MI PADRE Y EL BARÇA
Todavía puedo sentir la calidez de la mano de mi padre estrechando la mía al salir de nuestro piso en el barrio de Coll-Blanc cuando algunas mañanas de domingo mientras mi madre se quedaba al cuidado de mi hermano que era muy pequeño, me llevaba de paseo, primero alrededor del Mercado en donde se montaban numerosos tenderetes para la compra–venta y cambio de libros y tebeos (quizá fue ahí donde comenzó mi afición a la lectura) y también recuerdo a los vendedores ambulantes (popularmente llamados “charlatanes”) que te ofrecían .-“Ni por cinco, ni por cuatro, ni por tres, solo por una o dos pesetas “ un montón de cosas inútiles que a mi me parecían maravillas. Por fin el paseo casi siempre terminaba en el mismo lugar (lo recuerdo vagamente, pues yo tendría entonces unos cinco años) pero lo que si recuerdo es que mi padre se paraba delante de unos terrenos muy grandes en la Travesera de las Corts, y me decía con la voz llena de ilusión: .-Aquí están construyendo el nuevo campo de fútbol del Barça, será el más grande y el más bonito de todos y cuando esté terminado vendremos a ver jugar a Kubala. Yo no lo entendía mucho pero me gustaba oír su voz y la manera como lo decía y desde luego lo que si me quedó en la memoria es la palabra ¡Barça!, después vuelta casa, pero no sin antes pasar por la pastelería del barrio para adquirir los postres del domingo, “el tortellet”, un rosco relleno de crema o nata que era delicioso (en casa como en la mayoría de hogares de la posguerra la economía no era muy boyante, a pesar de ello el “tortell”del domingo era sagrado y uno de los pocos lujos que nos podíamos permitir).
Pasaron un par de años y un día de la Mercè mi padre dijo: .-Vamos a la inauguración de nuestro campo. Mi madre nos vistió con nuestras mejores galas y en aquella ocasión ya con mi hermano que había crecido y tenía casi cuatro años nos dirigimos nerviosos y emocionados hacia el Nou Camp. Tampoco puedo recordar con claridad todo lo que aconteció aquel día, pero si la gran sardana, a Mari Sampere, a Kubala y sobre todo las caras de alegría e ilusión de todos los que me rodeaban, aquel día a pesar de nos ser domingo comimos para postres “tortell” y sobre todo ¡Barça!
Cuantos recuerdos de mi infancia afloran a mi mente, costumbres de cosas que ya se han perdido, por ejemplo en la tediosa Semana Santa de entonces (finales de los 50) en la que en la radio, que era uno de los medios de entretenimiento preferidos ya que la televisión solo existía para algunos privilegiados, sólo emitía en esos días música sacra y en los cines sólo se proyectaban películas religiosas, que no negaré que me entusiasmaran al principio ( las aventuras del padre Damían en la isla de Molokai llena de leprosos, el milagro de Fátima con los tres sufridos niños que lo pasaban fatal porqué no les creían, los pobres cristianos devorados por los leones en cualquier espectacular peplum de colorines servido por Hollywood, etc.) pero después de verlas año tras año ya no me seducían; así que una de las costumbres curiosas que me entusiasmaban era la de visitar la feria que se establecía en la carretera de Sants en la que se podían ver pequeños corrales llenos de corderos vivos que se ponían a la venta para celebrar el banquete del lunes de Pascua (aunque yo prefería no pensar que serían sacrificados para tal fin). Lla feria también exhibía paradas de dulces y pequeños juguetes y gracias a la generosidad de mis padres siempre caía alguno en mis manos como regalo especial de esos días. Y el lunes de Pascua, la llegada de las tres “monas” ya que en casa vivíamos tres niños: mi hermano, mi prima y yo, que después de pasarnos varios días comiendo pastel terminábamos con la barriga revuelta y otros tantos días a dieta para arreglar el desaguisado.
Una imagen que
tengo muy presente es que desde muy pequeña oía hablar a mis padres de
la Guerra Civil y las penalidades pasadas durante su transcurso (los bombardeos,
el miedo, el hambre, la necesidad de ir a buscar comida
como fuera y a donde fuera, desde los adultos a los más
pequeños y sobre todo la pérdida
de algún ser querido), después el deseo y el
convencimiento sobre todo por parte de mi padre de que llegaría un día que
con la desaparición de la figura del “Generalísimo” y por
consiguiente, el fin de la dictadura, las cosas empezarían
a cambiar y la vida mejoraría para todo el mundo; desde los
siete años oía que el general estaba en las últimas y que pronto cambiaría
todo, pero tuvieron que pasar todavía casi veinte años
para que se produjera tal cambio.
