CULTIVOS DE GUERRILLA
© José T. Gállego
Este verano visitamos en un par de ocasiones el cultivo de
guerrilla de Daniel, un cannabicultor que planta en una zona
montañosa del norte de Cataluña. Desde hace tres años,
aprovecha el viejo huerto cubierto de zarzas de una casa
abandonada en un paraje aislado y montañoso para cultivar
cannabis.
En enero de 1999 Daniel descubrió esta casa mientras paseaba por
la montaña, en una zona relativamente alejada de cualquier
pueblo. Mientras se fumaba un porro de la hierba que aquel año
había cultivado en su terraza miraba las paredes que aún
quedaban en pie y lleno de zarzas el lugar donde había estado el
huerto y pensaba en cómo habría sido la vida en aquella casa,
con los campos sembrados y el huerto repleto. De repente se le
ocurrió volver a cultivar el huerto, pero con maría, claro. Ya
se veía, paseando entre un mar de cogollos listos para la
cosecha.
Volvió a su casa optimista y dispuesto a planificarlo todo bien.
Tenía que tener en cuenta muchos factores: tierra, agua,
abonos... Y todo tenía que estar listo cuanto antes para poder
sembrar en primavera.
Los inicios
Durante las siguientes semanas, Daniel se dedicó con entusiasmo
a la tarea, ventajas de estar en el paro, bromea.
Limpió de zarzas un trozo del huerto y arrancó todas las malas
hierbas. Después cavó los agujeros de plantación y los llenó
de buena mezcla. El resultado es un huerto de guerrilla que
resulta invisible desde cualquier punto salvo que estés a menos
de dos metros de él.
Aquel verano fue el más duro de su vida, me levantaba a
las cinco para poder ir a regar las plantas antes de ir al curro
que al final conseguí. Hice los agujeros muy pequeños y había
que regar cada dos días. Fue tremendo. Descubrió la
necesidad del agua, cuanto más líquido tienen disponible, más
crecen y mejores cogollos producen. Cavando grandes agujeros y
llenándolos de una mezcla buena de tierra conseguiremos que el
agua de riego se conserve y aproveche mucho mejor. Las plantas
pueden desarrollar un sistema profundo de raíces que las
sostienen y mantienen bien hidratadas, incluso en los días de
viento.
El año siguiente mejoró su técnica y tuvo menos quebraderos de
cabeza aunque siempre pasa algo, Planté en abril y cayó
una helada tardía que las mató a todas, tuve que conseguir
nuevas semillas y germinar a toda prisa. Al final salió
bien pero aprendió que plantar pronto tiene ventajas e
inconvenientes. Si la primavera es suave y las plantitas se
desarrollan correctamente tendrán unas semanas más de
crecimiento y se harán más grandes. Sin embargo, si caen
heladas tardías la mayoría puede morir y habrá que hacer
plantel de nuevo.
Preparación del terreno
Daniel comienza a preparar la plantación en marzo. Aprovechando
que hace bastante frío y la gente no sale demasiado al campo, se
dedica a cavar los agujeros donde meterá la tierra mejorada.
Durante todo el mes hace agujeros grandes de sesenta o setenta
centímetros de profundidad y de diámetro. La experiencia le ha
enseñado que el tamaño del agujero es directamente proporcional
a la producción de la cosecha.
Para llenar los agujeros prepara una mezcla con un cincuenta por
ciento de la tierra que ha sacado del agujero, un treinta por
ciento de turba, diez por ciento de humus de lombriz y el diez
por ciento restante de perlita. Esta mezcla aguanta bastante
humedad sin permanecer encharcada aunque resulta un poco pobre en
nutrientes. Para compensarlo, Daniel mezcla un puñado de abono
granulado Flora Nid de lenta disolución en la tierra. Cuando los
agujeros están rellenos los cubre y disimula con hojas secas
para que nadie los vea, pese a que cultiva en un lugar bien
escondido.
El transplante
A partir de mayo va transplantando a los agujeros las plantitas
que germina y crece durante las primeras semanas en su casa.
Daniel cuenta que preferiría transplantar directamente plantas
hembra pero no tiene ningún sitio donde mantenerlas creciendo
hasta que en junio o julio muestren su sexo así que hace todo el
crecimiento en el monte.
Suelo escoger un día soleado y cálido para transplantar y
lo hago por la mañana, para que las plantas tengan todo el día
para empezar a adaptarse a su nuevo entorno. La mayoría de las
plantas aguantan bien pero siempre hay alguna que se muere, sea
por el frío, los bichos o lo que sea. Antes de plantarla quito
las malas hierbas que han salido y muevo un poco la tierra con
una azada. Luego la planto con cuidado y le doy un buen riego. A
veces las protejo con una tela de malla de gallinero. Sobre todo
contra los conejos que se comen un plantel en diez minutos.
