La lucha por la liberación de la mujer
Durante los
años 60 y 70, el discurso feminista se apoyaba en una crítica
social que tenía su raíz en el pensamiento marxista. Las
movilizaciones feministas -que en algunos países llegaron a
tener un carácter masivo- tenían a la mujer trabajadora como
protagonista y señalaban al capitalismo como el enemigo común a
combatir. En IZQUIERDA REVOLUCIONARIA consideramos muy necesario
que las mujeres trabajadoras volvamos a la vanguardia del
movimiento feminista con la idea de recuperar su potencial
transgresor y revolucionario. Esta es la idea que subyace en los
materiales que exponemos a continuación.
8 DE MARZO,
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA
Luchemos como
mujeres, luchemos como trabajadoras
DECLARACIÓN DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA Y PRT
Durante mucho tiempo las mujeres trabajadoras del mundo entero hemos luchado para obtener el derecho al voto, al trabajo, al aborto, al divorcio... en protesta por unas pésimas condiciones de trabajo, por unos sueldos ínfimos, por la discriminación ante la ley, y contra las dictaduras militares, el fascismo y la guerra.
La lucha de las mujeres es parte de la lucha por desterrar de una vez por todas las injusticias de este sistema, que condena al hambre y la pobreza a una de cada cuatro personas en el mundo, que extiende la desigualdad social, el racismo y las guerras, sólo en beneficio de unos pocos.
Cuando desde el pensamiento único dominante se intenta desnaturalizar y asimilar a los movimientos sociales alternativos, es importante dejar claro que el 8 de Marzo es una jornada reivindicativa de las mujeres que tienen que ganarse el sustento cada día, de las amas de casa que llevan el peso de toda una familia, de las mujeres del tercer mundo que son víctimas de guerras, hambre, violaciones y torturas.
A pesar de los logros conseguidos en las últimas décadas, sería reaccionario pensar que a la mujer no le queda nada por lo que luchar.
Según las últimas encuestas de población activa, cada vez el desempleo aumenta más para las mujeres que para los hombres. Dos tercios de todo el trabajo en el Estado español no están remunerados, y un 80% del mismo lo desarrollan las mujeres: todavía no se ha logrado que el trabajo del hogar -jornadas de más de ocho horas para la mayoría de las mujeres- sea considerado un trabajo y, por tanto, remunerado. Para este trabajo no hay vacaciones, ni puentes, ni fines de semana y muchas mujeres lo compatibilizan con el trabajo fuera de casa. El resultado es que la jornada real de trabajo de la mujer (567 horas/semana) es casi el doble que la del hombre (3643 horas).
Datos recientes sitúan el desempleo femenino en el 24% frente al 12% del desempleo en los hombres. Siempre ha sido más difícil para la mujer encontrar empleo: su posible baja maternal, el tener que llevar adelante, en muchos casos, un hogar familiar, ... la convierten a los ojos de los empresarios en un trabajador conflictivo; no importa que según datos de la Seguridad Social las mujeres registran muchas menos bajas laborales que los hombres. El tópico está ahí y se refleja en que el número de contratos realizados a mujeres es siempre muy inferior al de los hombres.
Una vez conseguido el trabajo, no acaba la discriminación. Las mujeres perciben un salario medio inferior a un 25% al que reciben los hombres. Esta discriminación, que permanece inalterable hace años, se produce en todos los sectores de actividad y en todas las categorías profesionales, y tiene su origen principalmente en la desigual valoración del trabajo en la aplicación de los sistemas de clasificación profesional.
Además de los problemas laborales, todavía quedan batallas sociales por ganar:
- El derecho al aborto libre y gratuito: todavía no hay completa libertad.
- La lucha por la humanización de la mujer en los medios de comunicación: no sólo somos cuerpos, somos seres humanos, igual que los hombres.
- La desigualdad en el lenguaje: la mujer desaparece de la historia en frases como los franceses consiguieron derrocar al sangriento dictador. ¿Y las francesas?
- Tenemos que conseguir verdaderas condenas ejemplares en casos de violencia doméstica, abusos y acoso sexual y reivindicar medidas contra los jueces que no las apliquen.
Las mujeres trabajadoras tenemos que luchar por un feminismo de clase, de izquierdas. Las mujeres ricas no mueren intentando dar a luz, no necesitan guarderías gratuitas porque les sobra el dinero, y tampoco tienen porqué preocuparse de compatibilizar la casa y el trabajo, ya que muchas de ellas ni siquiera tienen que trabajar para vivir y poseen recursos suficientes para contratar un servicio doméstico.
