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VENEZUELA AISLÁNDOSE El Universal, Caracas, Venezuela,
16 de noviembre de 2000
El presidente Fernando Henrique Cardoso, con la serenidad
de su segundo gobierno, se permitió el lujo de convocar exitosamente a una
cumbre presidencial de los gobernantes de todo el subcontinente a finales de
agosto pasado.
Hugo Chávez en su condición de presidente ad tempore de
la Comunidad Andina de Naciones, informó al pueblo de Venezuela que viajaría
a Brasilia un día antes de la convocatoria, para supuestamente negociar con
Cardoso (presidente ad tempore del Mercosur), la definitiva integración de
los dos bloques. El megapresidente venezolano lo arreglaría todo hablando de
tú a tú, con el que él supone megapresidente del sur. Igualmente, el
presidente Chávez nos informó a todos los venezolanos, que iría a Brasilia
para lograr la creación de una alianza militar de los países suramericanos,
que sirva de contraparte a la OTAN.
Por supuesto que nada especial salió de la reunión de
megapresidentes (Can- Mercosur), diferente a las inconsecuente negociaciones
que ya están en desarrollo desde hace varios años. Y como era absolutamente
esperable que ocurriera, los países suramericanos tampoco estuvieron
dispuestos a anotarse en el proyecto chavista de una alianza militar del sur
para enfrentar a los Estados Unidos. Dado el obvio fracaso en sus anunciados
objetivos, no quedó a Chávez otra cosa que sabotear la fotografía oficial
del grupo de presidentes, acostándose en la grama para solaz de los
periodistas y para convencimiento de las cancillerías suramericanas sobre la
poca seriedad del señor Chávez.
Luego de Brasilia, Chávez viajó a Nueva York tras rápida
parada en Fortaleza (Brasil) y Caracas. En la ONU ante una disminuida
audiencia de media mañana, Chávez expuso sus posiciones sobre el mundo, tal
como lo hicieran los otros jefes de estado que allí estuvieron. No habiendo
captado más atención que otros presidentes, Chávez decidió ganar cámara a
costa de nuestras relaciones con Colombia. Sus ataques al Plan Colombia
desde Nueva York, valieron para que Guillermo Fernández de Soto, canciller
colombiano, le pidiera a Chávez que se ocupara de sus propios asuntos.
Llegando Chávez de su fracasado periplo, y con la delegación colombiana de
alto nivel ya en Caracas, decidió suspender la reunión de la comisión
binacional fronteriza que atiende los temas militares. Esta suspensión por
parte de Chávez, abortó la importante ocasión para que el jefe de las
fuerzas militares colombianas, general Fernando Tapias, expusiera tal como
estaba planeado previa y conjuntamente, todo el esquema del Plan Colombia a
sus pares venezolanos. Chávez no permitió que los colombianos informaran
directamente a Venezuela sobre este tema crítico: unos días después el
ministro José Vicente Rangel, en muestra recurrente de cinismo, acusó a
Bogotá de no informar debidamente sobre el Plan Colombia. A las
confrontaciones comerciales con Bogotá, debe sumarse el nada sutil apoyo
político (¿sólo político?) a las FARC por parte de Caracas.
A esta corta reconstrucción de tan sólo una de las
aventuras de Chávez en el exterior, se agregan los más insólitos hechos que
puedan registrarse en lo que pareciera una carrera de cabras en pos del
desprestigio y el aislamiento del país.
Nuestros vecinos tienen ahora variados elementos para
sentir preocupación y aprensión hacia Venezuela. Ya la intervención de
Chávez reclamando mar para Bolivia, tuvo el dudoso mérito de exaltar a
sectores radicales de Santiago y paralizar el proyecto del gobierno chileno
para negociar el acceso a una franja costera. Ya la complaciente posición
chavista ante el intento de golpe militar en Ecuador en enero pasado, y el
otorgamiento de visas venezolanas a los líderes golpistas, ha hecho que la
clase dirigente ecuatoriana vea con suspicacia el papel que Venezuela
pudiera estar desempeñando en los movimientos radicales indígenas-militares
de clara filiación militarista de izquierda. Otro tanto tienen que estar
observando los organismos de inteligencia brasileños, dada la proximidad
ideológica del chavismo ya no con el rosado Partido de los Trabajadores sino
con el radicalismo del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, en el
marco del Foro de Sao Paulo. No es casual que en la reunión de ministros de
defensa celebrada en Manaus, la posición venezolana de constituir un frente
militar del subcontinente, fuera educadamente rechazada.
Como si tener a la vecindad en expectativa fuera poco,
Venezuela comienza a ganarse enemistades gratuitas, ajenas y no tan lejanas.
La manifiesta posición del gobierno Chávez contra el estado de Israel, nos
está llevando a un mortífero juego del cual Venezuela se había mantenido al
margen. Dada la notoria presencia de agentes musulmanes en el cercano
triangulo Brasil-Paraguay-Argentina, dado el creciente papel propagandístico
de Caracas a favor de las causas radicales árabes, muy seguramente nos
debemos estar convirtiendo en una Casablanca suramericana, con espías y
agentes encubiertos de todo género.
A ello se tendrá que adicionar el tema central de la
pérdida de confianza que el Estado venezolano puede ofrecer a Washington y
que en lo inmediato se comienza a reflejar en la falta de coordinación de
operaciones.
Apelar al expediente de la emisión de notas de protesta por parte del
gobierno Chávez contra Estados Unidos, es la más clara señal de la suicida
ruta que este gobierno ha escogido para las relaciones internacionales del
país. Amistades y lealtades dudosas compradas con petróleo a crédito,
afiliación a causas remotas y contrarias a nuestra tradición occidental,
permanente agresión verbal contra nuestros socios tradicionales, en
definitiva, un mar de conflictos internacionales de los cuales un país que
vive de su comercio exterior nada tiene que ganar y si mucho que perder.
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