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Hoy
en día, y una vez más, Jesús sigue viniendo entre
los suyos y los suyos se resisten a darle acogida.
Viene en los cuerpos maltrechos de los pobres.
Viene incluso a través de los ricos sofocados por
sus propias riquezas.
Viene en la soledad de los corazones, cuando no
hay quien lo ame. Jesús viene
a ti y a mí.
A
menudo, demasiado a menudo, nosotros pasamos de
largo y no lo acogemos.
Si
no se vive para los demás, la vida carece de sentido.
No
nos quedemos parados aguardando a que los pobres
vengan por nosotros.
Salgamos, vayamos en su busca, como lo hizo María
una vez que se sintió llena de Jesús. Pero, de camino,
vayamos rezando.
Asistir
a los enfermos
Alguien me dijo en
cierta ocasión que ni por un millón de dólares se
atrevería a tocar a un leproso. Yo le contesté:
-Tampoco yo lo haría. Si fuese por dinero, ni siquiera
lo haría por dos millones de dólares. Sin embargo,
lo hago de buena gana, gratuitamente, por amor de
Dios
Amar
a Jesús
Una vez más, hoy como ayer, Jesús viene a los suyos
y los suyos no lo acogen (cfr. Jn. 1, 11). Viene
a los cuerpos rotos de los pobres. Viene igualmente
en los ricos que se ahogan en la soledad de sus
propias riquezas. Viene en los corazones solitarios,
cuando no hay quien les ofrezca un poco de amor.
Hay
miles -¡millones!- de personas que mueren por falta
de pan. Hay miles -¡millones!- de seres humanos
que crecen débiles por carencia de afecto, ya que
quisieran ser reconocidos, por lo menos un poco.
Jesús se vuelve débil y muere con ellos.
Confiar
en la Divina Providencia
En todo lo que se refiere a medios materiales, nosotras dependemos por
completo de la Divina Providencia.
Cuando abrimos nuestra primera casa en Nueva York, Su Eminencia el Cardenal-Arzobispo
Terence Cooke parecía muy preocupado por la provisión del mantenimiento
de las Hermanas y decidió asignar una cantidad mensual a este fin. (Puedo
asegurar que el cardenal Cooke nos quería mucho.)
No quería ofenderle, pero al mismo tiempo tenía que explicarle que nosotras
dependemos de la Divina Providencia, que jamás nos ha fallado. Al término
de la conversación tuve la impresión de que había dado con la respuesta
justa y le dije medio en broma: -Eminencia, ¿acaso piensa que va a ser
justamente en Nueva York donde Dios tenga que declararse en quiebra?.
Valorar
la familia
Me temo que no existe conciencia de lo importante
que es la familia. Si se instalase el amor en el
interior de la familia, el mundo cambiaría para
bien. La mujer ha sido creada para amar y ser amada.
La mujer es el centro de la familia. Si hoy existen
problemas graves, es porque la mujer ha abandonado
su lugar en el seno de la familia. Cuando el hijo
regresa a su casa, su madre no está allí para acogerlo.
Si hubiera más amor, más unidad, más paz y mayor
felicidad en la familia, no habría tantos alcohólicos
y drogadictos. El amor comienza por el hogar. Si
la familia vive en el amor, sus miembros esparcen
amor en su entorno.
Defender
la vida
Muy pobre es el país donde se tolera privar de la vida a un niño no nacido:
un niño creado a imagen de Dios, creado para vivir y para amar.
Su vida no está para ser destruida, sino para que viva, a pesar del egoísmo
de quienes temen la carencia de medios para alimentar y educar a un hijo
más.
Si los países ricos legalizan
el aborto, tales países se truecan realmente en
los más pobres del mundo. Algunos padres están llenos
de amor y de ternura hacia sus hijos. Recuerdo el
ejemplo de una madre que tenía doce hijos.
La más pequeña de todos, que era niña, estaba afecta
a una profunda minusvalía. Me resulta difícil describir
su aspecto, tanto desde el punto de vista físico
como emocional. Cuando se me ocurrió brindarme a
acoger a la niña en uno de nuestros hogares, donde
teníamos otros en condiciones parecidas, la madre
prorrumpió en sollozos: -¡Por Dios, Madre Teresa,
no me diga eso!
Esta criatura es el mayor regalo que Dios ha hecho
a mi familia.Todo nuestro amor se centra a ella.
Si se la lleva, nuestras vidas carecerán de sentido.
¿Cómo
progresar?
Si no vivimos en la presencia de Dios, no avanzaremos.
Ser
santos
La santidad no es un lujo de unos pocos.
Es un deber de todos.
Mío y vuestro.
Lo que hay en nuestros corazones es lo que califica
nuestras vidas. Son santas todas las personas que
viven de acuerdo con la ley que Dios nos ha dado.
No es lícito llevar una doble vida.
No podemos decir al mismo tiempo quiero y no quiero:
quiero ser santo y no quiero serlo.
Ella
se despide
Yo nunca he sentido vergüenza de mirar al Crucifijo hasta un día en que
una joven mujer vino a nuestra casa con su hijo en brazos. Me dijo que
había llamado a la puerta de dos o tres conventos suplicando un poco de
leche para su hijo. Había oído que le contestaban: “¡Holgazana! ¡Váyase
a trabajar!” Cuando se llegó a nuestra casa, tomé al niño de sus brazos.
¡Se me murió en los míos! Sentí vergüenza de mirar al Crucifijo porque
Jesús nos ha dado tanto y nosotros no nos dignamos ni siquiera dar un
vaso de leche a un niño así.
Estoy
firmemente convencida de que cuando yo me vaya,
si Dios encuentra a una persona más ignorante e
inútil que yo, llevará a cabo cosas mayores por
su medio, porque quien las hace es Él.
- Agnes Gonxha Bojaxhiu (Inés en castellano, es su nombre de bautismo;
nació en Skopje, actual capital de la Ex-República Yugoslava de Macedonia)
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