Tenemos que tener claro que la división de la sociedad en
clases y naciones y el dominio de la economía mundial por los
grandes consorcios multinacionales privados es la causa del
sufrimiento de la mayoría de la población.
Los problemas de la mayoría de las mujeres, la opresión que
sufrimos, toda esta discriminación es parte de la opresión de
la clase privilegiada sobre la clase trabajadora, opresión que
se manifiesta más agudamente en ciertos grupos dependiendo de su
sexo, color de la piel, nacionalidad, etc
El capitalismo y el sistema de clases son la causa común de toda la injusticia, opresión y desigualdad dentro de la sociedad. Uno de los pilares fundamentales de este sistema es precisamente la división entre los distintos grupos oprimidos dentro de la clase trabajadora (mujeres-hombres, parados-empleados, inmigrantes-nativos, jóvenes-mayores ).
Usando la táctica del divide y vencerás consiguen que nos enfrentemos unos a otros para que no nos demos cuenta de que este sistema es el verdadero culpable. Por ello, la lucha de las mujeres por su emancipación es una lucha anticapitalista, una lucha contra el sistema patriarcal, una lucha por el socialismo.
AÚN
QUEDA MUCHO POR HACER
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8 DE MARZO DE
1913
El día de la
mujer
¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.
El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenías grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.
Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido
El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?
La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.
Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.
Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida
Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.
En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan
contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está
separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día
de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias
y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y
sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la
diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y
las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.
¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las
mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la
sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y
hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas?
Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de
la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es
hombre o mujer.
Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.
Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.
Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.
Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.
Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de
la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la
emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la
celebración del Día de la Mujer.
Alexandra Kollontai fue una de las
principales figuras del feminismo revolucionario. Formó parte
del primer Gobierno bolchevique, con Lenin y Trotsky y escribió
numerosos trabajos sobre la mujer, entre los que destacamos: Los
fundamentos sociales de la cuestión femenina (1909), La
sociedad y la maternidad (1921) y Autobiografía
de una mujer sexualmente emancipada (1926) El presente
artículo fue publicado el 17 de febrero de 1913 en el nº 40 de
«Pravda». Texto traducido del inglés por Diana
Morales.
EL
SIGNIFICADO DEL 8 DE MARZO
No es el día
de Isabel Preysler
En esta sociedad tarde o temprano todo se convierte en negocio.
Las ideas más altruistas, hermosas y gratificantes del ser humano pueden llegar a convertirse en fructíferas fuentes de dinero si una gran empresa anda de por medio.
Eso ocurre también con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que ha pasado a ser simplemente el Día de la Mujer. De ser una jornada reivindicativa pasa a ser, santificado por los medios de comunicación, un día para que los maridos les regalen flores a sus mujeres cuando éstas les planchen las camisas o les recojan la mesa después del almuerzo.
La primera tarea de aquellas mujeres que luchamos por un mundo mejor y más justo es, por lo tanto, la reivindicación del 8 de marzo como una jornada de lucha. No olvidemos que un 8 de marzo de 1917, las obreras del barrio obrero de Viborg (San Petesburgo) con sus huelgas y manifestaciones dieron comienzo a la revolución rusa. De este acontecimiento proviene la celebración del 8 de marzo. Antes, el día de las mujeres no tuvo una fecha fija.
El 8 de Marzo no es el día de Isabel Preysler, ni de las hermanas Koplovitz, ni de la Infanta Elena. Ninguna de ellas tiene que hacerle la cama a sus hijos o a su marido, ni tienen que realizar las tareas domésticas cuando vuelven del trabajo, ni tienen que quedarse a cuidar de sus parientes enfermos o mayores: Para eso están sus criadas. No van a tener problemas para encontrar un trabajo, ya que no les hace falta: tienen dinero de sobra, tienen bancos, tierras, propiedades que las enriquecerán mientras vivan.
No son suyos los problemas de la mujer trabajadora.
Aunque todas seamos mujeres, son muchas más las diferencias que nos separan de las mujeres capitalistas, que las cosas que nos unen.
Esto, que parece una obviedad, es algo muy importante: la lucha de las mujeres por conseguir una igualdad, necesariamente ha de estar unida a la lucha de la clase trabajadora -hombres y mujeres- por conseguir un mundo igualitario.
