UN MUNDO
Todo estaba oscuro. Por un momento llegué a pensar que me había quedado ciego pero de repente vino hacía mí una luz muy fuerte, de una tonalidad que nunca antes mis ojos habían vislumbrado. Primero me asusté, pero no tardé en darme cuenta de que esa especie de sol - y le llamo así por su impresionante magnitud y su cegador resplandor - no quería hacerme ningún daño, sino que entró en mi interior por mi boca, abierta de lo atónito que estaba, recorrió en milésimas de segundo mi garganta y se acabó fundiendo en mi estómago. La sensación fue impresionante, pero no tenía miedo, sino que nunca antes me había sentido tan lleno, tan tranquilo, tan sereno...
Cuando asimilé mi nueva situación - formar parte de aquel extraño sol, o que el formara parte de mi ser, todo depende de cómo se mire - seguí caminando por aquel infinito pasadizo, sin suelo ni techo, sin nada más que vacío. Pero de repente tuve que pararme, pues en aquel mar silencioso oí un ruido, por lo ensordecedor, pero un sonido, por la gran belleza de éste. No sé definirlo, sólo recuerdo que cada vez se hizo más y más intenso, hasta que, en su punto más fuerte, cuando me había acostumbrado a él, desapareció con la misma precipitación que había llegado. Justo en ese momento me di cuenta de que estaba completamente aislado dentro de aquello, fuera lo que fuese, y que probablemente jamás saldría de ahí.
Pero de repente, todo volvió a cambiar. Aquella luz que pocos segundos antes - aunque quizás habían pasado horas, días o incluso años, ya que el tiempo en aquel lugar sin fin era imposible de medir - había entrado en mi cuerpo volvió a salir de él, de la misma forma que había entrado, pero mucho más deprisa, sin que yo fuera consciente de ello hasta que vi como empezaba a moverse por la nada, formando líneas zigzagueantes. Poco a poco esas líneas fueron iluminando algo que parecía un camino y que empezaba a dar a ese pasadizo, sin techo ni suelo, un camino largo y estrecho, con baldosas transparentes, que parecían de agua. Cuando moví la cabeza para abajo y las vi temí caerme en el río formado por el camino, pero no fue así, sino que mis pies flotaban en aquel extraño fluido - ya que aunque parecía agua, puedo bien asegurar que no lo era - y me sentía completamente etéreo, como si no tuviera cuerpo, como si fuera un espíritu. Y así, con esta sensación casi divina, fui atravesando ese río que había aparecido de la nada, hasta que el camino se acabó y pude ver ante mis ojos una enorme masa, que a su vez parecía tan ligera como yo y que me recordaba a una nube. No dudé un segundo y entré en ella, sin miedo a lo que me pudiera pasar y una vez dentro me sentí tan bien que jamás quise salir de ella, había encontrado lo que toda persona busca, la felicidad, que no se parece en nada a lo que nunca nadie ha contado- .
Sin embargo, cuando pensaba que sería feliz para siempre oí otro ruido, pero esta vez nada parecido al anterior, sino que era el pitido del despertador de mi mesita de noche. Entonces me di cuenta de que todo lo que había pasado no era más que el producto de mi imaginación en sueños y que mi vida diaria seguía, como cada día. Así que hice lo mismo de siempre - aseo, trabajo, comida... - hasta que volví a mi casa, cuando ya anochecía. Entonces, aburrido, encendí mi televisor, con el fin de ver un programa cualquiera para pasar el rato. Pero con lo que me encontré fue con el telediario y con un presentador que decía que había empezado otra guerra en otra parte del mundo, mientras seguían otras tantas en las que morían cada día centenares de personas simplemente por el hecho de estar en el sitio adecuado en el momento justo. Y lo vi claro, ¿por qué un mundo tan cruel, falso y triste tenía que ser verdad? ¿y si no era más que un sueño amargo dentro de mi mundo de felicidad en la enorme nube? Quizás tendría razón o quizás no, pero lo que no dudo es que cada noche anhelo el momento en que vuelvo a estar en aquel mundo, exista o no en la realidad, pues es el mundo en el que yo quiero vivir.