NUNCA PROMETAS QUE MAÑANA NO VA A LLOVER

A partir de hoy, vivir en este edificio no tendrá más emoción que vivir en otro cualquiera. Vivir aquí será como vivir en una casa normal. Y esto me entristece mucho, pues hasta ayer mismo dos ancianas a las que todos queríamos mucho estaban aquí, llenándonos los corazones con su alegría y ganas de vivir... Pero ahora eso ya no volverá a ocurrir, pues ambas han muerto. Y de hecho, hace pocos meses que todo empezó a cambiar...

Mabel y Ana, Ana y Mabel... las dos tenían ochenta y cinco años. Ya no eran ningunas criaturas y sin embargo tenían una personalidad de jovencitas. Supongo que nunca renunciaron a su preciada juventud, aquella a la que tanto quisieron y a la que se aferraron con todas sus fuerzas todo y sabiendo que los días, meses y años seguían pasando.

Yo tengo quince años y desde pequeña que ya cuidaban de mí; pero si dijese que sólo han sido mis vecinas mentiría. Han sido mucho más que eso, y es que se podría decir que con ellas he aprendido las cosas más importantes de la vida. Con ellas he aprendido a valorar la vida, he aprendido a respetar la naturaleza, he aprendido a sonreír... me han enseñado casi todo lo que sé. Les debo tanto... Y me asusta la idea de no habérselo dicho nunca, pues hasta ahora no me había dado cuenta de todo esto.

Hoy tiemblo y siento frío. Es la forma en la que se manifiestan mis miedos. Pero ahora, ellas ya no estarán aquí para decirme: mira, lo que debes hacer es simple: ¡echar los males a la calle y cerrarles la puerta! O lo que Ana siempre me decía: ¿ me han servido a mí de algo los males? ¡No, pues ya está! Aunque a Ana, solía llamarla Tomo, pues no soportaba que la llamase por su nombre; decía que el nombre es para las formalidades e insistía en que Mabel y yo la llamáramos Tomo, que aunque parezca ridículo es el diminutivo de Tomoe, un nombre japonés que le chiflaba. Según me contó ( muchas veces, por cierto) Mabel (Deli, diminutivo de Delilah) la llamaba así cuando desde que tenían trece años.

No lo he mencionado aún, pero Mabel y Ana se conocieron a los doce años, en un chat de internet, concretamente de un servidor muy viejo que ya debió desaparecer, llamado ya.com. Allí se encontraron por primera vez Tomo la catalana y Deli la madrileña. Y aunque parezca raro o increíble, la larga amistad que les ha unido a lo largo de estos setenta y tres años empezó allí, cuando ni tan siquiera podían verse la cara, cuando no podían oír su voz. Sinceramente, no sé si yo sería capaz, pues se debe sufrir mucho... por eso siempre les decía que debían quererse mucho, para haber aguantado como mejores amigas esa larga distancia. Eso fue durante seis años, los de la ESO y bachillerato, que era el sistema de enseñanza que se seguía entonces. Cuando les tocó ir a la universidad, fueron juntas. Se fueron a Barcelona. Alquilaron un piso para estudiar y vivir. Una vez terminaron la universidad estuvieron un tiempo trabajando por separado, pero terminaron en la misma empresa y en donde se quedaron hasta el día de su jubilación, hace ahora unos veinte años, pues se jubilaron a los sesenta y cinco.

Todos estos recuerdos, aunque alegres, me llenan los ojos de lágrimas. Por un lado porque me emocionan, pues son realmente hermosos; por otro, me entristece saber lo mal que lo debieron pasar esos seis años separadas y ahora... también porque no volveré a oír esos relatos... relatos que debo haber oído más de diez veces, pero de los que nunca me he cansado. Tomo era una de esas personas que cuentan las cosas muchísimas veces y apenas sin darse cuenta. Una cosa que me impresionaba mucho, era que siempre las contaba muy apasionadamente.

Pero no todo ha sido bueno, o bonito. Han tenido muchos malos momentos de los que por cierto, no solían hablar, pues Deli siempre ha sido partidaria de olvidar todo lo malo y seguir adelante tan solo con los buenos recuerdos.

Hay algo que no supe hasta hace un par de días: Deli escribía un diario. Un diario que ni tan siquiera Tomo sabía que existía. En él debe haber todas esas confesiones que nunca se atrevió a hacerle a nadie. Y antes de morir me lo dio a mí, me dijo que lo leyera y que sacara todo lo bueno que pudiese; que no pensara en la parte mala, sino en la buena.

