Poesías de Dulce María Loynaz

(1902 - 1997)

DESPRENDIMIENTO

Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago...
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla...
Dulzura de sentirse limpio de toda cosa.
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando en silencio...En silencio,
¡Dios mío!...

AMOR ES...

Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan...
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas dulces....
Amar lo amable, no es amor:

Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega
que perdió el rumbo de la luz,
aprisionada por su tierra,
vencida por su misma tierra...

Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
Amor es ser camino y ser escala !
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien adentro...

Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen...
La esperanza de la estrella !...

Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
y lo que es más que perdonar,
es comprender...
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar ...

Amor es resucitar !

DESEO

Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.
Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...

POEMA SIN NOMBRE

He de amoldarme a ti como el río a su cauce,
como el mar a su playa, como la espada a su vaina.
He de correr en ti,
he de cantar en ti,
he de guardarme en ti ya para siempre.
Fuera de ti ha de sobrarme el mundo
como le sobra al río el aire, al mar la tierra,
a la espada la mesa del convite.
Dentro de ti no ha de faltarme
blandura de limo para mi corriente,
perfil de viento para mis olas,
ceñidura y reposo para mi acero.
Dentro de ti está todo; fuera de ti no hay nada.
Todo lo que eres tú está en su puesto;
todo lo que no seas tú me ha de ser vano.
En ti quepo, estoy hecha a tu medida;
pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco...
Si fuera en mí donde algo sobra, lo corto.

ETERNIDAD

En mi jardín hay rosas
yo no te quiero dar
las rosas que mañana...
mañana no tendrás.

En mi jardín hay pájaros
con cantos de cristal:
No te los doy, que tienen
alas para volar...

En mi jardín abejas
labran fino panal
Dulzura de un minuto...
no te la quiero dar!

Para ti lo infinito
o nada; lo inmortal
o esta muda tristeza
que no comprenderás...

La tristeza sin nombre
de no tener que dar
o quien lleva en la frente
algo de eternidad...

Deja, deja el jardín...
no toques el rosal:
Las cosas que se mueren
no se deben tocar.


LA DUDA

Era buena la Vida:
Había rosas.
Unos minutos antes me había sonreído un niño...
Pasó volando y me rozó la frente.


No sé por dónde vino
ni por dónde se perdió luego pálida y ligera...
No recuerdo la fecha.
No sabría decir de qué color era ni de qué forma;
no sabría, de veras, decir nada.

Pasó volando... Había muchas rosas...
Y era buena la Vida todavía...

EL CÁNTARO AZUL

Al atardecer iré
con mi cántaro azul al río,
para recoger la última
sombra del paisaje mío.

Al atardecer el agua
lo reflejará muy vago;
con claridades de cielo
y claridades de lago...

Por última vez el agua
reflejará mi paisaje.
La cogeré suavemente
como quien coge un encaje...

Serán al atardecer
más lejanas estas cosas...
Más lejanas y más dulces,
más dulces y más borrosas.

Después... ¡Que venga la noche!
Que ya lo tenue del sueño
-de sueño olvidado-
lo delicado, gris, sedeño
de tela antigua... y lo fino,
lo transparente de tul...
¡Serán un solo temblor
dentro del cántaro azul!


SI DICES UNA PALABRA MÁS...

Si dices una palabra más,
me moriré de tu voz,
que ya me está hincando el pecho,
que puede traspasarme el pecho
como una aguda, larga, exquisita espada.

Si dices una palabra más
con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte;
con esa voz que es como una cosa tangible
que yo podría acariciar, estrujar, morder;
si dices una palabra más
con esa voz que me pones de punta en el pecho,
yo caería atravesada, muerta
por una espada invisible,
dueña del camino más recto a mi corazón

 

Isla

Rodeada de mar por todas partes,
soy isla asida al tallo de los vientos...
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
puedo volar o hundirme... Puedo a veces,
morder mi cola en signo de infinito.
Soy tierra desgajándose... Hay momentos
en que el agua me ciega y me acobarda
en que el agua es la muerte donde floto...
Pero ahora a mareas y ciclones,
hinco en el mar raíz de pecho roto.
Crezco del mar y muero de él... Me alzo,
¡para volverme en nudos desatados!...
¡Me come un mar batido por las olas
de arcángeles sin cielo, naufragados!


ABRAZO

Hoy he sentido el río entero
en mis brazos...
                            Lo he sentido
en mis brazos, trémulo... Vivo
como el cuerpo de un hombre verde...
Esta mañana el río ha sido
mio: Lo levanté del viejo
cauce. ¡Y me lo eché en el pecho!
Pesaba el río... Palpitaba
el río adolorido del
desgarramiento... -¡Fiebre mía
delagua!...-.
                            ¡Me dejó en la boca
un sabor amargo de amor y muerte!

POEMA CI

La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
  criatura distinta. Más leve, más sutil,
  más sensitiva.
Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
  deja un hueco en el viento; si es niño, juega
  a veces con un petrel, con una nube...
La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
  rodea y al que no la rodea.
Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
  amansan en su pecho, duermen a su calor
  como palomas.
Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
  Las piedras de la isla parece que van a salir
  volando...
Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
  de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
  una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
  le estremece la yema de las alas...
Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
  fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
  lo menos tierra de la Tierra.

LECCIÓN OCTAVA
VANESSA 10
(MARIPOSA)


Escalas
de alas
en las salas
del Museo.

El deseo
de un hombre feo
robó a las diosas
las preciosas
mariposas.
Oscura
y dura
tortura:

(Un alfiler les clava la cintura
que bailara en el cáliz de una rosa.)


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