Te hicieras de nuevo realidad, cuerpo presente, y tus alas caer�an
sobre la noche del mundo, sima sin fin, ladera abierta a la
indecisa confesi�n de la muerte.
Conociera yo entonces la verdad que esconde en tu carne su
misterio, viviera sobre el haz de esa negaci�n que inclina su
sonido hacia el tiempo, isla arrasada de maldad, tumba que as� se
oculta al sufrimiento.
Pero la muerte es verdad, es eterna, hila su tela sobre los rostros,
habla y renuncia a todas las tentaciones, guarda el secreto
goce de ser siempre una larva que se rodea de memoria.
  Y aqu� la esperaremos �de nuevo realidad, cuerpo presente-, mientras exhibe su victoria de harapos y, con las l�grimas
de los amantes que un d�a te conocieron, llora en su propio infierno.