Y he decidido empezar a leerlo un día como hoy, un día como otro cualquiera. ¿O quizás no?

                                                                                                             06/04/09

Hoy tiemblo y siento frío. Me he sentido así todas y cada una de las veces que he podido ver el final, el final de lo que más quiero: mi amistad con Tomo. La diferencia es que esta vez... lo veo muy de cerca... quizás demasiado. ¿Cuánto hace que la conozco? Mucho... hace mucho... pero en todo ese tiempo nunca había tenido la necesidad de escribir nada, porque los problemas que hemos tenido han sido verdaderas tonterías. Ahora es distinto. Y me siento realmente mal, pues temo que todo termine y sea por culpa de mí.

Últimamente Tomo ha cambiado. Aunque me prometió que nunca, nunca cambiaría, mírala. Quizás soy egoísta por pretender que siempre siga a mi lado, no lo sé, quizás tan solo me equivoque, quizás no este pasando nada. El caso es que...

 

                                                                                                      09/04/09

No me equivocaba... Realmente Ana ha cambiado. Ya ni tan siquiera, puedo llamarla por su sobrenombre, pues ese apodo era para mi mejor amiga, no para una persona extraña como las que te cruzas por la calle. Me entristece profundamente tener que escribir estas líneas, pero me limito a ¡redactar la realidad!. Esto es lo que está ocurriendo. Esta realidad es muy triste. Si no la tengo a ella no soy nadie, me siento inútil. Ahora entiendo lo que hace tantos años intentó explicarme. La verdad es que yo apenas le prestaba atención cuando hablaba de estas cosas, pues realmente, nunca creí que ocurrirían. Ella se ha distanciado de mí, pero está vez de verdad y yo no he sido capaz de hacerla volver. Me siento muy mal. Quizás sea por mi culpa, pero el caso es que ha cambiado.

 

                                                                                                  15/04/09

Faltas a  algunos exámenes. A los que te presentas, suspendes... ¿por qué? ¿Contra quién diriges tu ira? Quizás sea contra mí. Quizás todo esto lo hagas porque en algún momento te fallé. Quizás toda esta reacción en cadena la haya provocado yo.

Al hablar así me siento tu misma, años atrás, cuando me decías que por tu culpa... lo que me había parecido ridículo ahora tiene sentido. Creo que entiendo como te sentías cuando me decías eso. Este sentimiento es muy triste. Daría lo que fuera para no sentirlo más, pero no puedo. Está aquí y esta vez no pienso evitarlo. Ya no podrás volver a decir que omito lo que no me gusta. Aunque seguramente, ni tan siquiera te molestarás en decirme algo.

 

                                                                                             20/04/09

¿Cuánto hace que no me hablas? ¿Dos semanas? ¿ O puede que sean tres? Ya no logro fijar la fecha, pues para mí es como si hubieran pasado varios años. No sé por qué, pero hoy lo veo todo más negro que nunca. Puede que sea por que me dirigiste esa mirada perdida al entrar en clase, mirada que se me clavó en el alma. Puede que sea porque me he encontrado tú maleta hecha al volver a casa. Al ver los cajones de tus cosas totalmente vacíos he sentido como si también me hubieras vaciado a mí. Y he releído todas aquellas cartas que me mandaste en días felices, aunque con sabor amargo, aquellos en los que vivías lejos de mí. Hace tan solo un momento, desplegué aquel calendario del 2002-2003, en que habías ido marcando cada día que pasaba, y en dónde habías escrito tus sueños y señalado aquellos días especiales, como el de mi cumpleaños, o el día en que nos íbamos a encontrar por primera vez. Y mientras recordaba esos tiempos, deseaba volver atrás, deseaba que el tiempo se hubiera parado, allí donde me prometiste que no cambiarías. Ojalá pudieras leer esto... puede que entonces tú... vieras, te dieras cuenta, de lo que está ocurriendo.

No sé por qué motivo dejaste de hablarme, no sé por qué motivo un día me giraste la espalda y no me volviste a mostrar tu cara. Ni tan siquiera sé si realmente hay un motivo. Me paso las horas muertas pensando, pensando y pensando, pero nada, no obtengo esa respuesta que tanto ansío. Ahora te veo como aquella manzana que nadie se comió y que ahora se va arrugando con el paso de los días. ¿O acaso esa manzana soy yo? ¿O acaso la culpa es mía, por no haberte comido, dulce y dorada manzana?