¿Qué igualdad es esa que vamos a conseguir en esta sociedad, por mucho que luchemos? ¿La igualdad de boquilla de la que nos habla la ley, pero que jamás se materializa? La Constitución dice que todos tenemos derecho a un trabajo, mientras el paro y la precariedad laboral están a la orden del día. La Declaración de Derechos Humanos nos dice que todo ser humano tiene derecho a elegir lugar de residencia, independientemente de su raza o país de procedencia. Y decenas de inmigrantes mueren cada mes porque no les dejan atravesar nuestras fronteras para buscar trabajo.
Las 254 personas más ricas del mundo tienen un patrimonio igual a los 2.500 millones de seres humanos más pobres, el 45% de la población mundial. ¿Hay mayor desigualdad que ésa?
Este es un mundo de ricos y de pobres. De ricos cada vez más ricos y de pobres cada vez más pobres, de leyes que sirven y protegen a los primeros y encierran a los segundos diez años en la cárcel por robar 5.000 ptas. Un mundo que, precisamente, se basa en las diferencias entre los seres humanos, en los privilegios de unos pocos, jamás podrá haber igualdad para todos.
Las mujeres trabajadoras tenemos que estar unidas y tenemos que luchar por nuestros derechos completos: derecho al aborto, al divorcio -en aquellos países donde no lo hay- a un sueldo para las trabajadoras del hogar, etc. Del mismo modo que los trabajadores -hombres y mujeres- se manifiestan y luchan por la jornada semanal de 35 horas o por rebajar el derecho a la pensión a los 60 años. Pero todas esas luchas no son más que pasos, eslabones de la verdadera lucha, una lucha por cambiar el mundo y convertirlo en un lugar en el que todos, hombres o mujeres, inmigrantes, católicos, ateos, homosexuales, cada persona pueda desarrollarse libremente y completamente como ser humano, con verdadera igualdad de derechos y oportunidades.
Diana Morales,
filóloga y escritora, fue presidenta de Jóvenes contra el
Racismo y la pobreza en Europa (JRE) y cofundadora de Izquierda
Revolucionaria.
CÓMO
EL SISTEMA POTENCIA LA ANOREXIA
Mujeres en
guerra consigo mismas
Muchos historiadores coinciden en señalar la revolución femenina como uno de los grandes avances del siglo XX. Se afirma, con razón, que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha dislocado en parte las bases del sistema patriarcal que tradicionalmente alejaba a la mujer del proceso productivo y la relegaba a un exclusivo papel de reproducción y educación de las nuevas generaciones de trabajadores. Esta función de reproducción se realizaba en el marco de la familia. De ahí que la división del trabajo haya encerrado a la mujer durante siglos en el estrecho contorno de las cuatro paredes del hogar.
Este modelo, consustancial con el capitalismo, está empezando a hacer aguas. La incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo conlleva cambios en la relación familiar y en la misma concepción de familia, surgiendo nuevos modelos parentales. Asimismo, determina una nueva forma de ver el sexo como disfrute y gozo y no exclusivamente como medio para la procreación. La emancipación económica que proporciona el trabajo le permite afrontar su propia vida con más seguridad, confianza y libertad, sin dependencias externas.
Sin embargo, cada vez que las mujeres experimentan avances sociales, tienen que afrontar también retrocesos importantes. La mujer de hoy se ve asaltada diariamente por una dañina presión sociocultural y estética que potencia un ideal de belleza escuálida e irreal, en favor de los llamados cuerpos diez.
La estrategia mediática consiste en un continuo bombardeo realizado en dos etapas sucesivas y continuas. En un primer nivel, se trata de fomentar, mediante los concursos de misses, las pasarelas de modas, etc, un modelo de mujer extremadamente delgada que se asocia al ideal de belleza femenina. En una segunda etapa, mediante la publicidad, se ofrece a la mujer insatisfecha consigo misma la posibilidad de parecerse a ese modelo de belleza establecido mediante un pequeño desembolso económico.
El resultado de este proceso es doble: en primer lugar, millones de mujeres mantienen un odio a su propio cuerpo y una obsesión por la imagen, lo que crea inseguridad y falta de confianza; en segundo lugar, conforme aumenta esta obsesión se disparan los sacrosantos beneficios de la industria cosmética y quirúrgica de la belleza.
