalto, cuyo precio anunciado sería de US$ 18,6 millones, el convenio de “cooperación técnico militar” firmado por Venezuela y Rusia en mayo de 2001 ha arropado importantes compras de juguetes de guerra. En marzo pasado se suscribió el contrato para la compra de 10 helicópteros militares por un monto de US$ 120 millones. Aparte, el tema de la compra de nuevos aviones caza ha estado orientado hacia la tecnología de la ex URSS. En diversos medios se ha especulado sobre la adquisición de aviones Mig, e incluso en mayo pasado la agencia rusa de noticias RIA Novosti informó sobre la venta a Venezuela de dos escuadrones de cazas Su-27 Flanker por un monto de US$ 250 millones. La información no ha sido confirmada, y oficialmente los organismos militares venezolanos siguen evaluando opciones para la renovación de los F16. Pero ya en la prensa rusa circulan hasta el monto de las compras.

 

Corbetas que no son corbetas

Con la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero, el gobierno revolucionario encontró que las puertas de Madrid se le abrían de par en par. Los negocios no se hicieron esperar y las compras de equipos militares por un valor de  1.300 millones saltaron a los titulares de prensa.  Genéricamente los equipos fueron descritos como  “ocho barcos patrulleros y 10 aviones de transporte militar”. Los socialistas del PSOE insistieron que no se trataba de armas de ataque y que la venta reanimaría los quebrados astilleros españoles de Navatia. La operación que originó una crisis política en Madrid y una mini crisis internacional entre Venezuela, Colombia y España, parecía plenamente cerrada. Pero a principios de agosto trascendió que el negocio aún no estaba cerrado por cuanto los marinos venezolanos no se deciden sobre las características de las naves a comprar. En todo caso, Venezuela ya comenzó a usar la palabra “corbetas”, pese a que un vocero español negó que fueran naves de guerra. Aparte de las pequeñas compras a España, el  comandante de la Armada venezolana, vicealmirante Armando Laguna Laguna anunció que están previstos gastos por US$ 1.000 millones para adquirir naves para la Armada durante el lapso 2006-2010. Entre ellos algunos submarinos…

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