 

                                                                                                      22/04/09

Creo que hoy me he rendido. Sé que te prometí que no te dejaría, que siempre estaría contigo, y por mucho que tu intentases alejarte de mí, no te lo permitiría. Que me engancharía a ti y no te soltaría. Pero esa burrada te la prometí con trece años ¿ lo recuerdas? Pero no me siento culpable por no cumplirlo, al menos, no del todo, pues tu también me prometiste algo. Me prometiste que siempre estarías aquí, a mi lado, que nunca me dejarías, y sobretodo, me prometiste que no cambiarías.

Has roto tu promesa. Tú, la chica que siempre lo cumplía todo, ojalá pudieras verte ahora desde mis ojos.

Debe ser culpa mía. No debí hacerte prometer que no cambiarias, pues eso no se puede prometer. Es como prometer que mañana no va a llover. No puedes prometer eso, es algo que no puedes asegurar...

¿Por qué apareciste en mi vida? ¿Qué querías aquel día que nos encontramos por primera vez? Es más ¿Qué quieres ahora? ¿ Qué pretendes con tu comportamiento? ¿Echar tu vida abajo? Es lo único que estás logrando.

 

                                                                                                        25/04/09

Los días pasan y cada vez estamos más distanciadas, si es que eso es todavía posible. Creo que voy a escribir un libro. Un libro en el que relate la vida de una persona maravillosa, pura y noble, que un día decidió cambiar, cosa que solo le sirvió para echar por los suelos todos esos años de estudio, días y días de sudor para conseguir las notas deseadas.

Cada noche mi alma llora, llora mientras duermo. Llora mientras apareces en mis sueños pidiéndome ayuda. Te la ofrezco y la rechazas. Cada vez entiendo menos. Aunque en estos últimos días me has dirigido muchas de tus miradas. Pero cada vez que intentaba acercarme a ti, te alejabas. Cada vez que tendía mi mano, encogías la tuya. Y día tras día, noche tras noche, me sigo preguntando el por qué.

 

                                                                                                    30/04/09

Hoy he decidido emprender un viaje. Todavía no sé dónde iré, me da igual el destino. La cuestión es irme lejos de aquí durante un tiempo. Sé que huir es de cobardes, pero siempre he sido así. Necesito alejarme de la realidad, de esta realidad. Aunque los problemas sigan aquí cuando vuelva... quizás en este tiempo, yo cambie lo suficiente como para afrontar la situación que en estos momentos no puedo ni enfocar con claridad. Espero que Ana sepa perdonar mi marcha, aunque tal vez ni dará cuenta. En lo más profundo de mi ser espero que si, y que me eche de menos... Dentro de muy poco partiré hacía la que durante mis próximos meses será mi ciudad.

 

                                                                                                              01/05/09

¿Irme? ¿Por qué tendría que hacer algo así? ¡Exacto! Cómo se me ha podido pasar por la cabeza hacer semejante tontería... ¡Se ha acabado esta tristeza! ¡Se ha acabado estar baja de ánimos! Tomoe va a volver conmigo, vaya que sí! No necesito obligarla porque lo veo en sus ojos, veo que quiere volver a aquellos tiempos pasados en que estábamos juntas... pero no debe saber como. ¡Yo la ayudaré! Todo volverá a ser como antes. Y ya sé como. Se me ha ocurrido algo que no va a fallar. Recuerdo que hace tiempo, en aquellas historias que nos inventábamos, un papel muy importante lo tenían los acantilados, siempre hacíamos bromas sobre ellos... Así que no sé cómo, pero conseguiré tenerla ante un acantilado. Entonces, seguro que se da cuenta de que lo nuestro no tiene fin.

 

                                                                                                         16/05/09

¡Lo he conseguido, lo he logrado! Tomo y yo, volvemos a ser las de siempre. No tengo palabras para expresar mi alegría... con este apartado terminaré de escribir en el diario, pues si no hay tristeza, no lo necesito. Tan solo, y antes de dejarlo (espero que durante mucho, mucho tiempo) me gustaría dejar constancia de todo qué ocurrió y cómo ocurrió:

Le dejé una nota en su mochila, diciéndole que tan solo le pedía verla una última vez. Nos encontramos por la tarde, en un descampado. Ella ni tan siquiera me miró a los ojos, cosa que me entristeció. Pero no me rendí, pues eso es lo último que haría. Al principio no sabía como la convencería. No sabía que podría decirle para que me siguiera, pero en un arrebato de locura se me ocurrió algo que no sé... a día de hoy me parece una burrada, pero surgió efecto. Le dije que me iba a suicidar si no aparecía allí. Ella se sobresaltó, me miró y rápidamente volvió a bajar la vista. Le di un mapa del sitio y como llegar, pero acto seguido y sin darme tiempo a más, se fue. Me dirigí a la ciudad elegida, Ampurias. Y allí la esperé sentada en una roca, observando el maravilloso paisaje que tenía delante. Ese mar azul, con sus suaves olas al ritmo de la brisa. Y entonces, lo noté. Tenía  alguien detrás. Tenía miedo de girarme y ver que no era ella... pero tuve que hacerlo, quizás sino...

