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La biografía de Juan Pablo Rojas Paúl

 

 

     
 

Revista Zeta del 02 de diciembre de 2005

 

 

SAMBA CON TANGO

Las cosas no están claras en el MERCOSUR. Mientras Chávez celebra su ingreso, Lula le recuerda a Kirchner que la integración suramericana tiene como eje central a Argentina y Brasil.  

 

El miércoles 30 de noviembre, en el fronterizo Puerto Iguazú, el presidente Néstor Kirchner recibió a su colega Lula da Silva. Entre los asistentes al encuentro estaban los expresidentes Raúl Alfonsin de Argentina y José Sarney de Brasil, ya que el propósito de la cita era conmemorar veinte años de los primeros pasos de lo que ahora se conoce como el Mercosur.

Si bien el Mercosur formalmente nace en 1991 con la firma del Tratado de Asunción por los cuatro miembros originales, la historia vecinal argentino-brasileña gusta referirse a los acuerdos Alfonsin-Sarney de mediados de los años 80, como el origen del mecanismo. Dos expresidentes no estaban en la lista de invitados, el brasileño Collor de Mello y el argentino Carlos Menem, los dos firmantes del tratado de 1991. Pero Brasil petista no va a darle figuración al olvidado Collor, derrocado por las protestas callejeras organizadas por el propio Lula; y Kirchner ni quiera saluda al ahora senador Menem. 

El acercamiento en los años ochenta, entre los dos países que vivían procesos de transición política luego de los períodos de gobiernos militares, significó una ruptura en la forma como se visualizaban uno al otro.

Los expertos no están muy seguros en cuál fue la causa y cuál la consecuencia, pero Argentina y Brasil, aparte de la creación del mecanismo comercial, construyeron un sistema de mutua confianza militar que representó la modificación de las hipótesis de conflicto de cada uno, y en consecuencia, una modificación de sus doctrinas y ejecutorias en el terreno de la seguridad y la defensa. Argentina dejó de ser la principal hipótesis de conflicto para Brasil, y por ello los militares brasileños comenzaron a orientar su gran aparato bélico hacia otros potenciales enemigos. Por eso, la celebración de esta semana por el Mercosur fue binacional, allí no estaban los pequeños socios uruguayos o paraguayos, y mucho menos los miembros asociados o por asociarse.

Y para demostrar quienes son los miembros principales del Mercosur, fue en esa cita bilateral donde se anunció la designación del ex vicepresidente argentino Carlos Álvarez como Representantes Permanentes del Mercosur. Álvarez con el apoyo de Kirchner y del asesor de Lula, Marco Aurelio García,  reemplaza al también argentino, expresidente y enemigo político de Kirchner, Eduardo Duhalde. El papel de Álvarez será el de un virtual Canciller del Mercosur y su designación, si bien contó con el visto bueno de Uruguay y Paraguay, es en definitivo un asunto acordado por Brasilia y Buenos Aires.

 

 

El discurso de Lula

Aparte de la reunión en familia de los miembros fundadores del club MERCOSUR, para celebrarlo como una efeméride binacional, la reunión sirvió para marcar los tiempos que corren por tierras del sur.

Durante su discurso, el presidente brasileño, resaltó de diversas formas, incluso mencionando a jugadores de fútbol de un país que juegan en el otro, el carácter especial de las relaciones alcanzado por los dos países.

“El presidente Kirchner y yo concordamos que Argentina y Brasil son el eje central de este proceso”. Dijo Lula al referirse a la próxima reunión en Montevideo (en la cual ingresaría Venezuela como miembro “pleno”) donde se hará seguimiento a lo que calificó de “nuestro proyecto prioritario de fortalecer el Mercosur y consolidar la Comunidad Suramericana de Naciones”.  Lula ratificó, una vez más, la posición geopolítica brasileña, que considera como una responsabilidad del Brasil (y que es su garantía de seguridad regional) compartida con Argentina para “la construcción de un espacio continental de paz, estabilidad y prosperidad”.

