Oficio de los días
(1965)


Bajo el tiempo y la ceniza

Con humildad, con ternura hicimos nuestro mundo,
padre revelador, pasión de cada día,
tú, desde la oscura habitación que el tiempo
había despintado, como una gota creciendo
en nuestro corazón al alba y en silencio,
yo, apenas una sombra que se derrama a los pies
de tu gigante, hermosa arquitectura.
Pero te siento hoy como una lámpara que arde
e ilumina el recuerdo de tan gloriosos años,
y así, entre altos parajes, bajo el tiempo y la ceniza,
mi memoria insiste en tocar tu corazón, la desventura
que crece en el humo de las horas y me rodea
con las alas inútiles de su eternidad vencida.

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