Mi corazón saltó de alegría al ver que si, que era ella y una sonrisa se dibujo en mi cara sin ni tan siquiera quererlo. Estaba allí, de nuevo con la vista en el suelo. Yo me levanté y lentamente fui hacia ella, sin atreverme a acercarme demasiado, pues tenía miedo, miedo de lo que pudiera pasar. Le puse mi mano sobre el hombro con dulzura y delicadeza. Y hice que levantara la cabeza y mirara hacia el mar. No sé cuanto rato se estuvo allí mirando, lo que sé, es que yo estaba a su lado. Ambas veíamos lo mismo. A ambas nos debían pasar las mismas cosas por la cabeza. Miles de recuerdos entremezclados intentando salir a la luz. Recuerdos y sentimientos del pasado, de una época de inmadurez, dónde hacíamos locuras por doquier. Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. No eran de tristeza, eran de nostalgia. También ahora, al escribir, me vuelven a correr mejilla abajo. Pero en ese momento ya no aguanté más y casi involuntariamente y susurrando le dije: ¿por qué?- Y aunque no esperaba encontrar respuesta, ella me contestó con un: no lo sé- mientras las lágrimas le caían silenciosas por las dos mejillas. Me acerqué a ella y la abracé. Ella también me abrazó. Volvíamos a ser Deli y Tomo, las dos viejas amigas que reían y lloraban juntas. Tomo... Tomo volvía a ser Tomo. Que más daba el motivo, que más daba el pasado. Lo que importaba, era el presente, y el futuro que nos aguardaba tras la esquina.

Hay algo que no he dicho aun y me gustaría comentar: Tomo sabía muy bien que yo no me iba a tirar, pero a pesar de ello acudió... Sé que pase lo que pase, que diga lo que diga, que haga lo que haga, ella siempre estará conmigo. Siempre que la necesite la tendré cerca, muy cerca. Y que por muchos años que pasen, ella seguirá siendo mi mejor amiga, y seguirá estando aquí, dispuesta a ayudar a la loca de su amiga.

Y eso, aunque parezca algo tan banal, a mí me hace feliz. Me hace muy feliz. Por eso siempre lo daré todo por ella, siempre lucharé al máximo para poder estar a su lado. Quizás no sea fácil de comprender, quizás parezca una tontería a ojos ajenos... pero a los nuestros no.

Gracias por todo Tomo. Gracias por todo.

 

 

                                                                                                      03/09/74

Han pasado más de sesenta años desde la última vez que escribí en este viejo diario... al volver a leer todo esto, es como si un jarro de agua fría hubiera caído sobre mí, dejándome empapada de viejos recuerdos que ya creía olvidados y que ahora volveré a olvidar. Siento cerca mí muerte. Y también la de Tomo. Ya no somos crías, pues ambas tenemos ochenta y cinco años...

Me acaba de venir a la mente, que hace muchos, muchos años, le dije a Tomo que era lo mejor de mi vida... quizás ya lo ha olvidado o quizás se cree que eso ha cambiado; me gustaría decírselo antes de la despedida... quiero que tenga presente que siempre la he querido, desde el primer día que nos vimos. Quiero que sepa que todo sigue igual. Quiero que sepa que este dónde este, que haga lo que haga, que pase lo que pase, siempre sentiré esto. Es algo que no puede cambiar. Es algo que pienso prometer porque es algo que puedo cumplir. “Nunca prometas que mañana no va a llover” esa frase...

No voy a prometerte que mañana no va a llover. Tan solo voy a prometerte que jamás la olvidaré.

¿Sabes? Fueron tantas las veces que me pregunté si llegaríamos a este día... tantas las veces en que no lograba imaginarme a tu lado durante toda mi vida... Pero con esfuerzo lo hemos logrado, toda una vida juntas... Eso es algo que no todo el mundo puede decir.

Es algo que no todo el mundo puede vivir.

