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Bajo el tiempo y la ceniza
Con humildad, con ternura hicimos nuestro mundo, padre revelador, pasión de cada día, tú, desde la oscura habitación que el tiempo había despintado, como una gota creciendo en nuestro corazón al alba y en silencio, yo, apenas una sombra que se derrama a los pies de tu gigante, hermosa arquitectura. Pero te siento hoy como una lámpara que arde e ilumina el recuerdo de tan gloriosos años, y así, entre altos parajes, bajo el tiempo y la ceniza, mi memoria insiste en tocar tu corazón, la desventura que crece en el humo de las horas y me rodea con las alas inútiles de su eternidad vencida.
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