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Diplomacia con chequera
El tema era serio: definir el alcance y movimientos de
dineros en la política exterior venezolana. El resultado del estudio
sorprendió: eventos fastuosos organizados por cubanos, acuerdos
grandilocuentes que nunca se cumplen, tratados que nadie conoce, obras
asignadas a dedo buscando granjearse amistades internacionales, compras de
armamentos, intromisiones en asuntos internos de lejanos países e ilusión de
muchos aliados.
La estrategia internacional de la revolución
bolivariana comenzó a moverse desde el primer año del gobierno. Para
entonces los precios de petróleo permanecían bajos, el presidente pedía que
en los ministerios usaran ambas caras de las hojas de papel, pero ya
anunciaba la necesidad de un nuevo avión presidencial que reemplazara al
modesto Boeing 737. Desde entonces, la propaganda oficial ha buscado mostrar
como hechos cumplidos lo que en realidad son declaraciones de intención en
lenguaje diplomático.
El argentino Norberto Ceresole contribuyó al léxico
bolivariano con varios conceptos, uno de ellos apoderado del brasileño Helio
Jaguaribe referido a la multipolaridad. Y con esa palabreja en la maleta y
ofertas de futuros negocios petroleros, Chávez emprendió en septiembre de
1999 una gira de un mes de duración, que incluyó a China, país que en la
imaginería de Ceresole y Jaguaribe sería candidato para romper la
unipolaridad por ellos descrita. Aparte de ideología, con el pasar de los
años la diplomacia chavista agregó a su equipaje la abultada chequera de
petrodólares que ahora lubrica su estrategia de ganar amistades externas.
Cuento chino a los chinos
La larga cosecha de acuerdos con China comenzó el
primer año de gobierno. Diplomáticos consultados al respecto, estiman que el
número de compromisos suscritos con China desde entonces, supera con creces
la centena, y van desde asesoría en materia diplomática de Pekín a Caracas,
hasta compras de alta tecnología. Consultada esta semana la Oficina
Comercial de la Embajada china en Caracas, informaron que no disponían de un
listado completo de todos los acuerdos vigentes.
En octubre de 1999 fue suscrita una carta de intención
sobre oferta de orimulsión a largo plazo. En aquellos días, el gobierno
venezolano aún no declarado socialista, gustaba presentar la orimulsión -el
invento por excelencia de la PDVSA democrática- como parte relevante de su
naciente diplomacia planetaria. Reuniones en Pekín y en Caracas, al más alto
nivel entre Hugo Chávez y Jian Zemin primero, y luego con Hu Jintao,
mantuvieron el tema de la orimulsión en agenda. Pero a medida que avanzó la
revolución, la orimulsión se convirtió en asunto de públicas disputas
dentro del ala petrolera bolivariana. Las teorías del ideólogo petrolero del
chavismo, el germano-venezolano Bernard Moomer, fueron asumidas como
oficiales, el gobierno anunció la muerte de la orimulsión y los chinos al
parecer no se enteraron a tiempo.
En entrevista realizada por Roberto Giusti, publicada por
El Universal de Caracas el 28 de agosto,
Ju Yigie ,
Embajador chino en Venezuela, reveló que salvo las
compras de fuel-oil y tras seis años de negociaciones, su país no adquiere
crudo venezolano. Sobre la posibilidad de convertir a Venezuela en un futuro
proveedor -carta que Chávez gusta blandir en sus discursos anti Washington-
el Embajador
dijo que ello dependerá
de estudios “en profundidad” sobre aspectos tales como las inversiones que
decida Venezuela para “mejorar
instalaciones y optimizar tanto tecnología como eficiencia”. Las dudas sobre
la fiabilidad de Venezuela como proveedor quedaron plasmadas en las palabras
del diplomático. Pocas horas después, la agencia Dow Jones informaba que la
Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China había aprobado el
proyecto de una planta de energía movida con Orimulsión, la cual sería
localizada en Zhanjiang (provincia de Guangdong). Mientras en Caracas el
embajador Yigie descartaba la inmediata compra de crudo venezolano, en China
un comité estatal quizás no muy enterado de las peculiaridades de la
diplomacia bolivariana, había autorizado construir una planta eléctrica que
requeriría 1,83 millones de toneladas al año del combustible que según
Mommer es sólo “un mito”. Alguien le metió cuento chino a los chinos y el
Embajador acusó el golpe, aprovechando la prensa para presionar a sus amigos
bolivarianos.