A pesar de lo que se escuchaba en casa, en el colegio nos veíamos obligados a estudiar la Historia de España en la que solo existían los Reyes Godos, los Reyes Católicos y las hazañas del General para “salvar” a todos los españoles con la Guerra Civil y por supuesto aprender la letra del himno nacional de España y el Cara al Sol que nos hacían cantar cada día levantados y con la mano alzada. Como anécdota contaré que por mi condición de zurda, sin darme cuenta (al principio) cantaba dichos himnos con la mano izquierda alzada en lugar de la derecha que era lo preceptivo, sería que las ideas de mi padre empezaban a cuajar en mi mente, digo yo.
Otro suceso mágico y quizá de los mejores, es el que me remonta a la noche de los Reyes, cada una de esas noches rememoran la ilusión y el nerviosismo con que esperábamos el día siguiente para ver que nos habían “traído” los Reyes, años más tarde supe que la mayoría de esos regalos habían sido fabricados por mis padres y mi abuela; mi padre construyó un circo de madera y lona precioso para mi hermano (que años mas tarde atendiendo a mi petición repetiría para mi hijo), mi madre tejiendo jerséis y mi abuela cosiendo vestidos para las muñecas nos hicieron muy felices.
Pero un año mi
hermano recibió un regalo que nunca podría olvidar, ya que aparte del balón
de fútbol que había pedido en su carta a los Reyes encontró a su lado una
camiseta del Barça,
(que aún conservo). Recuerdo que estuvo mucho rato acariciando el escudo
de cartón que llevaba pegado la camiseta y dijo que no se la quitaría ni para
dormir, cosa que cumplió hasta que mi madre le obligo a hacerlo
para poder lavarla. Desde entonces siempre he
pensado que los colores de la camiseta y el escudo del Barça
son los más bonitos del mundo.
Y siguieron pasando los años, un día a principios de los años 60 oí por la radio que nuestro ídolo Kubala se despedía del Barça y con el se iban otros jugadores que mi padre decía irrepetibles: Ramallets, Zibor, Tejada y Suarez. Luego a Kubala le nombraron entrenador de nuestro equipo a media temporada. Eso me gustó porqué aunque no lo veríamos jugar al menos lo recuperábamos para el Barça.
Pienso que mi historia va ligada con el Barça en los acontecimientos relevantes que sucedieron en el club aquellos años, ya que uno de los pocos partidos a los que pude acudir en el Camp Nou (siempre la economía) fue el del famoso penalti que pitó Guruceta, no podría explicar la indignación que se apoderó de todos los que asistimos a aquel partido.
Y casi sin darme cuenta me convertí en una persona adulta, conocí al que luego sería mi marido que siendo aragonés resultó que el Barça era el club de sus amores y Kubala su ídolo de pequeño. El año en que decidimos casarnos, 1974, fue también un gran año para el Barça, después de catorce años de “pasar gana” (como cantaría la Trinca) con la llegada al equipo de un holandés genial, Cruyff, y después de ganar al Real Madrid en su campo con el ya mítico 0-5, conseguía ganar la liga para alegría de todos los culés.
El año 1975
nació nuestro hijo y también se produjo un acontecimiento largamente esperado
por la mayoría de los españoles, con la muerte de Franco empezó a perfilar la
democracia. En años siguientes tuvimos ocasión de votar por primera vez en
unas elecciones democráticas, se produjo el intento del golpe de estado, la
consolidación de la democracia y el Barça consiguió el título mas importante
de su historia hasta entonces: La Recopa de Europa conseguida en Basilea en un
partido inolvidable.
Y el tiempo seguía
pasando y un día de Reyes mi hijo que tenía 5 años encontró un regalo
inesperado de parte de su abuelo: una camiseta del Barça con el escudo bordado
en el pecho (este ya no era de cartón) y como una vez hiciera mi hermano se
puso la camiseta (acompañada de los pantalones reglamentarios y las medias) y
no hubo manera de hacérsela quitar en muchas horas. Al fin bajo la promesa de
que se la pondría de nuevo cada día, accedió a ponerse el pijama para ir a
dormir.
En mi vida como
en la de todos fueron sucediendo cosas buenas y malas, pero las dos principales
a destacar son el nacimiento de mi hija y la muerte de mi padre después de una
dura enfermedad.
Y el Barça seguía su andadura, después de volver Cruyff al club, esta vez como entrenador y de mano del equipo (el mágico Dream Team) conseguía la Copa de Europa el 20 de Mayo de 1992. Aquella noche lloré al ver la alegría de todos los de casa y pensar como hubiera disfrutado mi padre con este título.
Hoy ya no vivo al lado del campo del Barça, por circunstancias mi vida transcurre en un pueblo al lado de Barcelona, en casa hay tres carnets de socio del club y el bienestar económico es mejor que en aquellos años, pero a veces quisiera volver a ser aquella niña pequeña que cogida de la mano de su padre iba cada domingo a ver como se construía el Camp Nou y desde entonces su corazón es blaugrana.