Para lograr ese ideal de mujer diez potenciado por esta macabra industria de la belleza, muchas mujeres se someten a regímenes de adelgazamiento basados en dietas de hambre y píldoras dietéticas, absolutamente nefastos para la salud. Cuando es evidente el fracaso de los mismos se recurre a operaciones de estiramiento de piel, liposucciones, tratamiento con láser, etc Todo vale con tal de paliar los disgustos que da la báscula o el pavor al verano con la celulitis al aire libre.
En definitiva, el sistema contrarresta las conquistas de la mujer con una nueva y moderna esclavitud de la imagen, donde se hace dinero con nuestros cuerpos gracias a los complejos que este entramado industrial logra desarrollar en las mujeres, al definir como feo o como enfermedad algo que es constitutivo de nuestros cuerpos sanos, convirtiéndolo en fuente de sufrimiento y de tortura; en objeto de consumo y lucha sin fin contra nosotras mismas.
Muchas trabajadoras gastan una considerable parte de sus ingresos en las necesidades artificiales creadas por la publicidad de la imagen. No es que estén locas; simplemente siguen las normas escritas y no escritas de las exigencias sociales y laborales. Contrariamente a la creencia popular, las mujeres no están genéticamente predispuestas a este comportamiento. En las últimas décadas, a la vez que la mujer se introducía en el mundo laboral y se organizaba, también tenían que enfrentarse con la dictadura del culto a la imagen.
Se necesitan muchos billones de pesetas para sacar publicidad, revistas de moda y todo el lavado de cerebro necesario para convencer a las mujeres de que están en guerra consigo mismas. La propaganda comienza cuando la mujer es muy joven. Mantener el odio al propio cuerpo y la obsesión con la imagen proporciona enormes beneficios, a la vez que inocula en las mujeres una enorme desconfianza en sí mismas que contrarrestar su espíritu de lucha. Los estudios sociológicos sobre esta cultura de la delgadez han demostrado que las chicas jóvenes son especialmente sensibles a los modelos sociales establecidos. En una encuesta reciente realizada en el Reino Unido, sobre 30.000 jóvenes de entre 9 y 16 años, sólo un tercio de las chicas estaban conformes con su peso. Más del 60% quería adelgazar.
Recientes estudios han evaluado el papel que desempeñan diversos factores en el desarrollo de los desórdenes alimentarios. La disconformidad con la imagen corporal (peso, tamaño y forma) es uno de los principales precursores de los trastornos alimentarios. Además, otros factores sociales, socioculturales y del desarrollo pueden jugar un papel importante. Por ejemplo, factores relacionados con los medios de comunicación como la exposición e interiorización de imágenes idealizadas puede contribuir a no estar a gusto con el propio cuerpo y a enfermedades relacionadas con la alimentación (anorexia nerviosa, bulimia, etc)
También, la reacción social negativa que se burla de la apariencia de las personas, puede favorecer el desarrollo de disfunciones relacionadas con la imagen corporal y los desórdenes alimentarios.
La moda dominante impone un prototipo femenino que no se corresponde con el modelo natural y anatómico de la mayoría de las mujeres. Esto está ocasionando problemas de salud en muchas mujeres. Se estima que la anorexia afecta al 1% de las jóvenes de entre 12 y 30 años (en los varones la proporción es 10 veces menor), y en el caso de la bulimia esta cifra se multiplica por cuatro. Una de cada cinco adolescentes está en situación de riesgo de padecer anorexia, mientras que el 30% de las personas que la sufren no llegan a superarla. Es la paradoja: mientras millones de personas mueren en todo el mundo por no tener nada que echarse a la boca, otras tantas mueren en vida por un odio tenaz a la comida (muchas veces, causado por miedos más profundos).
Vivir a gusto con el propio cuerpo es difícil, sobre todo, en edades tempranas, debido al martilleo publicitario que sufrimos diariamente. No obstante, las mujeres tendremos que definir nuevos conceptos de belleza que nos liberen de las imposiciones de la moda y la publicidad, asumiendo una actitud crítica y de rechazo hacia toda acción que tienda a descalificar nuestro cuerpo.
Las mujeres tendremos que romper el pensamiento único que promueve esa industria que explota nuestra inseguridad, exigiendo diversidad de modelos femeninos en la publicidad (delgadas y más rellenitas) y promoviendo una alimentación saludable, sin vincularla a los estereotipos de belleza física.
Juana Álvarez, militante trotskista desde los 15 años, fue cofundadora de Izquierda Revolucionaria.
Extraído de: http://www.marxismo.org/mujer.htm
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