Revolución en el espacio
Aparte que
China puso pie en zonas de explotación petrolera venezolana, sus mercaderías
están en la lista de compras del gobierno. En el 2000, China aprobó una
línea de crédito por 150 millones de yuanes (escasos US$ 18 millones) y ese
mismo año el Embajador chino en Caracas, Wang Zhen, donó cuatro tractores a
pobladores de Barinas. El clásico esquema del anzuelo comercial rindió
frutos a las empresas chinas.
Aparte de
la construcción de casas cuya realización ha sido anunciada reiteradamente,
la revolución bolivariana decidió comprar en 1999 a la Nuctech Company
Limited de China, sistemas de inspección de contenedores que comenzaron a
llegar a las aduanas este año. Las obras del ferrocarril centro occidental
Puerto Cabello- Acarigua fueron asignadas al Grupo Yankuang, y la
construcción del “acueducto bolivariano de occidente”, con costo anunciado
de 460 mil millones de bolívares está en manos
chinas.
La lista
conocida de compras a China incluye una “red de telecomunicaciones” con
costo estimado en US$ 250 millones; la construcción y puesta en órbita en el
año 2008 de un satélite para telecomunicaciones, cuyo costo estimado es de
US$ 200 millones; y la adquisición de tres sistemas de radares a la
Electronics Import and Export Corporation.
Comprando juguetes que matan
La
diplomacia militar bolivariana comenzó a operar a temprana fecha. En
noviembre del 2001, Venezuela firmó con Ucrania un acuerdo para desarrollar
“cooperación militar”. Por ello no causó sorpresa cuando a finales del 2004
la revista de temas militares Jane´s, informó que
Ucrania habría concertado la venta conjunta de equipos militares para
Venezuela y Cuba. Si bien el saliente gobierno de Leonid Kuchma negó que
planeara esa operación, analistas militares afirmaron que el mercado de
armas centrado en Ucrania permitía que la venta no fuera hecha
necesariamente por una empresa gubernamental. La crisis a raíz de las
acusaciones de fraude electoral contra el candidato oficialista
Viktor Yanukovych (delfín de Kuchma y protegido por
Moscú) hicieron que Hugo Chávez, en noviembre de 2004, se involucrara en
temas internos ucranianos, acusando a EEUU de estar tras las movilizaciones
populares a favor de Viktor
Yuschenko. La “revolución naranja” que arrasó con los
amigos ucranianos de Chávez, llevó al liberal Yuschenko al poder y habría
enfriado las negociaciones bolivarianas de armas vía Ucrania.
Aparte de los ya famosos 100.000 fusiles de asalto,
cuyo precio anunciado sería de US$ 18,6 millones, el convenio de
“cooperación técnico militar” firmado por Venezuela y Rusia en mayo de 2001
ha arropado importantes compras de juguetes de guerra. En marzo pasado se
suscribió el contrato para la compra de 10 helicópteros militares por un
monto de US$ 120 millones. Aparte, el tema de la compra de nuevos aviones
caza ha estado orientado hacia la tecnología de la ex URSS. En diversos
medios se ha especulado sobre la adquisición de aviones Mig, e incluso en
mayo pasado la agencia rusa de noticias RIA Novosti informó sobre la venta a
Venezuela de dos escuadrones de cazas Su-27 Flanker por un monto de US$ 250
millones. La información no ha sido confirmada, y oficialmente los
organismos militares venezolanos siguen evaluando opciones para la
renovación de los F16. Pero ya en la prensa rusa circulan hasta el monto de
las compras.
Corbetas que no son corbetas
Con la llegada al poder de José Luis Rodríguez
Zapatero, el gobierno revolucionario encontró que las puertas de Madrid se
le abrían de par en par. Los negocios no se hicieron esperar y las compras
de equipos militares por un valor de 1.300 millones saltaron a los
titulares de prensa. Genéricamente los equipos fueron descritos como “ocho
barcos patrulleros y 10 aviones de transporte militar”. Los socialistas del
PSOE insistieron que no se trataba de armas de ataque y que la venta
reanimaría los quebrados astilleros españoles de Navatia. La operación que
originó una crisis política en Madrid y una mini crisis internacional entre
Venezuela, Colombia y España, parecía plenamente cerrada. Pero a principios
de agosto trascendió que el negocio aún no estaba cerrado por cuanto los
marinos venezolanos no se deciden sobre las características de las naves a
comprar. En todo caso, Venezuela ya comenzó a usar la palabra “corbetas”,
pese a que un vocero español negó que fueran naves de guerra. Aparte de las
pequeñas compras a España, el comandante de la Armada venezolana,
vicealmirante Armando Laguna Laguna anunció que están previstos gastos por
US$ 1.000 millones para adquirir naves para la Armada durante el lapso
2006-2010. Entre ellos algunos submarinos… |