Habló Lula de las relaciones privilegiadas que Argentina “debe tener” con otros país, como de hecho lo hace Brasil, pero “no cedemos en cuanto que todo comienza por la gran relación entre Argentina y Brasil”, países que “forman una unión entre iguales, y que respetan sus especificidades”. Terminó refiriéndose al interés brasileño por el fortalecimiento de la industria argentina y ofreció apoyo en las negociaciones de Kirchner con el Fondo Monetario Internacional. El brasileño no dejó de mencionar a Hugo Chávez y a Evo Morales, como fenómenos políticos impensables hace algunos años.

 

Kirchner juega aparte

La cita en  Puerto Iguazú fue precedida de la visita de 24 horas de Kirchner a Puerto Ordaz (Venezuela) y de la posterior reforma de su gabinete.

La visita a Venezuela fue evaluada como un hecho de contenido político para Chávez y comercial para Kirchner. La nueva compra de bonos de deuda argentina por Venezuela y, la adquisición de productos y servicios argentinos, sirvió a Kirchner para justificar en su país la utilidad del viaje hasta las orillas del río Caroní. Tal como lo explicara el periódico pro oficialista argentino Página 12, visitar a Chávez no es gratis, tiene un alto costo en cuanto a la imagen internacional del visitante. Pero los amplios negocios que ofrece el gobierno venezolano compensaron con creces la contabilidad de costos de Kirchner y del periódico Página 12, para que el presidente argentino se retratara con Chávez en la remota  Orinoquia venezolana. En esa ocasión, las cancillerías resaltaron que los presidentes habían acordado apurar los estudios para la construcción de un sistema de gasoductos que conectará el Caribe con Buenos Aires. Diversos expertos en temas energéticos y de geopolítica mostraron su asombro al escuchar que el tema era tratado por Venezuela y Argentina, con la notoria ausencia de Brasil, justamente el país por donde atravesaría buena parte del hipotético gasoducto.

La destitución del Ministro de Hacienda Roberto Lavagna, cerebro de la política económica argentina, y la designación como Ministra de la Defensa de la hasta ahora Embajadora argentina en Caracas, Nilda Garré, han sido evaluados por analistas internacionales en Brasil y Caracas, como un serio impulso hacia la izquierda por parte de Kirchner. Lo cual sería una señal de alineamiento con Chávez en contra o en paralelo, de las relaciones con Lula. Otros, sin embargo piensa que el cambio en el gabinete es la forma de Kirchner, sintiéndose fortalecido tras los resultados electorales,  reforzar su carácter de eje único  del gobierno, eliminando figuras con peso propio como Lavagna.

Dicen que Kirchner baila tango afuera de casa y chamamé (un baile criollo con mucha patada al suelo) adentro. Una frase especialmente gráfica sobre el esquema de actuación política del presidente argentino.

Baile tango o chamamé, lo cierto es que Kirchner está bailando su propio ritmo  internacional con prescindencia de Brasilia. A sus especiales relaciones con Chávez, se agrega su diplomacia con Washington intentando socavar -infructuosamente- la vocería regional brasileña. Las relaciones argentinas con el gobierno uruguayo han sido poco menos que tensas en las últimas semanas, pese a la tan anunciada amistad de Kirchner con el presidente Tabaré Vásquez: los pleitos no son ideológicos, se deben a la construcción de plantas de celulosa en la zona fronteriza, las cuales con combatidas por el gobierno argentino y por el canal oficial venezolano Telesur. Aparte de ello, Kirchner está propiciando medidas restrictivas al ingreso de productos brasileños a Argentina, con lo cual el futuro del MERCOSUR como zona de libre comercio se está colocando en duda. Ello explicaría tanta insistencia de Lula en cuanto a la “relación especial” entre Argentina y Brasil.

El Mercosur se está plagando de “política” mientras sus bases comerciales están seriamente debilitadas.

 

 

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