Contra los caracoles echo un cebo en forma de bolitas que va muy
bien.
Después de plantarlas construye con sus manos un alcorque
alrededor del tallo para poder regar las plantas fácilmente.
Así, cuando llueve, el agua empapa bien la tierra en torno a la
planta. Muchas plantas requieren un tutor para guiar su
crecimiento y evitar que la lluvia o el viento puedan tumbarla.
Desde que las plantas están en el suelo Daniel las abona cada
dos semanas con un fertilizante líquido y las riega cada semana
con el agua de lluvia que recoge en un bidón de plástico que ha
colocado junto al tejado de la casa abandonada. Normalmente, el
agua de lluvia resulta suficiente hasta mediados de junio. Desde
ese momento necesita acarrear consigo garrafas de agua cada vez
que va hasta el cultivo. Tiene suerte de que el huerto no esté
demasiado lejos del lugar donde puede dejar el coche si no fuera
por eso el trabajo sea agotador.
Crecimiento
Las plantas crecen con rapidez hasta mediados de julio
aproximadamente, cuando empiezan a florecer. Durante esos meses,
Daniel se encarga de ir atando las ramas de las plantas para
mantenerlas firmes y limitar su altura. De este modo logra
cosechar plantas bajas pero muy densas y extendidas. El
año pasado tuve una sativa que llegó a cubrir una zona de más
de diez metros cuadrados ella sola, lástima que no hice
fotos. Las plantas de Daniel no suelen pasar de 15 a
2 metros de altura para que no se vean desde lejos.
De vez en cuando arranca las malas hierbas que han crecido en
torno a las plantas para que no les hagan competencia o les roben
alimento. También rastrilla la superficie de la tierra lo que
elimina malas hierbas y logra una mayor aireación de las
raíces.
Durante los meses en que las plantas van creciendo Daniel va a la
plantación lo menos posible. Cuantas más veces vaya,
mayor será la probabilidad de que me encuentre a alguien por el
camino, algo que no interesa lo más mínimo si llevas en coche
cincuenta o cien litros de agua en garrafas. Con un viaje al
huerto cada semana es suficiente para mantener todo en orden y
minimizar el riesgo.
Lo que sí hace siempre, insiste, es revisar las plantas de
arriba abajo en busca de plagas. Me he dado cuenta de que
es bastante fácil acabar con una plaga cuando la pillas al
principio. Pero cuando no te das cuenta y empieza a crecer, ya
hay bien poco que puedas hacer, la planta nunca llegará a ser lo
que podría haber sido. Y luego te pasas el invierno diciendo, si
me hubiera fijado a tiempo en aquella plaga, ahora tendría
hierba y en lugar de eso estoy fumando hojarasca.
Floración
Desde finales de julio hasta octubre las plantas florecen y
producen la gran mayoría del THC. En este periodo, los cuidados
se intensifican. Sigo subiendo una vez por semana solamente
porque no me quiero arriesgar más pero pasó más tiempo en el
huerto. Inspecciono los cogollos en busca de bichos,
especialmente gusanos y daños por moho. Continuo atando ramas
conforme los cogollos ganan peso y voy arrancando las hojas que
amarillean Daniel me explica que arranca las hojas
amarillas para que no se las lleve el viento al secarse y se
esparzan por la zona. Soy un poco paranoico, lo sé, pero
me quedo más tranquilo si no hay hojas de cannabis volando por
esta zona. No es una especie que se encuentre silvestre en estas
montañas.
En floración es aún más importante fertilizar las plantas.
Durante las primeras semanas de floración, les doy abono
de floración y de crecimiento a la vez. Así las plantas crecen
más. A mediados de floración paro de dar abono de crecimiento y
riego con el de floración más PK 13.14 que contiene fósforo y
potasio. Hay que tener cuidado con los abonos de floración
porque es fácil quemar las plantas. Un día abonas y al día
siguiente te encuentras todos los estigmas quemados y marchitos.
El cogollo se queda parado durante semanas y con suerte hace la
mitad de lo que podría haber hecho. Y los cogollos
sobrefertilizados saben a guerra química, por lo menos.
Cosecha
La recogida de los frutos de la cosecha es el momento más
delicado de todos. Hay que reconocer el momento idóneo, cuando
las plantas tienen el máximo nivel de THC pero antes de que las
inclemencias del tiempo, las plagas y la propia madurez de la
planta empiecen a descomponer cannabinoides. Nuestro cultivador
nos confiesa que no sigue ninguna regla especial para decidir
cuando cosechar. Lo hago a ojo. Si los estigmas están
bastante marchitos la recojo, a no ser que crea que puede
aguantar y mejorar durante unos días más, entonces la
dejo. Este año coseché todo entre la primera y la tercera
semanas de octubre pero esto es demasiado tarde para mi gusto.