Desde aquel día que nos encontramos por primera vez en un chat y hasta el día de hoy todo ha cambiado tanto...  Pero recuerdo con mucho cariño el verano de 2002: no nos habíamos visto nunca, todavía no éramos mejores amigas, apenas éramos amigas. Pero conforme iban pasando los días, iba cambiando nuestra relación. Recuerdo todas aquellas historias que hacíamos en mundos paralelos con las que tanto nos reíamos. Recuerdo las fuentes dónde nos bañábamos y recuerdo los acantilados; fueron tantos los que vimos pasar a lo largo de nuestros viajes por el mundo de los sueños. Y no sólo fue eso, pues hubo mucho más. ¿Y todas aquellas veces en que nos emocionamos juntas? Eso es lo más valioso que una persona puede tener. Es tan cierto que el dinero no compra la felicidad... Tú me la enseñaste. Me la mostraste y me dijiste: aquí la tienes. Sólo debes cogerla.

Tu me enseñaste a amar y a ser amada. Tu me diste tanto... y creo que  no te he devuelto todo eso. Quizás te lo debería haber dicho más veces pero ya sabes lo que me pasa. No encuentro las palabras para expresar lo que siento y por eso no lo hago.

Por eso siempre quise hallar el modo de devolvértelo y creo haberlo encontrado. Con todo lo que he escrito a lo largo de los años tengo suficiente para un libro. De hecho empecé a escribirlo ya hace tiempo, pero no lo terminé. Ha llegado la hora de que lo haga. Quiero compartir lo que siento con todos aquellos que quieran. Quiero que todo el mundo tenga la oportunidad de sentir algo así y de ser tan feliz como yo lo he sido.

Si ahora tuviera que pedir un deseo no pediría dinero ni riquezas. Pediría que la gente fuera feliz. Que todos tuvieran las oportunidades que he tenido yo de ser feliz. Sólo eso

Ahora sé que este diario será para Shinobu, mi querida vecina. Desde que te conocemos, vemos en ti las niñas que un día lejano fuimos y a ambas nos hubiera gustado darte todos nuestros conocimientos. Pero quizás a través de este diario puedas aprender mucho más de lo que creo.

 

                                                                                                              06/09/74

Esta va a ser la ultima vez que escriba en este diario. Con esta última entrada, cierro una vida de emociones y felicidad.

Aunque en él no haya escrito mucho, ya dejo entrever lo que necesito. Este pequeño amigo de hojas blancas a sido mi fiel confesor, al que le conté lo que necesitaba y cuando lo necesitaba. Apenas ha sido usado, por eso, me gustaría que algún día tú, Shinobu lo continuaras y escribieras en él tus sentimientos, tus penas, tus miedos, tus alegrías... Ojalá puedas encontrar  a alguien al igual que en su día yo encontré a Tomo, pues tener alguien así, te hace sentir especial de verdad, es realmente algo maravilloso. Si lo encuentras, no lo dejes escapar. Pero ten cuidado. Si aprietas demasiado la mariposa, morirá. Delicadeza, dulzura, ternura y cariño.

Nunca renuncies a tus sueños. Si hay algo que quieres hacer... no pares hasta conseguirlo, pues el empeño y el esfuerzo diario darán sus frutos.

Y ahora me gustaría que leyeras nuestros últimos deseos: tanto a Tomoe como a mí, nos gustaría ser enterradas al pie de un cerezo pues desde hace años que tenemos en mente una frase típica japonesa que dice así: “las flores de los cerezos son rosas porque la sangre de los cuerpos que hay enterrados a sus pies ha teñido su blanco” Esto es cierto teniendo en cuenta que en Japón hay cerezos con la flor rosada.

No nos gustaría que estuvieras triste, pues tu cara es mucho más hermosa sonriente que con una mueca de dolor.

Estoy segura que tanto Tomoe como yo deseamos que seas feliz. Espero que leyendo esto hayas encontrado respuesta a muchas de las preguntas que te dejamos sin respuesta. Espero que no te tomes nuestra marcha como algo malo, sino como algo bueno. Todo tiene partes buenas y partes malas, y aunque no estemos contigo, sabemos que siempre nos recordaras. Por muchos años que pasen, Tomo siempre seguirá siendo Tomo y yo... seguiré siendo yo.

Lo ultimo de lo que dejaré constancia para ti, Shinobu, dulce flor de vida, es un consejo, algo que espero nunca olvides: lucha. Lucha por aquello que quieras y nunca, nunca te rindas ante nada ni nadie. Sé feliz y recuerda: nunca prometas que mañana no va a llover.

 

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