Planté Widow, Early Skunk y La Niña. Aunque fueron bastante
bien quiero buscar variedades más rápidas que funcionen mejor
en exterior. Creo que un híbrido entre una variedad afgana y una
skunk puede ser lo más adecuado. Tal vez pruebe Big Bud o Super
Skunk el año que viene, siempre es bueno volver a los clásicos,
o una Medicine Man, con ese pelotazo que tiene.
Daniel arranca las hojas más grandes de la planta antes de
empezar a cosechar para facilitar la labor. Luego va cortando las
ramas de la planta en trozos de cincuenta o sesenta centímetros
que caben bien en una gran mochila de excursionista que usa para
estas ocasiones. Cuando la mochila está a tope para de cosechar.
Nunca lleva la hierba recién cosechada a la vista. Recoge todas
las hojas, tallos y demás restos incriminatorios y se va
directamente a su casa. Una vez allí acaba de manicurar los
cogollos cortando todas las hojas sin resina y los pone a secar
colgados de un tendedero.
Durante un par de semanas tiene mucho trabajo pero sabe que si lo
hace a conciencia, tendrá hierba para fumar todo el año, y muy
buena. Una vez se ha secado la hierba, la guarda en bolsas de
plástico dentro de cajas de cartón. Como en su casa la humedad
es bastante baja, nunca tiene problemas de moho en la hierba
almacenada.
Lo mejor del cultivo de guerrilla es que es divertido,
emocionante y gratis. Puedes buscar lugares de gran belleza para
plantar con lo que tu maría tendrá una especial energía. Como
no plantas en tu propiedad, nadie sabe que el cultivo es tuyo
salvo que te pillen con las manos en la masa y eso es fácil de
evitar si tomas precauciones. Yo me llevo siempre a mi perro que
ladra en cuanto alguien se acerca a menos de doscientos metros
del huerto. En las contadas ocasiones en que ocurre algo así me
escabullo silenciosamente y me pongo a pasear con mi perro hasta
que desaparecen los visitantes. Con un poco de cabeza y
trabajándoselo es fácil cosechar maría para fumar toda el año
y dejarse de hachís malo.
Después de hablar con varios cultivadores de guerrilla parece
que el principal inconveniente al que todos se enfrentan es el
riego. En este país no llueve demasiado, salvo en la franja del
Cantábrico y en algunas zonas de montaña. Esto hace que las
plantas de maría difícilmente puedan sobrevivir en los meses
más calurosos de año, cuando no cae ni una gota de lluvia, sin
la ayuda del riego. Pero no es lo mismo regar el jardín de casa
que un cultivo escondido en las montañas. Para solucionar este
problema los cultivadores han aguzado el ingenio y desarrollado
diversos sistemas.
Hay sistemas para recoger el agua de riego en depósitos y usarla
para regar pero en España esto sólo será útil si contamos con
un depósito muy grande ya que en primavera tendremos que recoger
agua para todo el verano. Si no tenemos una fuente cerca ni
podemos recoger agua de lluvia tendremos que llevarla. Un viejo
cultivador me contó que llevaba en su furgoneta cuatro bidones
de cincuenta litros llenos de agua y por medio de una pequeña
bomba de agua eléctrica que conectaba al mechero del coche
regaba con una manguera las plantas. Tenía poca presión y
tardaba bastante en regar pero evitaba cargar con el agua.
Gran parte del agua de riego se perderá a causa de la
evaporación a no ser que hagamos algo por evitarlo. Uno de los
trucos más sencillos consiste en cubrir la tierra alrededor de
la planta con un plástico. Lógicamente, hay que levantar el
plástico antes de regar y luego volverlo a poner. El plástico
reduce mucho la evaporación. Este sistema se puede completar con
otro plástico colocado en el fondo del agujero de plantación
antes de echar la mezcla de tierra. Evitará que el agua de riego
se filtre hasta capas profundas del suelo adonde no llegan las
raíces.
El riego por goteo o por manguera porosa enterrada consume hasta
un setenta por ciento menos de agua que el riego tradicional. Con
estos sistemas se reduce enormemente la evaporación y la perdida
de agua alrededor de la planta. El riego por goteo combinado con
la plantación en un lugar resguardado del viento puede permitir
vivir al cannabis con la tercera parte del agua que necesitaría
si la regásemos por inundación y la plantáramos en una ladera
expuesta al viento.
La receta del éxito
Buscar un lugar adecuado y camuflarlo bien. Cavar grandes hoyos
de plantación, poner un plástico en el fondo y rellenarlos con
buena tierra abonada. Transplantar las plantas cuando sepamos su
sexo y regarlas bien, cubrir la tierra con plástico. Instalar un
sistema de riego por goteo con un depósito y abonar
periódicamente. Vigilar las plagas y cosechar en el momento
preciso. Llevar las plantas a casa discretamente, manicurar y
secar. Disfrutar.
Extraído de:
Ostia en la Boca-LiberAcción